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Los excesos con el alcohol y su efecto en la salud

Los excesos con el alcohol y su efecto en la salud

 Los excesos con el alcohol y su efecto en la salud

“Santé!”, “Salute!”, “Za vashe zdorovye!”, “Chuc suc khoe!”. Sea en Francia, Italia, Rusia, Vietnam o en el mundo hispano, muchos amigos se desean lo mismo cuando van a beber: “¡Salud!”. Paradójicamente, los excesos con la bebida llevan a millones de seres a la tumba.

EL CONSUMO indebido de alcohol presenta muchas facetas, entre las que figuran el consumo peligroso, el consumo nocivo y la dependencia. Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo peligroso es “el que encierra riesgos o consecuencias dañinas” de orden físico, mental o social, e implica sobrepasar los límites recomendados por las autoridades sanitarias o establecidos por la ley. El consumo nocivo, o abuso, es el que, si bien ya está provocando daños físicos o mentales, no ha conducido todavía a la dependencia. Por último, la  dependencia es la pérdida del autocontrol que permitía a la persona abstenerse, de modo que las grandes ansias de beber la llevan a hacerlo aunque sufra por ello graves problemas; además, cada vez que intenta romper con el hábito, experimenta el síndrome de abstinencia.

Prescindiendo de la edad, sexo o nacionalidad, nadie está libre de los riesgos del consumo peligroso de alcohol. Ahora bien, ¿qué efecto tiene esta sustancia en el organismo? ¿Qué peligros encierra para la salud si se toma en exceso? ¿Qué niveles de consumo consideran seguros la mayoría de los especialistas?

Peligroso para la mente

El etanol, compuesto presente en la mayoría de las bebidas alcohólicas, es una neurotoxina o, lo que es lo mismo, una sustancia capaz de deteriorar o destruir el sistema nervioso. De hecho, la borrachera es un tipo de intoxicación. Cuando se consume en grandes cantidades, el etanol puede dejar al bebedor en coma o incluso matarlo. Por ejemplo, la costumbre que tienen muchos estudiantes japoneses de ingerir rápidamente varios tragos seguidos, llamada ikkinomi, ocasiona defunciones todos los años. Aunque el cuerpo tiene la capacidad de transformar el etanol en sustancias inofensivas, no puede hacerlo de inmediato. Si en un lapso dado se consume más alcohol de lo que el cuerpo puede procesar, el etanol se acumula en el organismo y comienza a entorpecer notoriamente las funciones del cerebro. ¿Cómo sucede esto?

El habla, la visión, la coordinación, el pensamiento y la conducta están ligados a una serie de complejísimas reacciones químicas que tienen lugar en las neuronas, células esenciales del cerebro. La presencia de etanol modifica dichas reacciones, pues suprime o potencia la acción de ciertos neurotransmisores, es decir, de las sustancias que transmiten señales entre una neurona y otra. De este modo, altera el flujo de información en el cerebro e impide que este funcione con normalidad. Por ello, la persona que se excede con el alcohol arrastra las  palabras, ve borroso, se mueve con torpeza y se desinhibe, manifestando así algunos de los síntomas más comunes de la intoxicación etílica.

La exposición prolongada al alcohol lleva a que la química cerebral se adapte para contrarrestar el efecto tóxico del etanol y mantener las funciones cerebrales a un nivel normal. Como consecuencia, se produce la tolerancia, situación que implica que la misma cantidad de alcohol tiene menos efectos que antes. La dependencia llega cuando el cerebro se acostumbra tanto al alcohol que ya no puede funcionar bien sin él, de modo que el cuerpo lo pide con insistencia; si no lo recibe, el equilibrio químico se desestabiliza por completo y sobrevienen los síntomas de abstinencia, tales como ansiedad, temblores e incluso ataques.

Además de alterar la química cerebral, el abuso del alcohol puede ocasionar atrofia y destrucción de las células, atentando así contra la propia estructura del cerebro. Aunque con la abstinencia absoluta es posible la recuperación parcial de algunos daños, otros son al parecer irreversibles, por lo que resultan aún más afectadas la memoria y otras funciones cognitivas. Los estudios indican que el cerebro sufre daños aun cuando los períodos en que se abusó del alcohol no hayan sido prolongados, sino relativamente breves.

Enfermedades hepáticas y cáncer

El hígado desempeña un papel esencial en la metabolización de la comida, la lucha contra las infecciones, la regulación del flujo sanguíneo y la eliminación de sustancias tóxicas, entre ellas el alcohol. Los daños que recibe el hígado por estar expuesto mucho tiempo a esta sustancia se suceden en tres etapas. En la primera, la descomposición del etanol hace que las grasas se digieran con mayor lentitud y se acumulen en el hígado, afección que se denomina esteatosis hepática, o hígado graso. En la segunda etapa se produce inflamación crónica, o hepatitis. Aunque por sí solo el consumo de alcohol puede causar hepatitis, por lo visto también favorece indirectamente su aparición al mermar la resistencia del organismo a los virus de las hepatitis B y C. * Si no se pone freno a la  inflamación, las células terminan reventando y muriendo. Para colmo de males, se cree que el alcohol activa la apoptosis, proceso natural por el que las células se autodestruyen.

La etapa final es la cirrosis. El círculo vicioso de inflamación continua y destrucción celular deja cicatrices irreversibles. El hígado pierde su esponjosidad y se apelmaza. Finalmente, las cicatrices impiden el flujo normal de la sangre, lo que desencadena una insuficiencia hepática y la muerte.

El alcohol ataca gradualmente al hígado desde otro ángulo: merma su capacidad de contrarrestar los efectos de los agentes cancerígenos. Además de favorecer la aparición de cáncer hepático, el alcohol incrementa de forma significativa el riesgo de tener cáncer de boca, faringe, laringe y esófago. Por si fuera poco, hace que las membranas mucosas de la boca se vuelvan más susceptibles a la penetración de las sustancias cancerígenas del tabaco, lo que eleva el peligro en el caso del fumador. Por otra parte, las mujeres que beben a diario tienen más probabilidades de padecer cáncer de mama. De hecho, cierta investigación indica que las que toman un mínimo de tres bebidas diarias son un 69% más propensas a padecerlo que las que no beben.

Niños envenenados

Algunas de las consecuencias más trágicas del abuso del alcohol las sufren los hijos antes de nacer. “El alcohol es mucho peor para el feto que cualquier otra droga”, señala el diario International Herald Tribune. Cuando la embarazada bebe, también lo hace el hijo en gestación, lo cual le resulta sumamente dañino en esa etapa formativa. En efecto, el alcohol causa daños irreversibles en su sistema nervioso central, ya que las neuronas no se forman bien, algunas células se destruyen y otras se desarrollan donde no deben.

El resultado de lo anterior —el llamado síndrome de alcoholismo fetal— es la principal causa de retraso mental entre los recién nacidos. Algunas de las dificultades que padecen los niños aquejados de este síndrome son disminución psíquica, problemas del lenguaje y la conducta, retrasos y deficiencias en el desarrollo, crecimiento lento, hiperactividad y trastornos de la visión y la audición. Muchos de ellos también nacen con ciertas deformidades faciales características.

Aunque la cantidad de alcohol que tome la embarazada sea relativamente baja, el niño pudiera sufrir diversas discapacidades, como trastornos de la conducta y el aprendizaje. “La madre no tiene que ser alcohólica para perjudicar a su bebé: basta con que sobrepase durante el  embarazo el nivel de consumo recomendable”, señala la profesora Ann Streissguth, de la unidad de atención a bebés afectados por el alcohol y las drogas, de la Universidad de Washington. El informe Alcool—Effets sur la santé (El alcohol y sus efectos en la salud), publicado por el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica, de Francia, afirma: “La absorción de alcohol es nociva durante toda la gestación. No ha podido establecerse una dosis que no plantee ningún riesgo para la criatura”. Así pues, en el caso de la mujer que está embarazada o piensa estarlo, es prudente abstenerse por completo de la bebida. *

El nivel de consumo seguro

La anterior enumeración de riesgos no es exhaustiva, ni mucho menos. En el año 2004, la revista Nature señaló que “hasta con pequeñas dosis de alcohol se incrementan las probabilidades de resultar lastimado y de padecer unas sesenta enfermedades”. Entonces, ¿qué cantidad resulta segura? Millones de personas de todo el mundo toman solo una bebida de vez en cuando, lo cual no representa riesgos. La clave para la salud es la moderación. Ahora bien, ¿qué es la moderación? La mayoría de las personas que beben se considerarían moderadas, razonando tal vez que no hay nada malo mientras no se emborrachen ni dependan del alcohol. Sin embargo, el consumo de alcohol de 1 de cada 4 varones europeos se cataloga como peligroso.

Diversas fuentes sitúan el consumo moderado en dos bebidas estándar (20 gramos [0,70 onzas] de alcohol puro) por día en el caso del varón y una (10 gramos [0,35 onzas]) en el de la mujer. Las autoridades sanitarias de Francia y Gran Bretaña establecen como “límites razonables” tres bebidas diarias para él y dos para ella. Y el Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo, de Estados Unidos, recomienda a “los mayores de 65 años limitarse a una bebida diaria”. * Ahora bien, todos reaccionamos de distinto modo ante el alcohol, de modo que en algunos casos, hasta estos límites pudieran ser muy altos. Por ejemplo, “el alcohol en cantidades moderadas puede resultar nocivo para quienes padecen ansiedad y trastornos del estado de ánimo”, señala la obra 10th Special Report to the U.S. Congress on Alcohol and Health (Décimo informe especial al Congreso de Estados Unidos sobre el alcohol y la salud). Algunos factores que hay que tener en cuenta son la edad, el historial médico y la constitución física (véase el recuadro “Cómo reducir los riesgos”).

¿De qué ayudas dispone la persona cuyo consumo de alcohol es indebido? El siguiente artículo dará respuesta a esta pregunta.

[Notas]

^ párr. 11 Según un estudio realizado en Francia con pacientes infectados con el virus de la hepatitis C, los que bebían en exceso corrían el doble de riesgo de sufrir cirrosis que quienes lo hacían moderadamente. Por ello, se recomienda a la persona que dé positivo en la prueba de la hepatitis C que beba muy poco o nada.

^ párr. 17 Las madres lactantes deben tener presente que cuando beben, el alcohol se acumula en la leche que producen. De hecho, la concentración de alcohol suele ser más alta en la leche materna que en la sangre, ya que la primera lo absorbe más debido a su mayor contenido de agua.

^ párr. 20 Al analizar el consumo, debe tenerse presente que el volumen que se acostumbra servir en una bebida varía de un lugar a otro, lo cual influye en la cantidad de alcohol que tiene cada vaso o copa.

 [Ilustraciones y recuadro de la página 5]

El alcohol y el volante

Las medidas para limitar el consumo de alcohol por parte de los conductores son casi tan antiguas como el automóvil. La primera nación que introdujo estas leyes fue Dinamarca, en 1903.

Cuando alguien bebe con el estómago vacío, el volumen de alcohol en su sangre alcanzará el máximo nivel al cabo de media hora. Contrario a la creencia generalizada, ni el café ni el aire fresco ni el ejercicio lo ayudarán a despejarse. Lo único que reducirá el efecto del alcohol sobre el cuerpo es el paso del tiempo. Da igual que sea vino, cerveza o licor: si es una unidad de bebida estándar, tiene siempre el mismo contenido de alcohol. *

Hasta en pequeñas cantidades, el alcohol merma las facultades del conductor. Se ve afectada la vista: las señales de tráfico parecen más pequeñas y se reduce la visión periférica, así como la capacidad de evaluar las distancias y fijar la mirada en objetos lejanos. Además, se enlentecen el procesamiento de datos, los reflejos y la coordinación.

En los accidentes suelen sufrir heridas más graves los conductores que han bebido. Además, el efecto del alcohol en el corazón y la circulación de la sangre reduce las probabilidades de supervivencia en caso de realizarse una intervención quirúrgica de emergencia. “Por consiguiente, a diferencia de lo que cree mucha gente, la mayoría de los fallecimientos relacionados con el alcohol corresponden a los propios conductores ebrios”, señala un informe del Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica, de Francia. En vista de los peligros, el informe ofrece las siguientes recomendaciones:

▪ No beber cuando se vaya a conducir.

▪ No subir a un vehículo con un conductor que haya bebido.

▪ No permitir que los amigos o familiares conduzcan bajo los efectos del alcohol.

[Nota]

^ párr. 29 Por lo general, el cuerpo es capaz de eliminar unos siete gramos [0,25 onzas] de alcohol por hora. Aunque el concepto de unidad de bebida estándar varía de un país a otro, la Organización Mundial de la Salud la define como la copa o vaso que contiene 10 gramos de alcohol puro. Aproximadamente corresponde a 250 mililitros [8 onzas] de cerveza, 100 [3,4 onzas] de vino o 30 [1 onza] de alguna bebida destilada.

[Ilustraciones]

Estas bebidas contienen aproximadamente el mismo alcohol

Una botella de cerveza regular (330 ml [11 onzas] con 5% de alcohol)

Un vaso pequeño de bebidas destiladas (whisky, ginebra, vodka) (40 ml [1,4 onzas] con 40% de alcohol)

Una copa o vaso de vino (140 ml [5 onzas] con 12% de alcohol)

Una copita de licor (70 ml [2,4 onzas] con 25% de alcohol)

[Recuadro de la página 6]

¿Es genético el alcoholismo?

En su afán por encontrar un buen tratamiento, los científicos procuran comprender el papel que desempeña la herencia biológica en la génesis y evolución del alcoholismo. Ya han descubierto varios genes que parecen influir en la reacción del individuo ante la bebida. Sin embargo, la genética no es el único factor que incide en el alcoholismo. Aunque exista una cierta predisposición hereditaria, la dependencia no es inevitable, pues también entran en juego elementos ambientales. Entre los factores de riesgo que preparan el camino al alcoholismo se citan los siguientes: mala crianza, abuso del alcohol entre los parientes inmediatos y amigos, situaciones conflictivas, dificultades emocionales, depresión, agresividad, pasión por el riesgo, alta resistencia al alcohol y adicción a otras sustancias.

[Ilustración y recuadro de la página 6]

FRANCIA

Los estudios indican que abusan del alcohol unos cinco millones de personas, de las cuales dos o tres millones manifiestan dependencia

NIGERIA

Según el periódico Daily Champion, de Lagos, en el país hay “más de quince millones de alcohólicos”, lo que constituye cerca del 12% de la población

PORTUGAL

Presenta uno de los índices de consumo de alcohol puro por habitante más altos del mundo. El 10% de la población tiene “graves incapacidades ligadas al alcohol”, indica el diario lisboeta Público

ESTADOS UNIDOS

“A unos catorce millones de estadounidenses —el 7,4% de la población—, se les puede diagnosticar abuso del alcohol o alcoholismo.” (10th Special Report to the U.S. Congress on Alcohol and Health)

[Recuadro de la página 8]

Cómo reducir los riesgos

Las siguientes indicaciones sobre qué constituye consumo de bajo riesgo proceden del Departamento de Salud Mental y Dependencia de Sustancias de la OMS. Obsérvese que el riesgo es bajo, pero existe, y que cada persona reacciona de distinto modo al alcohol.

▪ No consumir más de dos unidades de bebida estándar por día *

Abstenerse del alcohol al menos dos días por semana

En los siguientes casos sería excesivo hasta una o dos bebidas:

▪ Mientras se manejan automóviles o máquinas

▪ Durante el embarazo o la lactancia

▪ Cuando se toman determinados fármacos

▪ En caso de padecer ciertas enfermedades

▪ Si se carece de autocontrol

[Nota]

^ párr. 58 La unidad de bebida estándar equivale a una copa con 10 gramos [0,35 onzas] de alcohol puro.

[Reconocimiento]

Fuente: Brief Intervention for Hazardous and Harmful Drinking

[Ilustración y recuadro de la página 9]

¿Es bueno el alcohol para el corazón?

Los científicos consideran que ciertos compuestos presentes en el vino tinto, llamados polifenoles, inhiben una sustancia que ocasiona el estrechamiento de los vasos sanguíneos.

Además, se ha encontrado que el alcohol en general contribuye a que aumenten los niveles del llamado colesterol bueno y a que se reduzcan los de ciertas sustancias que pueden formar coágulos sanguíneos.

En todo caso, los posibles beneficios del alcohol se refieren a cantidades pequeñas a lo largo de toda la semana, y no al total que se toma al salir una sola noche. Por otro lado, la ingestión de más de dos bebidas por día está ligada a subidas de la presión sanguínea. El consumo inmoderado también eleva el riesgo de apoplejía, inflamación del corazón y palpitaciones irregulares. Estos y otros peligros para la salud contrarrestan cualquier efecto positivo del alcohol en el sistema cardiovascular. Efectivamente, los excesos, aunque sean con algo bueno, no dejan de ser excesos.

[Ilustración de la página 7]

Los daños que puede producir el alcohol

Cerebro

Pérdida de células y memoria; depresión y conducta agresiva

Problemas con la visión, el habla y la coordinación

Cáncer de garganta, boca, mama e hígado

Corazón

Debilitamiento de los músculos, insuficiencia cardíaca

Hígado

Sucesivamente acumula grasa, se inflama y se llena de cicatrices (cirrosis)

Otros riesgos

Deficiencias inmunitarias, inflamación del páncreas y úlceras

Embarazadas

Riesgo de tener niño deformes o retrasados

[Ilustración de la página 8]

“El alcohol es mucho peor para el feto que cualquier otra droga”