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Se puede salvar nuestro planeta

Se puede salvar nuestro planeta

 Se puede salvar nuestro planeta

LOS artículos anteriores han dejado bien claro que estamos consumiendo los recursos de la Tierra a un ritmo inadmisible. Hay que reconocer que los dirigentes del mundo han realizado esfuerzos encomiables por reducir la contaminación, la deforestación y otros problemas ambientales.  Comenzando con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, realizada en 1972, se han celebrado reuniones periódicas —donde han llegado a participar 163 naciones— cuyo objetivo ha sido respaldar planes de acción. Pero ¿qué resultados se han obtenido? “Lamentablemente, esta nutrida colección de tratados, planes de acción y otros instrumentos no ha frenado el deterioro ambiental”, indica David Hunter, director ejecutivo del Centro de Derecho Ambiental Internacional. De hecho, según él, “casi todos los principales indicadores ambientales están peor que cuando se celebró la Conferencia de la ONU de 1992”.

¿Por qué se ha avanzado tan poco tras más de treinta años de medidas encaminadas a proteger la ecología? Entre otras razones, por el propio crecimiento económico. El motor de las economías nacionales es el consumo. Para ello hacen falta industrias que produzcan artículos, lo que a su vez exige materias primas. En este círculo vicioso, el medio ambiente siempre sale perdiendo. Entonces, ¿qué solución existe?

Pasos mal encaminados

La Biblia explica por qué han fracasado estrepitosamente los intentos de la humanidad de gobernarse por su cuenta. El profeta Jeremías dijo: “Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso” (Jeremías 10:23). ¡Qué gran verdad!

¿Ha visitado el lector algún jardín o parque? Seguramente se deleitó con la hermosa distribución de árboles, arbustos y flores. Un jardín tan bien arreglado no surgió de la nada. Es patente que intervinieron jardineros hábiles, quienes dedicaron muchas horas a podar y recortar primorosamente los árboles y el césped, así como a cuidar las flores, para que todo estuviera presentable. Pues imagínese qué aspecto ofrecería nuestro planeta si se atendiera con tanto mimo como a un jardín.

La realidad es que el Creador ha decretado que la Tierra reciba esa atención tan esmerada. Tal como indica el relato de la creación que aparece en su Palabra inspirada, “Jehová Dios procedió a tomar al hombre y a establecerlo en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2:15). Lo que es más, no solo encargó a la familia humana que trabajara en el Paraíso original, sino que lo ampliara hasta llenar todo el planeta (Génesis 1:28).

Lamentablemente, Adán y Eva desobedecieron, por lo que se volvieron imperfectos y perdieron la oportunidad de cuidar y agrandar el jardín (Génesis 3:1-6, 23). Dado que todos descendemos de aquella pareja, hemos heredado el pecado y la imperfección (Romanos 5:12). La mala administración de los recursos naturales de la Tierra no es más que otro ejemplo de los torpes intentos del hombre de gobernarse él solo. Es obvio que sus problemas exceden a su capacidad de solucionarlos. Es preciso que reciba ayuda de otra fuente.

La solución

Cuando estuvo en la Tierra, Jesús enseñó a sus discípulos a hacer esta petición: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mateo 6:10). La Biblia enseña que bajo el dominio del Reino celestial de Dios, nuestro planeta se convertirá en un paraíso (Salmo 37:10, 11). En aquel tiempo, los árboles y otras plantas alcanzarán su máxima productividad en un ambiente puro (Salmo 72:16). Bajo la dirección divina también se eliminará toda la contaminación, y la humanidad aprenderá a vivir en plena armonía con la naturaleza. ¿Qué garantía tenemos de que será así?

Las Escrituras dicen que a la Tierra “no se le hará tambalear hasta tiempo indefinido, ni para siempre” (Salmo 104:5). Cuando llegue el momento que Dios considere oportuno, todos los seres humanos disfrutarán eternamente de bendiciones como buena salud, comida abundante y viviendas adecuadas. ¿Le gustaría conocer mejor los propósitos divinos? Si así es, hable con cualquier testigo de Jehová, quien con gusto le ayudará a ver con la Biblia que nuestro planeta puede salvarse, y de hecho, se salvará.

[Ilustraciones de la página 10]

Dios guiará a la humanidad para que viva en armonía con la naturaleza

[Reconocimiento]

Niña y labrador: © Jeremy Horner/Panos Pictures