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El deseo de ser amado

El deseo de ser amado

 El deseo de ser amado

Hace mucho tiempo, en una ciudad que hoy forma parte de Turquía, vivía una muchacha llamada Lea. Ella era poco agraciada; en cambio, su hermana menor, Raquel, era hermosa.

RAQUEL conoció a un hombre que se enamoró tanto de ella que aceptó trabajar siete años para el futuro suegro con tal de poder desposarla. Sin embargo, en la noche de bodas, el padre puso a Lea en el lugar de su hermana. No sabemos qué sintió Lea, pero de seguro ella sabía que aquello difícilmente era un buen comienzo para el matrimonio.

El nuevo esposo protestó en cuanto se dio cuenta de lo ocurrido, y entonces el padre de las jóvenes le explicó que la costumbre era casar primero a la hija mayor. Ahora Lea estaba casada, mediante engaños, con un hombre cuyo primer amor era su hermana menor, con quien también se desposó. ¡Qué triste debe haberse sentido al ver que su hermana recibía casi todo el cariño! Lea no tenía ninguna historia romántica que contar de su noviazgo, y del día de su boda guardaba pocos recuerdos gratos, si acaso alguno. ¡Cuánto debe haber anhelado ser amada como Raquel! En parte víctima de las circunstancias, probablemente muchas veces sintió que nadie la quería. *

Mucha gente de hoy se identificaría hasta cierto punto con Lea. Todos tenemos muy arraigada la necesidad de amar y ser amados. Quizás ansiemos el cariño de un cónyuge o busquemos el afecto de los padres, los hijos, los hermanos o los amigos. Pero como Lea, puede ser que veamos a otros encontrar el amor, mientras nosotros permanecemos solos.

Desde niños escuchamos historias románticas de personas atractivas que se enamoran y viven felices para siempre. Los cantantes hablan del amor, los poetas lo exaltan. Y sin embargo, “seguramente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tantas expectativas pero que fracase con tanta frecuencia como el amor”, afirma un investigador. Eso es verdad; a menudo son nuestras relaciones más estrechas las más turbulentas, las que en vez de alegrías nos producen penas. En varios países, un 40% de los enlaces matrimoniales termina en divorcio, y muchas parejas que no se divorcian están lejos de ser felices.

Además, en numerosos países aumenta la cantidad de familias monoparentales y disfuncionales, en las que los hijos también son víctimas. Pero son especialmente los hijos quienes necesitan la seguridad emocional de un ambiente familiar cálido y amoroso. Así pues, ¿qué pasó con el amor? ¿A quién acudir para aprender sobre esta preciosa virtud? Los siguientes artículos tratarán estas cuestiones.

[Nota]

^ párr. 4 Este relato se halla en los capítulos 29 y 30 del libro bíblico de Génesis.