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El teléfono móvil: ¿bendición o maldición?

El teléfono móvil: ¿bendición o maldición?

 El teléfono móvil: ¿bendición o maldición?

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN AUSTRALIA

HACE años, la designación teléfono móvil resultaba un tanto irónica, pues, a causa del peso de las baterías, solo podían moverlo los fortachones o quienes lo tuvieran instalado en su vehículo. De hecho, era más grande que una caja de zapatos y costaba miles de dólares.

Pero en la actualidad existen 1.350 millones de teléfonos celulares, y en algunos países los posee la mitad de la población, dado que caben en la palma de la mano e incluso llegan a distribuirse sin cargo alguno. * El diario australiano The Bulletin asegura que “el número de estos aparatos casi iguala al de televisores y computadoras personales juntos”. En efecto, en una veintena larga de países hay ya más teléfonos móviles que fijos. De ahí que un experto del ramo no solo los califique de maravilla técnica, sino de “fenómeno social”.

¿Qué efecto tienen estos teléfonos en la sociedad? ¿Son una bendición o una maldición?

Negocio redondo

La creciente difusión del celular constituye un negocio redondo para muchas compañías. Una de las principales indicó que “la telefonía móvil es el mayor segmento del mercado de la electrónica de toda la historia”. Es decir, ningún otro instrumento electrónico ha movido nunca tanto dinero.

Por poner un ejemplo, de los 20.000.000 de ciudadanos con que cuenta Australia, más de quince millones poseen celulares. En un solo año, los clientes de una de las numerosas compañías telefónicas de este país realizaron con ellos 7.500 millones de llamadas. A nivel mundial, la industria de las telecomunicaciones mueve anualmente miles de millones de dólares en el apartado de la telefonía móvil. Se comprende, por tanto, que el mundo de los negocios considere al celular una bendición.

La creación de un nuevo lenguaje

La mayoría de los mensajes que se intercambian por este medio ultramoderno no se basan en la voz, sino en la escritura. Así, en lugar de hablar al micrófono, cada vez más usuarios —sobre todo jóvenes— recurren al teclado para enviarse mensajes de texto, pues resultan bastante más económicos. Sin embargo, dado que hay que introducirlos con los botoncitos del celular, ha surgido un lenguaje en el que se abrevian las palabras valiéndose de letras y números. A pesar  de que redactar y teclear es considerablemente más incómodo que conversar, cada mes se envían y reciben 30.000 millones de mensajes en todo el mundo.

¿De qué tratan estas misivas? Según un estudio británico, un 42% de los usuarios de 18 a 24 años las utilizan para coquetear; un 20%, para concertar citas románticas de forma moderna, y un 13%, para romper una relación.

A algunos analistas sociales les preocupa que estos mensajes, con su jerigonza ortográfica y sintáctica, lleven a que la juventud no sepa escribir bien. Sin embargo, otros opinan que “favorecen el renacer de la comunicación escrita en una nueva generación”. La portavoz de una editorial que publica un diccionario australiano hizo este comentario al rotativo The Sun-Herald: “No surge a menudo la oportunidad de forjar un nuevo estilo [de escritura] [...;] los mensajes de texto, unidos a Internet, logran que los jóvenes escriban bastante más. Necesitan tener un dominio de la expresión que les permita captar el estilo y defenderse bien con el vocabulario y el registro [...] correspondientes a este género”.

Algunos inconvenientes

Pese a la utilidad del teléfono móvil en la vida social y los negocios, muchos empleados no lo consideran una bendición, sino un grillete que los encadena a la empresa. De acuerdo con un sondeo, el 80% de los agentes publicitarios y el 60% de los trabajadores de la construcción se ven en la obligación de estar siempre localizables, sea para sus jefes o para la clientela. La presión que siente el usuario de responder a las llamadas sin importar dónde se encuentre ni qué esté haciendo ha dado lugar a lo que un investigador denomina “cultura de las interrupciones”. A raíz de ello, los ingenieros han preparado un material de construcción destinado a restaurantes y salas de espectáculos que bloquea las señales de los celulares (véase el recuadro “Recomendaciones para el usuario”).

Aparte de sus molestas intrusiones, estos omnipresentes aparatitos pueden convertirse en un enemigo público. En un estudio canadiense se comprobó que conducir mientras se usa el teléfono encierra tanto peligro como hacerlo después de haber bebido. Según Mark Stevenson, profesor de un centro de investigaciones sobre lesiones auspiciado por la Universidad de Australia Occidental, es mucho más difícil guiar un vehículo mientras se telefonea que mientras se conversa con algún acompañante. Pese al riesgo de accidentes y multas, 1 de cada 5 automovilistas australianos envía mensajes y 1 de cada 3 sostiene un celular mientras va al volante.

Los peligros de su mala utilización llegan hasta las nubes, pues aunque las aeronaves modernas tienen protegido el cableado contra las interferencias de los celulares, al parecer no ocurre igual con las  más antiguas de la flota. “En pruebas realizadas a bordo de dos aviones —indica la revista New Scientist—, el Ministerio de Aviación Civil de Gran Bretaña confirmó que esta radiación entorpece el funcionamiento de instrumentos electrónicos esenciales para el vuelo.” Un portavoz de este organismo destacó la gravedad de la amenaza: “El celular emite más energía cuanto más lejos está de la estación repetidora. Por eso, la potencia de sus señales se incrementa tras el despegue, lo que aumenta las interferencias en esta etapa crítica del viaje”. Un trabajo de investigación australiano determinó que este y otros dispositivos electrónicos personales causaron varios problemas porque algunos pasajeros no siguieron las instrucciones de mantenerlos apagados durante el vuelo.

La telefonía móvil y el cáncer

Persiste la polémica sobre la posibilidad de que las señales de radio emitidas por los celulares y transmitidas por los repetidores sean cancerígenas. Dado que estos aparatos cuentan con cientos de millones de usuarios, constituiría un gran problema incluso si solo plantearan riesgos para un porcentaje muy pequeño. De ahí que se hayan realizado múltiples estudios exhaustivos sobre las consecuencias de tal radiación sobre los tejidos vivos. ¿A qué conclusiones se ha llegado?

Un grupo independiente de expertos en telefonía móvil dijo en un comunicado: “A la vista de los datos disponibles, creemos que no hay motivo para que la población se preocupe por el uso de los celulares”. Y la revista New Scientist señaló: “A pesar del pánico creado en los últimos años, la mayoría de las pruebas muestran que la exposición a las radiofrecuencias de la telefonía móvil no perjudica la salud. Y en el caso de los estudios que sí han arrojado riesgos, ha sido difícil corroborar sus conclusiones”.

Al persistir las dudas, siguen dedicándose millones de dólares a las investigaciones sobre tales efectos. Mientras no haya respuestas concluyentes, el citado grupo de expertos hace esta recomendación: “Use lo menos posible el teléfono [celular], preferiblemente un modelo que tenga una tasa baja de absorción de energía o cuente con equipo de manos libres y otros dispositivos que reducen dicha tasa”. Además agrega que “a los menores de 16 años se les debe disuadir de utilizarlos”, pues su sistema nervioso está en desarrollo y “corre mayor riesgo de verse afectado por los potenciales peligros”.

Aunque lo acompañe la controversia, el teléfono móvil ejerce un profundo impacto económico y social. Como otros de sus parientes electrónicos —el televisor y la computadora—, tiene el potencial de ser un esclavo o un tirano, una bendición o una maldición. La diferencia está, literalmente, en manos del usuario.

[Nota]

^ párr. 4 Suelen entregarse gratis previa firma de un contrato que obliga a realizar un pago periódico a la compañía en concepto de llamadas.

[Ilustración y recuadro de la página 19]

RECOMENDACIONES PARA EL USUARIO

1. Baje la voz cuando hable en un lugar público, pues el micrófono es muy sensible y probablemente a nadie le interese su conversación.

2. Apague el teléfono o póngalo en la modalidad de vibrar siempre que acuda a un restaurante o a actos públicos como servicios religiosos, reuniones de negocios o proyecciones de películas.

3. No use un teléfono que ocupe sus manos mientras conduce.

[Ilustración de la página 18]

Cada mes se envían en el mundo 30.000 millones de mensajes de texto

[Ilustración de la página 20]

Usar el teléfono al volante encierra tanto peligro como conducir después de haber bebido