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El Támesis, singular patrimonio inglés

El Támesis, singular patrimonio inglés

 El Támesis, singular patrimonio inglés

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN GRAN BRETAÑA

El río Támesis, muy querido por el pueblo inglés, nace de la confluencia de cuatro tributarios en la pintoresca zona de Costwold Hills, al centro sur de Inglaterra. A lo largo de su serpenteante recorrido de 350 kilómetros [215 millas] hacia el este, otros afluentes se le unen hasta que finalmente desemboca en el mar del Norte por un estuario de unos 29 kilómetros [18 millas] de ancho. El relato de cómo este río de corto curso moldeó la historia de Inglaterra es fascinante.

JULIO CÉSAR encabezó la primera invasión romana de Inglaterra allá por el año 55 antes de nuestra era. Cuando volvió un año después, su avance se vio obstaculizado por el río al que llamó Tamesis. Noventa años más tarde correspondió al emperador romano Claudio someter al país.

Por entonces, a lo largo de ambos lados del río se extendían pantanales. Pero en el punto hasta donde se adentra la marea —a unos 50 kilómetros [30 millas] desde el estuario—, los ejércitos de Roma levantaron un puente de madera. Allí, en la ribera norte, fundaron un puerto, al que llamaron Londinium. *

En los cuatro siglos siguientes, los romanos expandieron sus actividades comerciales con el resto de Europa e importaron artículos lujosos de la costa mediterránea, incluso madera del Líbano. El Támesis también les sirvió para transportar bienes a Londres desde el interior del país, por lo que la ciudad, con su sistema radial de caminos, se convirtió enseguida en importante centro de comercio.

La influencia de Guillermo el Conquistador

Tras la caída del Imperio romano, las legiones salieron de Britania en el año 410 de nuestra era; Londres fue abandonada y, lógicamente, disminuyó el comercio por el Támesis. A 19 kilómetros [12 millas] río arriba de Londres, en una zona donde era fácil vadear la corriente, se hallaba Kingston. Allí se coronó a los monarcas anglosajones hasta el siglo XI, cuando Guillermo el Conquistador —originario de Normandía— tomó el país y fue coronado en Westminster  en 1066. Luego, este rey construyó la Torre de Londres dentro de las murallas de la ciudad romana para dominar a la comunidad mercantil y fomentar su desarrollo, así como para poder controlar el acceso al puerto. El comercio floreció de nuevo, y la población de Londres llegó a rondar los 30.000 habitantes.

Guillermo el Conquistador también edificó una fortaleza en la cima de una colina calcárea, a unos 35 kilómetros [22 millas] al oeste de Londres, en lo que hoy se conoce como Windsor. La fortaleza, que domina una magnífica vista del Támesis, reemplazó a una residencia real sajona. El Castillo de Windsor es fruto de múltiples añadiduras y modificaciones, y sigue siendo una de las atracciones turísticas más populares de la nación.

El año 1209 fue testigo de la culminación de un proyecto de tres décadas: un puente de piedra en Londres sobre el Támesis, uno de los primeros de este tipo en Europa. La extraordinaria estructura, sobre la que se erigieron tiendas, casas y hasta una capilla, contaba con dos puentes levadizos y una torre en su extremo sur (en Southwark) como sistema de defensa.

En 1215, el rey Juan sin Tierra (1167-1216) selló la famosa Carta Magna en Runnymede, localizada sobre el Támesis, cerca de Windsor. Aquel acto lo obligaba a garantizar no solo las libertades civiles del pueblo inglés en general, sino específicamente las de los habitantes de Londres, así como la libertad de comercio de su puerto y sus mercaderes.

El Támesis trae prosperidad

Pasaron los siglos, y el comercio siguió floreciendo en el Támesis. Entonces las instalaciones a lo largo del río se volvieron insuficientes. Hace doscientos años, cuando los atracaderos solo tenían capacidad para 600 barcos, llegó a haber hasta 1.775 embarcaciones esperando su turno para descargar. Como resultado de tal atasco, el robo se convirtió en un grave problema. Los ladrones cortaban de noche las amarras de los barcos para saquearlos, y había gente que  se ganaba la vida transportando el contrabando por el Támesis a bordo de pequeñas lanchas. Para combatir el problema, Londres estableció el primer cuerpo de policía fluvial del mundo, que sigue activo hasta hoy.

Sin embargo, hacía falta algo más para aliviar la tensión que se vivía en los muelles. Por tal razón, el Parlamento inglés aprobó en el siglo XIX la construcción del sistema de muelles húmedos más grande del mundo, los cuales se levantarían en las tierras bajas a ambos lados del río. Los primeros en terminarse fueron el Surrey Commercial y el London, así como el East India y el West (a principios del siglo XIX), seguidos por el Royal Victoria en 1855 y su compañero, el Royal Albert, en 1880.

Dos ingenieros, Marc I. e Isambard K. Brunel, padre e hijo respectivamente, unieron las dos orillas del Támesis en 1840 mediante el primer túnel subacuático del mundo. Mide 459 metros [1.506 pies] de longitud y todavía forma parte de la red de ferrocarriles subterráneos que recorre el Gran Londres. En 1894 se terminó el puente de la Torre, atracción turística de nuestros días. Es una construcción de doble hoja levadiza que deja un claro de 76 metros [250 pies] entre las dos torres para que pasen grandes barcos. Y si uno sube casi trescientos escalones, llegará a un puente angosto que conecta ambas torres y ofrece magníficas vistas a lo largo del río.

Ya en el siglo XX, los muelles londinenses estaban bien equipados para recibir el creciente número de buques de vapor de mayor tamaño necesarios para atender el comercio que generaba la ciudad. Para cuando se construyó el último muelle, el King George V, en 1921, Londres se había convertido en “el sistema portuario más grande y más rico del mundo”.

Escenario de palacios, realeza y pompa

La capital progresaba, pero sus calles seguían siendo malas, sin pavimento y a menudo intransitables en invierno. El medio más rápido y lógico para transportarse era, por tanto, el Támesis, que con el paso de los años se convirtió en una bulliciosa vía fluvial. Los barqueros, que abarrotaban las escaleras y escalinatas de la ribera, gritaban anunciando sus servicios para cruzar al otro lado, así como para navegar corriente arriba, corriente abajo, o por alguno de los serpenteantes ríos tributarios, el Fleet y el Walbrook, soterrados desde hace mucho bajo las calles londinenses que llevan sus nombres.

Llegó un momento en el que Londres se parecía mucho a Venecia, llena de palacios señoriales con terrazas que llevaban hasta el río. Entre la realeza, vivir en la ribera del Támesis se convirtió en el último grito de la moda, como bien atestiguan los palacios de Greenwich, Whitehall y Westminster. Igualmente, Hampton Court ha sido hogar de monarcas ingleses, y el castillo de Windsor, río arriba, sigue siendo residencia real.

En 1717, Georg Friedrich Haendel compuso su Música acuática para complacer al rey Jorge I durante la celebración de un almuerzo real sobre las aguas. Acompañaba a la barcaza del rey “tan gran número de botes que, por decirlo así, cubrieron el río entero”, según un periódico de la época. La barcaza que iba junto a la real llevaba 50 músicos, que interpretaron la composición de Haendel tres veces durante el recorrido de ocho kilómetros [5 millas] desde Westminster hasta Chelsea.

Un río para el placer y el descanso

El puente de Londres era la única vía para cruzar el Támesis a pie, hasta que en la década  de 1740 se construyó el puente de Westminster, que más tarde fue restaurado y finalmente reemplazado en la década de 1820. Ahora bien, los pilares que sostenían los diecinueve arcos del puente de Londres original, hecho de piedra, estorbaban muchísimo el flujo de la corriente. Como consecuencia, en los aproximadamente seiscientos años de existencia del puente, el río se congeló por lo menos ocho veces. Cuando eso ocurría, se organizaban grandes “ferias de hielo” sobre las congeladas aguas, donde además se celebraban muchas pruebas deportivas. Se asaban bueyes, y podía verse a miembros de la realeza comiendo allí. Los libros y juguetes con la leyenda “Lo compré en el Támesis” se vendían como pan caliente. También se imprimían hojas de noticias y hasta el padrenuestro ¡en prensas instaladas en el río congelado!

Ya en tiempos más recientes surgió la regata universitaria, una prueba anual de remo entre las universidades de Oxford y Cambridge celebrada en primavera. Las multitudes abarrotan las riberas del Támesis desde Putney hasta Mortlake para vitorear a los equipos de ocho integrantes que recorren poco menos de siete kilómetros en escasos veinte minutos. La primera regata tuvo lugar en 1829 río arriba, en Henley. Cuando se cambió el recorrido para que empezara más abajo, la ciudad de Henley organizó su propia regata real, que es la más antigua y distinguida de su clase en toda Europa. Atrae a los mejores equipos del mundo a concursos de remo de unos 1.600 metros de recorrido. Esta regata, que se celebra en verano, es hoy día un popular acontecimiento social.

Una guía turística para Gran Bretaña dice lo siguiente del Támesis: “En su recorrido cruza paisajes típicamente ingleses de extraordinaria variedad: suaves colinas, bosques, praderas, casas de campo, pintorescas aldeas y bonitas ciudades. [...] Largos tramos de su curso no están flanqueados por carretera alguna, aunque sí suele haber un camino de sirga: en estos casos es difícil admirar la belleza del Támesis si no es paseando o desde una barca”.

¿Tiene planes de visitar Inglaterra? Entonces, dese tiempo para explorar el Támesis y deleitarse con un poco de su historia. Desde la belleza de los campos donde nace hasta su bullicioso estuario, hay muchísimo que ver, hacer y aprender. El Támesis no lo decepcionará.

[Nota]

^ párr. 5 Aunque el nombre inglés de la ciudad, London, se deriva del latino Londinium, es posible que ambos provengan de las palabras celtas llyn y din, que juntas significan “ciudad [o fortaleza] en la laguna”.

[Recuadro de la página 27]

EL TÁMESIS Y LA LITERATURA

Jerome K. Jerome capturó la atmósfera relajante del Támesis en su libro Tres hombres en una barca. Esta obra narra las vacaciones de tres amigos que reman por el río desde Kingston-upon-Thames hasta Oxford llevando a su perro. Este “clásico del humor extravagante” fue escrito en 1889 y ha sido traducido a muchos idiomas.

El viento en los sauces es otro cuento muy conocido que gusta a niños y adultos por igual, pues es una fantasía sobre animales que viven en las riberas del río o en sus cercanías. Su autor, Kenneth Grahame, que vivía en Pangbourne, a orillas del Támesis, terminó dicha obra en 1908.

[Ilustración y recuadro de la página 27]

EL REY CONTRA EL TÁMESIS

El rey Jacobo I, que reinó durante la primera parte del siglo XVII, exigió en cierta ocasión 20.000 libras del Ayuntamiento de Londres. Como el alcalde rehusó entregarle la suma, el rey lanzó la siguiente amenaza: “Los arruinaré a usted y a su ciudad para siempre. Me llevaré mis tribunales de justicia, mi corte y mi Parlamento a Winchester o a Oxford; convertiré a Westminster en un desierto, ¡y veremos entonces lo que será de ustedes!”. Ante aquello, el alcalde respondió: “Siempre habrá un consuelo para los comerciantes de Londres: su majestad no puede llevarse el Támesis”.

[Reconocimiento]

Del libro Ridpath’s History of the World (vol. VI)

[Mapas de la página 24]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

INGLATERRA

Londres

Río Támesis

[Reconocimiento]

Mapa: Mountain High Maps® Copyright © 1997 Digital Wisdom, Inc.

[Ilustración de las páginas 24 y 25]

El Big Ben y los edificios del Parlamento (Westminster, Londres)

[Ilustración de la página 25]

El puente de piedra de Londres (1756)

[Reconocimiento]

Del libro Old and New London: A Narrative of Its History, Its People, and Its Places (vol. II)

[Ilustración de la página 26]

Este grabado de 1803 muestra el Támesis y cientos de barcos atracados en el puerto

[Reconocimiento]

Corporation of London, London Metropolitan Archive

[Ilustración de las páginas 26 y 27]

Grabado que representa la feria de hielo de 1683

[Reconocimiento]

Del libro Old and New London: A Narrative of Its History, Its People, and Its Places (vol. III)