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¿Por qué envejecemos?

¿Por qué envejecemos?

 ¿Por qué envejecemos?

“Pocos son los días, y muchos los problemas, que vive el hombre nacido de mujer.” (JOB 14:1, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL.)

QUIZÁ usted piense que es inevitable que los seres vivos se deterioren. Puesto que los automóviles y los electrodomésticos de uso diario con el tiempo dejan de funcionar, es fácil dar por supuesto que los animales envejecen y mueren por un proceso similar. Sin embargo, el profesor de Zoología Steven Austad explica: “Los organismos vivos difieren muchísimo de las máquinas. El carácter definidor fundamental de los seres vivos podría ser su capacidad de autorreparación”.

Aunque la forma en que el cuerpo se repara a sí mismo después de sufrir una lesión es maravillosa, las reparaciones que efectúa de manera rutinaria son, en cierto modo, aún más increíbles. Pensemos en los huesos, por ejemplo. La revista Investigación y Ciencia explica: “El hueso, de apariencia inerte, es, sin embargo, un tejido vivo, que se destruye y se renueva sin cesar en el curso de la vida entera. Tal regeneración supone una renovación completa del esqueleto cada 10 años”. Otros tejidos corporales se renuevan más a menudo. Algunas células de la piel, el hígado y los intestinos se reemplazan casi a diario. Cada segundo, nuestro organismo produce unos veinticinco millones de células de reemplazo. Si todos los tejidos del cuerpo no se repararan o reemplazaran de continuo, envejeceríamos en plena niñez.

Cuando los biólogos empezaron a estudiar las moléculas que componen las células vivas, aún se hizo más evidente la capacidad del organismo humano para regenerarse. A cada nueva célula de reemplazo se le dota de una copia del ADN, la  molécula que contiene gran parte de la información necesaria para reproducir un cuerpo completo. Imagínese cuántas veces se habrá duplicado el ADN, y no solo en el caso suyo, sino en el de toda la humanidad a lo largo de la historia. Para comprender mejor lo increíble que esto resulta, piense en lo que sucedería si fotocopiara un documento y luego hiciera una copia de la copia resultante, y así sucesivamente. Sin duda las copias serían cada vez peores, hasta llegar a hacerse ilegibles. Afortunadamente, nuestro ADN no se deteriora ni se desgasta en las sucesivas divisiones de nuestras células. ¿Por qué? Porque las células tienen muchas maneras de reparar los errores que surgen al copiar el ADN. Si no fuera así, hace mucho que la humanidad habría dejado de existir.

Puesto que todas las partes del organismo —desde los componentes principales hasta las diminutas moléculas— tienen la mencionada capacidad de autorrepararse, el desgaste natural no explica del todo el envejecimiento. Los numerosos sistemas del cuerpo humano se regeneran o reemplazan a sí mismos por décadas, cada uno de una forma distinta y a un ritmo distinto. Entonces, ¿por qué empiezan a fallar todos ellos más o menos al mismo tiempo?

¿Está programado el envejecimiento?

¿Por qué vive el gato doméstico veinte años y sin embargo otro animal que tiene un tamaño parecido, la zarigüeya de Virginia, solo vive tres? * ¿Cómo se explica que el murciélago alcance entre 20 y 30 años de edad, y el ratón muera a los tres? ¿Por qué la tortuga gigante llega a los 150 años pero el elefante solo a 70? Factores tales como la dieta, el peso corporal, el tamaño del cerebro o el ritmo de vida no explican las diferencias de longevidad. La Encyclopædia Britannica dice: “Dentro del código genético se encuentran las instrucciones que determinan la edad límite de cada especie”.  En efecto, la duración máxima de la vida está inscrita en los genes. Pero ¿qué lleva a que todas las funciones corporales comiencen a fallar al aproximarse dicho límite de edad?

John Medina, biólogo molecular, escribe: “Parece que hay unas señales misteriosas que se manifiestan en ciertos momentos y, sencillamente, les dicen a las células que abandonen sus funciones adultas normales”. También indica: “Hay genes que pueden decirles a las células, y a organismos enteros, que envejezcan y mueran”.

Podríamos comparar nuestro cuerpo a una empresa que marcha muy bien desde hace décadas pero cuya junta directiva repentinamente deja de contratar y preparar nuevo personal, ya no repara ni sustituye la maquinaria y cesa de efectuar el mantenimiento o las obras necesarias en las instalaciones. Seguro que en poco tiempo la empresa entrará en declive. La pregunta es: ¿por qué abandona la junta directiva su política anterior, que tan buenos resultados le ha dado hasta el momento? Los biólogos que estudian el envejecimiento se enfrentan a una cuestión parecida. El libro El reloj de la edad dice: “Uno de los mayores misterios de la investigación del envejecimiento es que las células dejen de duplicarse y vayan muriendo”.

¿Hay cura para la vejez?

Se ha dicho que el envejecimiento es “el más complejo de todos los problemas biológicos”. Tras décadas de ardua investigación, los científicos siguen sin descubrir su causa, y menos aún su cura. En el año 2004, la revista Scientific American publicó la siguiente advertencia de 51 especialistas en este campo: “Todavía no se ha demostrado que siquiera uno de los remedios que existen en el mercado retarde, detenga o invierta el proceso del envejecimiento humano”. Aunque la dieta y el ejercicio adecuados pueden mejorar la salud y disminuir el riesgo de morir prematuramente por enfermedad, no hay pruebas de que esos u otros factores retrasen el envejecimiento. Esto nos recuerda las siguientes palabras de Jesús, que aparecen en la Biblia: “¿Quién de ustedes, por medio de inquietarse, puede añadir un codo a la duración de su vida?” (Mateo 6:27).

John Medina resume así los progresos realizados en la búsqueda de un remedio contra el envejecimiento: “Para empezar, no sabemos en realidad por qué envejecemos. [...] Tras declarar la guerra al cáncer hace ya muchos años, no hemos encontrado todavía una cura. Y el envejecimiento es infinitamente más complicado que los mecanismos que se esconden tras el cáncer”.

Las investigaciones llevan a una conclusión fundamental

Las investigaciones sobre el funcionamiento de los seres vivos y las causas por las que envejecen no han truncado toda esperanza de prolongar la vida. Hay estudios que han llevado a algunos científicos a una inevitable conclusión que resulta fundamental para entender el envejecimiento. El bioquímico molecular Michael Behe escribe: “En las últimas cuatro décadas la bioquímica moderna ha develado los secretos de la célula. [...] El resultado de estos esfuerzos acumulativos para investigar la célula —para investigar la vida a nivel molecular— es un estridente, claro y penetrante grito de ‘¡Diseño!’”. En otras palabras: alguien inteligente diseñó los organismos vivos. Sin embargo, Behe no fue el primero en llegar a tal conclusión. Tras reflexionar en la estructura del cuerpo humano, un salmista de la antigüedad dijo: “De manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho” (Salmo 139:14).

Si todos los seres vivos han sido diseñados, surge esta pregunta intrigante: ¿nos hizo el Creador para que viviéramos aproximadamente el mismo tiempo que muchos animales, o para que viviéramos más que ellos?

[Nota]

^ párr. 8 La zarigüeya de Virginia, también llamada tlacuache y opossum común, es un marsupial que vive en Norteamérica.

[Comentario de la página 6]

‘ESTAMOS MARAVILLOSAMENTE HECHOS’

[Ilustración de las páginas 4 y 5]

¿Es el desgaste natural la causa del envejecimiento?

[Reconocimiento de la página 6]

ADN: foto: www.comstock.com