Ir al contenido

Ir al índice

Árboles que viven en el agua

Árboles que viven en el agua

 Árboles que viven en el agua

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN AUSTRALIA

Ofrecen refugio a muchas especies de mamíferos, aves y reptiles en peligro de extinción. También filtran los contaminantes del agua, con lo que preservan el medio ambiente. En el sur de Florida (EE.UU.), cerca del setenta y cinco por ciento de las especies que se pescan por deporte y del noventa por ciento de las capturadas para uso comercial dependen de ellos. Además, estos árboles forman una barrera que protege las zonas costeras de las tormentas y las mareas. ¿A qué nos referimos? A los mangles.

PRESENTE en más de la mitad de las costas tropicales del mundo, el mangle es un tipo de árbol, o en ocasiones arbusto, que incluye miembros de varias familias. Por lo general crece en las zonas donde penetran las mareas, entre el mar y la tierra firme, en las que se mezclan agua dulce y salada. Aunque allí el agua sea mucho más salada de lo que pueden resistir la mayoría de las plantas, los mangles se adaptan fácilmente a ella. ¿Cómo? Valiéndose de varios métodos fascinantes, que a veces se combinan.

Rodeados de sal

Algunos tipos de mangle tienen por toda la raíz filtros que impiden la entrada de sal. Este método de filtrado es tan eficaz que un viajero sediento podría obtener agua dulce haciendo un corte en la raíz de uno de esos mangles. Otras especies dejan que la sal penetre en su sistema y la acumulan, para después depositarla en las hojas más viejas o en otras partes de la planta, que entonces se desprenden de ella.

Y hay mangles que permiten que la sal entre en ellos pero la eliminan rápidamente, por lo general a través de glándulas especiales que tienen en las hojas. Si uno lame la hoja de un mangle de ese tipo, la encontrará muy salada. Pero tenga cuidado, pues el látex que segregan las hojas de la especie Excoecaria agallocha es capaz de provocar ceguera temporal si entra en contacto con el ojo; aunque, por otro lado, dicho látex tiene propiedades medicinales y se ha utilizado para tratar llagas y picaduras.

Cómo sobreviven

Para sobrevivir y desarrollarse, la mayoría de las plantas necesitan un suelo bien aireado. Sin embargo, los mangles suelen vivir en terrenos inundados. El secreto de su supervivencia son las raíces aéreas, que crecen por encima del suelo y así logran absorber el oxígeno directamente de la atmósfera. Dichas raíces presentan formas diversas. Algunas, por ejemplo, brotan del suelo y vuelven a introducirse en él, formando arcos nudosos que parecen en cierto modo rodillas dobladas.

Las raíces respiratorias, o neumatóforos, tienen forma de lápiz y surgen verticalmente del suelo. Las raíces fúlcreas —es decir, de apoyo—, que más tarde se convierten en raíces zanco, proceden de la parte inferior del tronco del mangle. Y hay raíces que nacen de la base del árbol en forma de protuberancias verticales y curvadas, cuya porción superior sobresale del suelo. Estos diferentes sistemas de raíces no solo permiten que las plantas respiren, sino que le proporcionan estabilidad en los suelos blandos.

Cómo se reproducen

La especie Xylocarpus granatum posee un fruto grande y redondo lleno de semillas de forma irregular. Cuando el fruto está maduro, estalla y dispersa por el agua sus semillas. Algunas flotan arrastradas por las mareas y con el tiempo encuentran un lugar donde germinar.

Otros mangles tienen semillas que germinan mientras aún se encuentran en la planta madre, algo extraordinariamente raro en el mundo vegetal. Estas semillas caen al agua desde el árbol y pueden flotar a la deriva durante varios meses, incluso un año, en busca de un hogar.

 La forma en que las semillas flotan potencia al máximo sus oportunidades de establecerse en un lugar de agua salobre —donde hay mezcla de agua dulce y salada—, que es su entorno ideal. En el agua más salada flotan horizontalmente, pero cuando llegan al agua salobre flotan en vertical, lo que aumenta sus probabilidades de anclarse en el fango.

Un mundo que encierra otro

Los mangles constituyen la base de una compleja red de alimentación. Los restos de hojas y la vegetación descompuesta de los propios mangles son una fuente de alimento para microorganismos que, a su vez, sustentan a otros animales de la cadena alimentaria. Muchos seres vivos encuentran en el manglar, o bosque de mangles, un lugar donde vivir, comer, reproducirse o criar a los ejemplares más jóvenes.

Por ejemplo, cientos de especies de aves aprovechan el hábitat del manglar para anidar o alimentarse, y como lugar de descanso durante las migraciones. Tan solo el país de Belice alberga en sus manglares más de quinientas especies diferentes de aves. Hay muchos peces que, o bien comienzan su vida en los manglares, o bien dependen de dicho ecosistema para su sustento. En el manglar de Sundarbans, situado entre la India y Bangladesh, se han capturado más de ciento veinte especies diferentes de peces.

En estas formaciones vegetales se desarrolla también una flora abundante. En la costa este de Australia se han encontrado 105 especies diferentes de líquenes que crecen en los mangles. Muchas variedades de helechos, orquídeas, muérdagos y otras plantas prosperan asimismo  en ese hábitat. Sin duda, los manglares del mundo son indispensables para numerosas especies de plantas y animales —desde los líquenes hasta los tigres—, así como para los seres humanos.

Multitud de beneficios para el hombre

Además de contribuir a preservar el medio ambiente, los manglares son fuente directa e indirecta de muchos productos, entre ellos leña, carbón, taninos, piensos y medicinas. Suministran igualmente manjares como pescado, crustáceos, moluscos y miel. En el pasado, algunos marineros llegaron a pensar que las ostras crecían en los mangles porque era fácil recogerlas allí cuando las raíces de los árboles quedaban expuestas al bajar la marea.

Los manglares proporcionan también productos para la industria papelera y la textil, así como las del cuero y la construcción. Otras industrias que se benefician de ellos son la pesquera y la turística.

Aunque cada vez se valora más su importancia, los bosques de mangle están desapareciendo a razón de 100.000 hectáreas (400 millas cuadradas) al año. A menudo son destruidos para abrirles paso a proyectos aparentemente más rentables, como explotaciones agrícolas o construcción de viviendas. Mucha gente piensa que el manglar es tan solo un lugar fangoso, maloliente y lleno de mosquitos del que es mejor mantenerse alejado.

No obstante, lo cierto es que los mangles son útiles e incluso salvan vidas. Sus raíces especialmente adaptadas, tanto las aéreas como las que filtran la sal, han creado ecosistemas ricos y complejos. Son esenciales para las pesquerías costeras, la industria maderera, la flora y la fauna. Además, protegen las zonas costeras de la erosión al amortiguar el embate de poderosos huracanes que de otro modo podrían matar a miles de personas. Sin duda alguna, deberíamos agradecer que existan los mangles.

[Ilustración y recuadro de la página 24]

Buscando miel silvestre en los manglares

El manglar más grande del mundo se halla en la región de Sundarbans, que forma parte del vasto delta del Ganges, ubicado entre la India y Bangladesh. Entre los pueblos que habitan la zona están los mowalis, que dependen del manglar para su sustento y se dedican a una de las profesiones más arriesgadas de su país.

Los mowalis son recolectores de miel. Todos los años, durante abril y mayo, se adentran en el entorno cambiante del manglar en busca de las colmenas de la abeja melífera gigante. Estas abejas llegan a medir cerca de cuatro centímetros (una pulgada y media) de largo y son agresivas, pues han llegado a matar elefantes.

Por ello, los recolectores de miel hacen antorchas con la vegetación del manglar y utilizan el humo para ahuyentar a las abejas. Los más experimentados dejan parte de la colmena para que las abejas puedan reconstruirla, pues así será posible recoger otra cosecha de miel al año siguiente.

Ahora bien, las abejas no son la única amenaza; también hay cocodrilos y serpientes venenosas. Además, los ladrones a veces tienden emboscadas a quienes salen del manglar con su cosecha de miel y cera. Pero el mayor peligro lo constituyen los tigres de Bengala, que todos los años matan de quince a veinte recolectores de miel.

[Reconocimiento]

Zafer Kizilkaya/Images & Stories

[Ilustraciones de la página 23]

Los mangles y sus retoños viven en un entorno que mataría a la mayoría de las plantas

[Reconocimientos]

Arriba a la derecha: Zach Holmes Photography/Photographers Direct; abajo a la derecha: Martin Spragg Photography (www.spraggshots.com)/Photographers Direct