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El singular puente que cambió una isla

El singular puente que cambió una isla

 El singular puente que cambió una isla

De nuestro corresponsal en Canadá

ACURRUCADA en el golfo de San Lorenzo, en la costa atlántica canadiense, encontramos la verdeante figura en media luna de la isla del Príncipe Eduardo, la provincia más pequeña de Canadá. Jacques Cartier, explorador francés del siglo XVI, dijo que era “posiblemente el sitio más bello del mundo”. Esta porción de tierra, a la que sus más de 130.000 habitantes llaman cariñosamente “la isla”, se distingue por sus playas inmaculadas, las papas que se cultivan en su fértil tierra rojiza y las langostas que se capturan en sus costas. Más de un siglo después de su anexión al Dominio de Canadá en 1873, la isla estableció una unión fija con tierra firme: el singular puente de la Confederación. ¿Qué repercusión ha tenido este en la isla y en la gente?

La isla está separada de tierra firme por un canal relativamente estrecho, de unos 13 kilómetros de ancho en la parte más angosta y menos profunda. Con todo, el estrecho de Northumberland, de 300 kilómetros de longitud, ha contribuido al fuerte sentido de individualidad de los isleños, quienes atesoran su historia y su herencia agrícola, así como la tranquilidad de su isla paradisíaca.

El aislamiento terminó en noviembre de 1996 con la colocación del último tramo del puente de la Confederación, inaugurado oficialmente el 31 de mayo de 1997. A partir de entonces, en unos doce minutos, isleños y visitantes cruzan en auto el estrecho, el cual permanece abierto todo el año.

Pero ¿cuál es el atractivo de este lejano rincón? La respuesta  es, para muchos, un famoso libro: Anne of Green Gables, conocido en español como Ana, la de Tejas Verdes. Su autora, Lucy Maud Montgomery (1874-1942), era de Cavendish, población de la isla. Su casa, que sigue en pie, recibe todos los veranos más de doscientas mil visitas.

¿Por qué es singular este puente?

Si en el mundo existen tantos puentes grandiosos que constituyen una maravilla de la arquitectura moderna, ¿qué tiene este que lo haga digno de mención especial? Aunque no esté ni cerca de ser el más largo del mundo, en invierno puede llamársele con razón “el puente más largo sobre aguas congeladas”.

Durante los cinco meses invernales, el estrecho de Northumberland se cubre invariablemente de hielo, así que esta construcción se diseñó para soportar tales condiciones extremas. El acceso en tierra firme se halla en la isla Jourimain (Nueva Brunswick), y de ahí el puente se tiende sobre el estrecho hasta la costa sudoeste ribeteada de arenisca de la isla del Príncipe Eduardo, cerca de la pequeña aldea de Borden. ¿Listo para conducir por uno de los dos carriles de esta autopista de 11 metros de ancho? Como no se permite el paso a peatones ni ciclistas, se han dispuesto vehículos para transportarlos de un extremo al otro. En el tramo navegable, la altura de la construcción alcanza los 60 metros, casi tanto como un edificio de veinte pisos. ¿Por qué tan alto? Para permitir el paso de los transatlánticos por el centro del canal.

Se tiene en cuenta el medio ambiente

Una obra de tales dimensiones exige un seguro con cobertura muy amplia y completa, además de mucha planificación ambiental a fin de proteger el ecosistema circundante. Se cuidó especialmente el efecto del puente en el paso del hielo durante la primavera, dado que cualquier acumulación repercutiría en los hábitats terrestres y marinos, lo mismo que en la industria pesquera. Incluso el material dragado del fondo del océano se trasladó a sitios escogidos, con la esperanza de crear nuevos hábitats para las langostas.

En cuanto al hielo, los escudos cónicos de cobre de los pilares, colocados al nivel del agua, cumplen una función primordial (véase la figura de la pág. 18). ¿Qué cometido desempeñan? Cuando el hielo a la deriva impacta contra el cono, se eleva hasta romperse por su propio peso, tras lo cual vuelve a caer en la corriente y circula a uno u otro lado del pilar. Para reducir la acumulación de hielo en la vía acuática, los pilares se anclaron sobre el lecho de roca a 250 metros unos de otros.

 El complicado ensamblaje

El tamaño de las piezas del puente es impresionante. Sus cuatro elementos principales son los siguientes: 1) la base del pilar, que descansa en el fondo del estrecho sobre un cimiento previamente construido y se eleva hasta la superficie; 2) el pilar, colocado sobre la base; 3) la viga maestra, que se apoya sobre el pilar, y 4) las vigas que conectan las vigas maestras (véase la ilustración de arriba). Más del ochenta por ciento del trabajo —en el que intervinieron 6.000 obreros— se realizó en “una gigantesca zona de trabajo de 60 hectáreas” ubicada en tierra. A continuación se transportaron las piezas a su ubicación marina, donde se ensamblaron.

Una viga llega a medir hasta 192 metros de longitud. “¿Cómo lograron mover algo tan enorme?”, se preguntará usted. La respuesta es con un transportador de cargas. Cuando entran en acción, estos aparatos parecen hormigas cargando un objeto muchas veces más grande que ellas, ya que cada viga pesa nada menos que 7.500 toneladas. Por otra parte, nunca hubieran ganado una carrera con la velocidad a que se desplazan por los rieles de acero: tres metros por minuto. Con razón a los dos transportadores que se usaron aquí los apodaron Tortuga y Langosta.

Pero como estas “hormigas” no eran anfibias, hubo que recurrir a una grúa flotante de 102 metros de altura montada sobre dos barcazas, “una cosa feísima —según cierto reportero—, con el cuello larguísimo y los pies monstruosamente enormes, pero con la gracia de un cisne”. La grúa se construyó en 1990 para las obras del puente entre las islas danesas de Fionia y Seeland. Después de hacerle algunas reparaciones, fue trasladada desde Dunkerque (Francia). Por increíble que parezca, esta grúa “levanta el equivalente a treinta aviones Boeing 737 y maniobra en mar abierto con la precisión de un cirujano”. Guiada por el sistema de posicionamiento global (sistema de navegación mediante satélites), colocó en su sitio las vigas  maestras y el resto de las piezas con un margen de error inferior a los dos centímetros (véase la fotografía de la pág. 18).

¿Cómo ha repercutido en la isla?

El nuevo puente se yergue como símbolo de progreso. Sin embargo, algunas personas consideran que aún hay varias preguntas sin respuesta respecto al futuro. Incluso hoy día, a siete años de su apertura, es demasiado pronto para determinar su impacto global, sobre todo en el ambiente. Por lo pronto, un científico especializado en langostas dijo en 2002 que el puente no parecía haber afectado la población de estos crustáceos. Y añadió: “Los últimos cinco años han sido los mejores para la jaiba de roca”. ¿Y qué puede decirse del turismo?

El turismo aumentó un “increíble 61%” durante un período reciente, según cierta fuente. Claro que la mayoría de los visitantes acuden en la época de verano. Por otro lado, entre 1996 y 2001, las exportaciones se duplicaron. Y aunque han mejorado las ofertas de empleo, el lado negativo es que gran parte de los que trabajaban en el antiguo servicio de transbordadores ahora ganan mucho menos. También hay quienes se quejan del costo elevado del peaje, si bien, como dicen otros, el progreso tiene su precio.

¿Ha perdido su encanto la isla con el mejor acceso desde el continente? Algunos que vienen “de lejos” para disfrutar de paz quizás se pregunten si seguirán encontrando alivio del frenesí de la vida en tierra firme entre el paisaje incontaminado y las dunas de arena de Abegweit, la “cuna en las olas”, como llamaban al lugar los nativos micmac.

No cabe duda de que el puente de la Confederación es una proeza. ¿Se quedan dormidos al volante los conductores durante ese corto viaje? De ninguna manera, ya que el diseño de S alargada permite que uno se mantenga alerta y disfrute la experiencia. Esperamos que a usted también le sirva de incentivo el puente y visite este “Jardín del Golfo”, para saborear el estilo de vida apacible que aún perdura, sea o no un admirador de Anne of Green Gables.

[Ilustración y recuadro de la página 19]

Lo difícil de viajar en invierno

Los primeros pobladores europeos de la isla del Príncipe Eduardo no tardaron en descubrir que en invierno quedaban aislados de tierra firme durante cinco meses debido a la masa flotante de hielos, que se movían continuamente y que a menudo los portentosos vientos apilaban unos sobre otros. Atravesar el estrecho constituía toda una hazaña, no apta para miedosos. Fue en 1775 cuando aquellos colonos intentaron cruzar el estrecho por primera vez, a bordo de pequeñas canoas con patines de madera, como las de los nativos micmac. A partir de entonces hubo cierto tránsito regular de pasajeros y de correo, aunque “rara vez había una fila de pasajeros deseosos de arriesgarse en las canoas”, comenta el libro Lifeline—The Story of the Atlantic Ferries and Coastal Boats (Cuerda salvavidas. Historia de los transbordadores y embarcaciones costeras del Atlántico). F. H. MacArthur, en la revista Maritime Advocate and Busy East, señala: “Las damas pagaban doble pasaje, pues no se esperaba que hicieran labores físicas. A los varones se les sujetaba con correas, las cuales servían para halar el bote y a la vez evitar que [los hombres] se ahogaran si caían al agua por accidente. Los botes medían cinco metros de largo por uno de ancho, [y tenían] la proa levantada en forma de patín de trineo. El exterior estaba forrado con gruesa hojalata”. Se cree que el 28 de abril de 1917 fue la última vez que navegaron aquellas embarcaciones, tras lo cual el gobierno obtuvo un rompehielos que hacía el recorrido con la misma frecuencia, pero con mayor grado de seguridad.

[Ilustración]

Hasta 1917 estos botes atravesaban el estrecho de Northumberland

[Reconocimiento]

Public Archives and Records Office of Prince Edward Island, Accession No. 2301-273

[Ilustración de la página 18]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

3 Viga maestra 4 Vigas que conectan las vigas maestras

 

2 Pilar

 

Escudo

 

1 Base del pilar

[Mapa de la página 16]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

Isla del Príncipe Eduardo

[Ilustraciones de la página 17]

La isla del Príncipe Eduardo atrae a cientos de miles de turistas al año

[Ilustración de la página 18]

La grúa flotante Svanen colocando una viga maestra sobre un pilar

[Reconocimiento]

Foto por cortesía de Public Works & Government Services Canada y Boily Photo of Summerside

[Ilustraciones de las páginas 18 y 19]

El centro del puente se alza unos 60 metros sobre el agua para permitir el paso de los barcos

[Reconocimiento de la página 17]

Tourism Prince Edward Island/John Sylvester