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Un museo de casas de madera

Un museo de casas de madera

Un museo de casas de madera

De nuestro corresponsal en Eslovaquia

EN ALGUNOS países, la historia y belleza de las casas antiguas se conserva primorosamente en museos al aire libre. En dichos recintos se han relocalizado diversos edificios tradicionales para que las nuevas generaciones conozcan la vida y preferencias artísticas de sus antepasados.

Dirijámonos al corazón de Europa, a Orava, región del norte de Eslovaquia, para ver un magnífico ejemplo.

El museo del pueblo de Orava

El museo de Zuberec ofrece una instantánea tridimensional y a escala natural del pasado de Orava. Fundado en 1967, incluye edificios de 74 poblaciones y granjas cercanas, así como de aldeas remotas. Todos ellos se trajeron desmontados y fueron reconstruidos con mucho cuidado.

En total pueden visitarse once fincas completas, que representan tanto los hogares de los adinerados como los de la gente común: desde alcaldes y nobles hasta campesinos, jornaleros y artesanos. Dado que la agricultura y la ganadería vacuna y ovina fueron por siglos las principales ocupaciones en la zona, se han traído bastantes granjas, con sus pajares, establos de vacas, graneros y depósitos hechos de troncos, así como una era, una cabaña de pastor y un aprisco. También hay una colmena, herramientas artesanales, un campanario y una iglesia de madera, situada junto a la recreación de un cementerio.

Al observar el interior de estas moradas, notamos que por lo general estaban divididas en cuatro ambientes: habitación delantera, recibidor, cocina y despensa (o cuarto trasero), a los que a veces se añadía un sótano con piso de lajas. El material principal era la madera tallada, a menudo blanqueada en los marcos de puertas y ventanas. Los techos y los elaborados hastiales se cubrían con tejas de madera o tablas. La sala tenía a veces el piso de tierra, pero aun así, las paredes estaban encaladas o revestidas de paneles finamente pulidos. En el suelo de la cocina había un fuego —con una chimenea— que además de usarse para preparar la comida, calentaba toda la sala.

Unidos para el trabajo y la diversión

El diseño de estas residencias de madera constituye prueba palpable de la fuerza que tenían los vínculos entre generaciones, así como entre unos coterráneos y otros. La disposición de los domicilios y poblaciones favorecía el trabajo en equipo. En realidad, sin cooperación estrecha hubiera sido casi imposible capear las duras condiciones de esta región montañosa. Familias y vecinos colaboraban conduciendo a los pastizales a las vacas, las ovejas y los gansos. Además, el pueblo entero se unía para la recolección y para el acarreo de productos al mercado. También se atendían colectivamente los prados y los caminos de tierra.

A pesar del trabajo, la vida era bastante feliz, sobre todo durante la cosecha. La buena producción lechera y el nacimiento de novillos y corderos constituían también alegres ocasiones, en las cuales se oían por los montes melodiosos cantos populares al son de flautas, armónicas o acordeones. En invierno, solteras y casadas se juntaban para recolectar el plumón de ganso con que rellenaban almohadas y edredones. Los hombres, por su parte, se entretenían contando relatos mientras trabajaban, y al concluir la jornada todos se juntaban para bailar. Hay puntos de la región donde aún se conservan estas tradiciones.

Una ventana al pasado

Los hábiles edificadores de estos inmuebles seguían patrones basados en planos y principios de construcción transmitidos de padres a hijos. Hacían buen uso de los materiales locales, y además demostraban espíritu práctico y sentido de la estética, pues sus obras encajaban muy bien en los alrededores. Es patente que ponían tanto la cabeza como el corazón en su labor.

Como indicó Ludwig Mies van der Rohe, arquitecto de fama mundial, “cada golpe de hacha tiene un significado y hay expresión en cada dentellada de formón. [...] Ahí está depositada toda la sabiduría de generaciones. ¡Qué sentido del material y qué poder de expresión hay en estas casas! ¡Qué calor y qué belleza! Parecen ecos de viejas canciones”.

Al tiempo que pausamos para admirar la arquitectura del museo al aire libre, tratamos de imaginarnos a los ocupantes en sus actividades cotidianas. ¡Ojalá pudiéramos llevarnos a nuestro ajetreado mundo actual un poco del sosiego de la vida de aquellas gentes!

[Mapa de la página 14]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

Zuberec

[Ilustraciones de la página 15]

1. Casas de madera. 2. Interior. 3. Lugareños tocando música y bailando con sus trajes típicos