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El libro de los mártires, de Jean Crespin

El libro de los mártires, de Jean Crespin

 El libro de los mártires, de Jean Crespin

EN 1546, catorce hombres de la ciudad de Meaux (Francia) fueron declarados culpables de herejía y condenados a ser quemados vivos. ¿Cuáles fueron sus delitos? Congregarse en casas particulares, orar, cantar salmos, celebrar la Última Cena y afirmar que jamás aceptarían las “idolatrías papistas”.

El día del suplicio, el teólogo católico François Picard cuestionó las creencias de los condenados sobre la Última Cena. Ellos replicaron con una pregunta acerca del dogma católico de la transustanciación, según el cual el pan y el vino utilizados en dicha celebración se convierten milagrosamente en la carne y la sangre de Jesús. “¿Sabe el pan a carne, o el vino a sangre?”, preguntaron.

Aunque el teólogo fue incapaz de responder, los catorce hombres fueron amarrados a estacas y quemados vivos. Aquellos a quienes no les habían cortado la lengua se pusieron a cantar salmos. Los sacerdotes presentes en la ejecución intentaron ahogar sus voces cantando más fuerte. Al día siguiente, en el mismo lugar, Picard declaró que los catorce estaban condenados a la pena eterna del infierno.

La Europa del siglo XVI era un lugar peligroso para los disidentes religiosos. Muchas personas que pusieron en tela de juicio los dogmas oficiales de la Iglesia padecieron horrores a manos de sus adversarios. Una de las fuentes donde se recogen tales padecimientos es Le Livre des martyrs (El libro de los mártires), de Jean Crespin, publicado en Ginebra (Suiza) en 1554, también conocido como Histoire des martyrs (Historia de los mártires). *

Un abogado abraza la Reforma

Crespin nació alrededor del año 1520 en Arrás, en el actual norte de Francia, y estudió Derecho en la ciudad belga de Lovaina. Es posible que fuera allí donde tuvo su primer contacto con las ideas de la Reforma. En 1541 se trasladó a París para trabajar como secretario de un célebre jurista. Por aquellas mismas fechas presenció en la Place Maubert de París la quema de Claude Le Painctre, quien había sido condenado por herejía. La fe de este joven orfebre —ejecutado por “anunciar la verdad a sus padres y amigos”, según palabras del propio Crespin— causó en su ánimo una impresión muy honda.

Por entonces empezó a ejercer de abogado en Arrás; sin embargo, poco tiempo después fue acusado de herejía debido a su nueva fe. Consiguió escapar a Estrasburgo (Francia) y después se estableció en Ginebra (Suiza), donde trabó amistad con varios simpatizantes de la Reforma. Entonces abandonó la abogacía y montó una imprenta.

 Crespin publicó las obras de reformadores religiosos como Juan Calvino, Martín Lutero, John Knox y Teodoro de Beza. También imprimió el Nuevo Testamento en griego y la Biblia completa —o en parte— en español, francés, inglés, italiano y latín. Su fama, sin embargo, se la debe a El libro de los mártires, donde da una lista de los nombres de muchas personas ejecutadas como herejes entre los años 1415 y 1554.

Por qué escribir un martirologio

La mayor parte de los escritos reformistas denunciaban la brutalidad de las jerarquías católicas e infundían ánimo en la gente, pues presentaban el “heroísmo” de los mártires protestantes como una continuación de los sufrimientos que padecieron los siervos de Dios del pasado, en especial los cristianos del siglo I. Con objeto de proporcionar a sus hermanos protestantes ejemplos que imitar, Crespin confeccionó un catálogo de las personas que dieron su vida por la fe. *

El libro de Crespin es una compilación de actas de juicios, procesos inquisitoriales, relatos de testigos oculares y testimonios escritos por los acusados mientras se hallaban en la cárcel. Incluye asimismo cartas de aliento dirigidas a los que estaban en prisión, algunas de las cuales están llenas de citas bíblicas. Crespin creía que la fe de estos acusados “era digna de memoria perpetua”.

Gran parte de la información doctrinal que trata en su libro se concentra en las conocidas disputas entre católicos y protestantes. Tanto los perseguidores como los perseguidos discutían, por ejemplo, sobre la veneración de imágenes, el purgatorio y las oraciones por los difuntos, sobre si era cierto que el sacrificio de Jesús se repetía durante la misa y sobre si el papa era el representante de Dios.

El libro de los mártires testimonia la controversia y la intolerancia que caracterizaron aquellos tiempos violentos. Aunque Crespin se centró en la persecución de la Iglesia Católica contra el protestantismo, no ha de olvidarse que, en ocasiones, los protestantes también persiguieron a los católicos casi con igual ferocidad.

Muy seguramente, muchos de los que padecieron y murieron en defensa de su fe en los días de Jean Crespin buscaban la verdad religiosa con toda sinceridad. A lo largo de la historia, la religión falsa se ha manchado con “la sangre de profetas y de santos y de todos los que han sido degollados en la tierra”. En efecto, la sangre de aquellos a quienes Dios reconoce como sus fieles mártires clama venganza (Revelación [Apocalipsis] 6:9, 10; 18:24).

[Notas]

^ párr. 5 La obra Le livre des martyrs, qui est un recueil de plusieurs martyrs qui ont enduré la mort pour le nom de notre Seigneur Jésus Christ, depuis Jean Hus jusqu’à cette année presente, MDLIIII (El libro de los mártires, que es una colección de relatos de mártires que soportaron la muerte por Nuestro Señor Jesucristo desde Jan Hus hasta el presente año, 1554) apareció en ediciones corregidas y aumentadas con diversos títulos y contenidos tanto en vida de su autor como después de su muerte.

^ párr. 11 Otros dos martirologios aparecieron en 1554, el mismo año en que Crespin publicó El libro de los mártires: uno en alemán, por Ludwig Rabus, y otro en latín, por John Foxe.

[Ilustración de la página 12]

Portada de El libro de los mártires, de Crespin (edición de 1564)

[Ilustración de la página 13]

Ejecución de protestantes ante el rey francés Enrique II y su corte

[Reconocimiento de la página 13]

Imágenes de ambas páginas: © Société de l’Histoire du Protestantisme Français (París)