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¿Debe preocuparnos cuánto sol tomamos?

¿Debe preocuparnos cuánto sol tomamos?

 ¿Debe preocuparnos cuánto sol tomamos?

“A medida que se acusa un mayor agotamiento de la capa de ozono y aumenta el hábito de tomar el sol entre la población de todo el mundo, el riesgo de desarrollar complicaciones para la salud por sobreexposición a las radiaciones UV [ultravioleta] se está convirtiendo en un problema importante de salud pública.” (DR. LEE JONG-WOOK, EX DIRECTOR GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD)

MARTIN, un nórdico de piel clara, se quedó dormido bajo su sombrilla en una playa de la costa italiana. Al despertarse, descubrió que la sombra se había desplazado y que ya no tenía las piernas blancas sino de un rojo intenso. Martin relata: “Tuve que ir a la sala de urgencias de un hospital. Mis piernas estaban entumecidas e hinchadas como dos salchichas, y pasé dos o tres días con unos dolores terribles. No podía ni mantenerme en pie ni doblar las piernas, y sentía la piel tan tirante que temía que se reventara”.

Mucha gente cree que las personas de piel clara, como Martin, son las únicas que deben preocuparse por cuánto sol toman. Es cierto que quienes tienen la piel más oscura cuentan con mayor protección contra las quemaduras solares; sin embargo, también enferman de cáncer de piel, y en su caso, este no suele detectarse hasta que alcanza una etapa peligrosa. Otros riesgos relacionados con la exposición excesiva a la luz solar incluyen daños en los ojos y en el sistema inmunológico, que a veces tardan varios años en manifestarse.

Por supuesto, el nivel de radiación ultravioleta (UV) suele ser mayor cuanto más cerca se está del ecuador. Por ello, tanto los habitantes de las zonas tropicales o subtropicales como quienes las visitan han de tomar más precauciones. Una razón para hacerlo es que en los últimos años se ha reducido el espesor de la capa de ozono que protege la atmósfera. A continuación veremos algunos de los posibles peligros de la exposición excesiva a la luz solar.

Daños en los ojos

En todo el mundo hay unos quince millones de personas que han perdido la vista por cataratas, la principal causa de ceguera. Las cataratas se forman cuando las proteínas que hay en la lente del ojo se fragmentan y acumulan pigmentos que opacan la lente. Esta enfermedad es uno de los efectos a largo plazo de la exposición a las radiaciones UV. De hecho, se calcula que hasta un 20% de los casos se originan o agravan por la exposición crónica al sol a lo largo de los años.

Tristemente, la zona denominada cinturón de cataratas, cercana al ecuador, incluye países en vías de desarrollo donde la mayoría de la población es pobre. Así que millones de personas de África, Asia, Centroamérica y Sudamérica están ciegas porque no se pueden costear la operación que les curaría las cataratas.

Daños en la piel

Una tercera parte del total de cánceres diagnosticados en el mundo afectan a la piel. Cada  año se producen 130.000 nuevos casos de melanoma, el tipo de cáncer de piel más peligroso, y de dos a tres millones de nuevos casos de otros cánceres cutáneos, como los carcinomas basocelulares y espinocelulares. Se calcula que 66.000 personas mueren anualmente por cáncer de piel. *

¿Cómo afecta la luz solar a la piel? El efecto agudo más común y conocido de la exposición excesiva al sol es el eritema, o enrojecimiento por quemadura. Sus consecuencias inmediatas, entre las que se incluyen ampollas y desprendimiento de la piel, pueden durar varios días.

Cuando se produce una quemadura solar, la radiación UV destruye la mayoría de las células de la capa cutánea externa y daña las capas más profundas. Cualquier cambio en el color de la piel provocado por la exposición al sol indica que ha habido lesiones. El cáncer aparece como consecuencia de daños en el ADN de los genes que controlan el crecimiento y la división de las células cutáneas. La luz del sol también altera la textura de la piel y debilita su elasticidad, provocando arrugas y flacidez prematuras. También contribuye a que aparezcan moretones con facilidad.

Daños en el sistema inmunológico

Algunas investigaciones revelan que absorber demasiada radiación UV por la piel influye negativamente en el funcionamiento de ciertas partes del sistema inmunológico y puede reducir la capacidad del cuerpo para defenderse contra determinadas enfermedades. Se sabe que incluso una exposición moderada al sol aumenta el riesgo de infecciones por bacterias, hongos, parásitos o virus. Muchas personas han notado que exponerse al sol les provoca erupciones repetidas de herpes labial, o simple. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que una categoría de luz ultravioleta denominada UVB “parece disminuir la eficacia del sistema inmunológico: en el caso de los herpes labiales, ya no puede mantener bajo control al virus del herpes simple, lo que ocasiona que reactive la infección”.

Por lo que se refiere al cáncer, la luz solar puede provocar graves trastornos de dos maneras. En primer lugar, causando daños directos en el ADN, y en segundo lugar, reduciendo la capacidad natural del sistema inmunológico para contrarrestar dichos daños.

Así que lo sabio es que tomemos precauciones a fin de no exponernos demasiado al sol. Nuestra salud y, en realidad, nuestra propia vida pueden estar en juego.

[Nota]

^ párr. 10 Encontrará más información sobre el cáncer de piel en ¡Despertad! del 8 de junio de 2005, páginas 3 a 10.

[Recuadro de la página 11]

MEDIDAS DE PROTECCIÓN

▪ Reduzca la exposición al sol durante las horas centrales del día —de diez de la mañana a cuatro de la tarde—, cuando la radiación UV es particularmente intensa.

▪ Trate de permanecer en la sombra.

▪ Cúbrase brazos y piernas con ropa suelta y de tejido tupido.

▪ Lleve un sombrero de ala ancha para protegerse los ojos, las orejas, la cara y el dorso del cuello.

▪ Use gafas de sol de buena calidad. Deben ser envolventes —es decir, tener cobertura lateral— y suministrar entre el 99 y el 100% de protección frente a las radiaciones UVA y UVB (categorías de luz ultravioleta), pues eso reducirá enormemente el riesgo de daños oculares.

▪ Emplee un filtro solar de amplio espectro con un factor de protección de 15 o superior, y aplíqueselo generosamente cada dos horas.

▪ Puesto que las lámparas de rayos ultravioleta, las camas solares y los salones de bronceado utilizan radiación UV —que puede dañar la piel—, la OMS recomienda evitarlas.

▪ Asegúrese de proteger a los bebés y los niños pequeños, cuya piel es particularmente delicada.

▪ Nunca se quede dormido al sol.

▪ Si le sale algún lunar, peca, o mancha que le preocupe, vaya al médico.