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El día en que nadie volverá a sentirse solo

El día en que nadie volverá a sentirse solo

 El día en que nadie volverá a sentirse solo

GÉNESIS 2:18 indica que, al crear a Adán, “Jehová Dios pasó a decir: ‘No es bueno que el hombre continúe solo. Voy a hacerle una ayudante, como complemento de él’”. En efecto, formó a los seres humanos para que tuvieran acompañantes y confiaran en ellos.

La mejor amistad a la que podemos aspirar es la divina. Como muestra el apóstol Pablo, Jehová es “el Padre de tiernas misericordias y el Dios de todo consuelo, que nos consuela en toda nuestra tribulación” (2 Corintios 1:3, 4). Él se compadece de sus siervos, pues es un dechado de empatía: “Conoce bien la formación de nosotros, y se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:14). ¿Verdad que Jehová es un Dios al que nos sentimos atraídos y a quien agradecemos que nos atienda con tanto amor, bondad y comprensión?

Jehová cuida de quienes están solos

Muchos siervos de Dios que atravesaron momentos de soledad encontraron en él una fuente de respaldo y consuelo. Pensemos en Jeremías, quien recibió su comisión profética en la juventud. De los 40 escritores de la Biblia, es quien probablemente revela mejor sus sentimientos. Así, indicó que se sintió inseguro e inepto cuando Jehová le dio su primera comisión (Jeremías 1:6), y que para realizarla tuvo que confiar sin reservas en él. Ciertamente, el Altísimo estuvo a  su lado “como un terrible poderoso” (Jeremías 1:18, 19; 20:11).

Tres siglos antes, la reina Jezabel juró matar a Elías al enterarse de la ejecución de los profetas de Baal. Ante esto, él huyó a 450 kilómetros de distancia, a Horeb, en la península del Sinaí. Al entrar en una cueva para pasar la noche, Dios le preguntó: “¿Qué haces aquí, Elías?”, a lo que él repuso que creía ser el único siervo de Jehová en todo Israel, el único profeta que lo adoraba con celo. Pero el Todopoderoso le aseguró que no estaba solo: Él mismo estaba con él y, aunque no lo supiera, había otros 7.000 israelitas fieles. Además, lo consoló, lo tranquilizó, le fortaleció la fe y le dio ánimos para que no abandonara su comisión (1 Reyes 19:4, 9-12, 15-18, Nueva Versión Internacional). Si nos sentimos como Elías, solos o inútiles, también podemos pedirle a Jehová que nos fortalezca. Asimismo, los ancianos cristianos perspicaces consuelan a los fieles y les recuerdan cuánto contribuyen a la realización del propósito divino (1 Tesalonicenses 5:14).

Tanto estos como otros ejemplos nos permiten apreciar lo dispuesto que está Dios a apoyar y confortar a quienes se sienten solos. Sin duda, “Jehová llegará a ser altura segura para el aplastado, altura segura en tiempos de angustia” (Salmo 9:9; 46:1; Nahúm 1:7).

Un hombre que era todo sentimiento y compasión

Es admirable el equilibrio emocional que demostró Jesucristo en imitación de Jehová. Lucas relata cómo reaccionó al encontrarse con un cortejo fúnebre en la ciudad de Naín: “Sacaban a un muerto, el hijo unigénito de su madre. [...] Y cuando el Señor alcanzó a verla, se enterneció por ella, y le dijo: ‘Deja de llorar’. En seguida se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban  se detuvieron, y él dijo: ‘Joven, yo te digo: ¡Levántate!’. Y el muerto se incorporó y comenzó a hablar, y él lo dio a su madre” (Lucas 7:12-15). Jesús se conmovió, pues era muy compasivo. Imaginémonos lo feliz que hizo a la viuda al devolverle vivo a su hijo. ¡Ya no estaba sola!

Hoy nos tranquiliza saber que Jesús puede “condolerse de nuestras debilidades”, y ciertamente se compadece de los justos que se sienten solos. Así pues, mediante él es posible que “obtengamos misericordia y hallemos bondad inmerecida para ayuda al tiempo apropiado” (Hebreos 4:15, 16). Si imitamos a Cristo, nos pondremos en la piel de quienes sufren dolor, aflicción o soledad. Al ayudarlos, seremos menos propensos a la soledad, y todavía dispondremos de otro remedio contra la soledad negativa.

La Palabra de Jehová atenúa la soledad

Muchas personas constatan que “el consuelo de las Escrituras [contribuye a que] tengamos esperanza”. La Palabra de Dios nos brinda muchos consejos prácticos para superar la soledad (Romanos 15:4; Salmo 32:8). Entre ellos está el siguiente: “[Nadie] piense más de sí mismo de lo que sea necesario” (Romanos 12:3). Para ponerlo en práctica, es probable que tengamos que cambiar de actitud. La humildad y la modestia —la evaluación objetiva de nuestras propias limitaciones— nos ayudarán sin duda a trazarnos expectativas equilibradas y realistas. Las Escrituras también nos animan a interesarnos de corazón por los demás (Filipenses 2:4). Es un fenómeno que funciona en las dos direcciones, pues quien da, termina recibiendo. Esta interacción positiva atenúa la soledad e imparte sentido a la vida.

La Biblia nos exhorta a los cristianos a no “abandonar el reunirnos” (Hebreos 10:24, 25). Por ello, debemos intervenir en actividades edificantes, tales como la asistencia constante a las reuniones de los testigos de Jehová. Sin duda, tales ocasiones favorecen nuestro bienestar emocional e incluso físico. Además, la proclamación de las buenas nuevas del Reino de Dios es una forma muy grata de ocupar nuestro tiempo con obras beneficiosas y de mantener la mente bien orientada; la fe, firme, y la esperanza, viva (Efesios 6:14-17).

Es preciso valerse de la oración para acercarnos al Creador: “Arroja tu carga sobre Jehová mismo —dijo David—, y él mismo te sustentará” (Salmo 55:22). Estudiando la Biblia seremos más felices (Salmo 1:1-3). De modo que si nos abruma la soledad, meditemos en las amorosas atenciones que nos dispensa Dios, según revela su Palabra. El salmista escribió: “Mi alma ha estado pegada al mismísimo polvo. Consérvame vivo conforme a tu palabra” (Salmo 119:25).

Cuando nadie dirá que se siente solo

Jehová nos asegura que en el nuevo mundo eliminará las inquietudes, las frustraciones y demás sentimientos negativos. La Biblia promete: “Limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado” (Revelación [Apocalipsis] 21:4). Entre los males que erradicará figuran los padecimientos físicos, mentales y emocionales que sufrimos en la actualidad.

La Tierra estará llena de compañeros amigables que nos enriquecerán la vida. Valiéndose de su Reino celestial, encomendado a Jesucristo, Jehová nos librará para siempre de la soledad y nos dará un caudal de actividades nuevas y apasionantes que efectuaremos en un paraíso terrenal. De seguro, pronto vendrá el día en que nadie volverá a decir que se siente solo.

 [Ilustración de las páginas 8 y 9]

Con la ayuda de Jehová, no nos sentiremos solos aunque estemos sin compañía

[Ilustraciones de la página 10]

¿Qué lecciones extraemos de los relatos bíblicos de Jeremías y Elías?