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De nuestros lectores

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¿Es seguro volar? Tengo 10 años y vivo en California (EE.UU.). Muchas gracias por su reportaje “¿Todavía es seguro volar?” (8 de diciembre de 2002). Cuarenta y siete personas de mi escuela van a ir de San Diego a Sacramento, y me preocupaba que se cayera el avión o que lo secuestraran. Pero lo que leí, con la explicación sobre las nuevas medidas de seguridad, me ha dejado más tranquila. Quiero pasarles esta revista a todos mis compañeros a los que les asustan o les ponen nerviosos los viajes en avión.

V. M., Estados Unidos

Misión mortífera Me ha conmovido la experiencia de Toshiaki Niwa, relatada en el artículo “Ayer al servicio de la muerte, hoy al servicio de la paz” (8 de diciembre de 2002). Nací en Filipinas unos años después de la segunda guerra mundial. En mi familia se contaban muchas historias que hablaban de la brutalidad de los soldados. Desde pequeña me había preguntado cómo pudieron cometer esas atrocidades, pero el relato del hermano Niwa me aclaró mucho el asunto. Gracias por publicar artículos así. El cambio que tuvo lugar en su vida es una prueba más del extraordinario poder de Jehová.

A. C., Estados Unidos

Las células madre Leo ¡Despertad! desde hace veinte años, gracias a lo cual he obtenido conocimientos generales sobre muchas materias. Cuando comenzó a hablarse de la clonación y las células madre, no lograba entender cómo era posible reproducir ciertos tejidos fuera del cuerpo humano. Gracias al reportaje “Células madre: ¿ha ido la ciencia demasiado lejos?” (22 de noviembre de 2002), ahora entiendo cómo lo hacen y por qué suscita tantas controversias el tema.

F. M., Italia

Al leer los artículos, me causó espanto enterarme de los métodos que utiliza el ser humano para curar graves enfermedades. Muchas gracias por tomarse el trabajo de redactar este reportaje para ilustrarnos sobre el tema. Ahora anhelo más que nunca que Dios nos sane de todos los males.

T. F., Filipinas

El amor en acción El artículo “El amor en acción: maratónica operación de socorro” (22 de noviembre de 2002) me ha causado una honda impresión. Lo que lograron los voluntarios en Houston durante todos esos meses demuestra contundentemente que el amor está vivo en el pueblo de Dios y que nuestro Creador bendice con creces los esfuerzos de sus siervos.

C. T., Alemania

Al leer el reportaje no pude contener las lágrimas. Cuando se desbordó el río Elba, hubo que evacuar a cuarenta y cuatro personas de nuestra congregación. A mi esposo y a mí nos acogió una familia de la congregación, y a nuestros dos hijos adultos, otra. Desde que ocurrió el desastre, se ha fortalecido la unidad de los hermanos. Nuestra familia comprende muy bien el valor de las labores de socorro cuando ocurren catástrofes como la de Houston.

S. R., Alemania

El fuego Me interesó mucho el artículo “Las dos caras del fuego” (22 de septiembre de 2002). No obstante, discrepo del epígrafe de la imagen de la página 25: “Alces desconcertados evitan un incendio que azota el valle del río Bitterroot (Montana, EE.UU.)”. Tengo una ampliación de esa misma foto, y los alces no parecen desconcertados. Los bomberos paracaidistas suelen ver ciervos y alces al lado de los fuegos que tratan de extinguir, y estos animales se quedan lamiendo minerales o revolcándose en las cenizas. Hasta en los grandes incendios saben cómo actuar. Por lo visto se lo toman con calma.

B. D., Estados Unidos

¡Despertad! responde: Muchas gracias por su observación. Como es lógico, no es posible afirmar con certeza qué sienten o dejan de sentir los animales en tales situaciones.