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¿Por qué no me quiere mi padre?

¿Por qué no me quiere mi padre?

 Los jóvenes preguntan...

¿Por qué no me quiere mi padre?

“Antes de divorciarse, mi padre me llevaba a la playa, a comer o a dar una vuelta en su automóvil. De repente, todo aquello se acabó. Papá ya no era el mismo. Fue como si también se hubiera divorciado de mí.”—Karen. *

SON muchos los jóvenes que comparten los sentimientos de Karen. Como ella, piensan que su padre (o su madre) les ha perdido el cariño o que nunca se lo tuvo. Y no nos referimos a la angustia o el enojo pasajeros que tengan a causa de conflictos con alguno de sus padres o de las medidas disciplinarias que este imponga. Más bien, hablamos de hijos desatendidos que no han recibido la atención ni la corrección necesarias o han sido tratados con dureza y severidad, y quizá hasta hayan sufrido abusos verbales o físicos.

Pocas cosas dejan cicatrices tan dolorosas como el rechazo de uno de los padres. “Me sentí despreciada y abandonada”, se lamenta Karen. Si alguna vez te han afectado tales emociones, las sugerencias que verás a continuación te ayudarán a superarlas. Ten la completa seguridad de que, aun si te falta su apoyo, puedes triunfar en la vida.

¿Qué les ocurre a estos padres?

En primer lugar debemos decir que es normal que esperes sentirte querido por ambos padres. Su amor debería ser tan natural y seguro como que el Sol sale cada mañana. Y Dios espera que sea así (Colosenses 3:21; Tito 2:4). Entonces, ¿por qué hay quienes descuidan, maltratan o abandonan a sus hijos?

Una razón tal vez sea sus experiencias en la vida. Pregúntate: “¿Cómo aprendió a criarme?”. Muchos se basan únicamente en la relación que tuvieron de niños con sus propios padres. Y como en este mundo cruel hay cada vez más personas “sin [...] cariño natural”, tal formación suele ser muy deficiente (2 Timoteo 3:1-5). En ocasiones ocurre una terrible reacción en cadena, ya que reproducen el maltrato que recibieron.

Las razones de su desdicha pudieran ser otras. Algunos tratan de huir de la angustia y la frustración entregándose a su trabajo, al alcohol o a las drogas. William y Joan, por ejemplo, se criaron con un padre alcohólico. “Casi nunca nos hacía elogios —afirma Joan—. Aunque lo peor era el mal genio que tenía cuando bebía. Se pasaba toda la noche gritando a mi madre, y eso me asustaba.” Aun  en los casos en los que estos padres no manifiesten una actitud abiertamente violenta, su comportamiento tal vez los deje sin energías para dedicar a los suyos la atención y el amor que necesitan.

William ahora cree comprender la causa de la conducta impredecible de su padre. “Se crió en Berlín (Alemania) durante la II Guerra Mundial —explica—. De pequeño pasó por experiencias horrendas y vio morir a mucha gente. Tuvo que luchar cada día para comer y salir adelante. Creo que tales vivencias lo dejaron marcado.” De hecho, la Biblia reconoce que bajo extrema opresión, uno puede actuar irracionalmente (Eclesiastés 7:7).

¿Creen William y Joan que el pasado de su padre excusa el trato que les dio? “De ningún modo —contesta William—. Sus antecedentes no justifican su alcoholismo ni su mala conducta. Pero saber lo que ha tenido que vivir nos ayuda a comprenderlo.”

Aceptar que tus padres son imperfectos y conocer sus antecedentes es un gran paso para entenderlos. Es como dice Proverbios 19:11: “La perspicacia del hombre ciertamente retarda su cólera”.

Cómo superar tus sentimientos

La situación que vives en casa puede despertar en ti otros sentimientos negativos. Por ejemplo, a consecuencia de la falta de atención de sus padres, Patricia se sentía “inútil” y pensaba que ‘nadie la querría jamás’. A una joven llamada LaNeisha se le hacía difícil confiar en los hombres en general desde que la abandonó su padre, cuando ella tenía ocho años de edad. Y Shayla ansiaba las atenciones de casi todo el mundo solo para llenar el vacío que había dejado su madre, que era “esclava de las drogas”.

Además, la ira y los celos también causan problemas. Cuando Karen vio que su padre demostraba a su nueva familia el cariño que ella había anhelado recibir, se vio “dominada por los celos”. Leilani, por ejemplo, hasta llegó a odiar a sus padres. “No paraba de discutir con ellos”, recuerda.

Aunque estas emociones negativas son comprensibles debido a las circunstancias, ¿cómo vas a superarlas? Prueba con las siguientes recomendaciones.

Acércate a Jehová Dios (Santiago 4:8). Lo lograrás si lees la Biblia personalmente y mantienes una constante relación con los siervos de Dios. Al ver cómo trata él a los demás, te irás convenciendo de que es una persona leal y confiable. “¿Puede una esposa olvidarse de su niño de pecho, de modo que no tenga piedad al hijo de su vientre? —preguntó Jehová a los israelitas—. Hasta estas mujeres pueden olvidar; no obstante, yo mismo no me olvidaré de ti.” (Isaías 49:15.) De modo que órale con regularidad. No te preocupes si no encuentras las palabras precisas, pues él te comprende (Romanos 8:26). Aunque creas que nadie te quiere, ten la seguridad de que Jehová te ama (Salmo 27:10).

Acude a un adulto de confianza. Entabla amistad con personas espiritualmente maduras y comparte con ellas tus sentimientos e inquietudes. En la congregación cristiana de los testigos de Jehová hallarás padres y madres espirituales (Marcos 10:29, 30). Claro, es probable que tengas que tomar la iniciativa y hablarles con franqueza, pues nadie sabrá cómo te sientes si no se lo cuentas. Abrir el corazón te producirá gran alivio (1 Samuel 1:12-18).

 Mantente ocupado ayudando al prójimo. Para no caer en la autocompasión, no te obsesiones con lo negativo de tu situación y aprende a valorar lo que tienes. Descubrirás que hay ante ti muchas oportunidades si ‘no vigilas con interés personal solo tus propios asuntos, sino también los de los demás’ (Filipenses 2:4). Ponte metas espirituales y, con una actitud positiva, esfuérzate por lograrlas. Satisfacer las necesidades del prójimo en el ministerio cristiano es una magnífica manera de concentrarte en los demás y no en ti mismo.

Respeta siempre a tus padres. Nunca te olvides de obedecer los principios y las normas bíblicas, lo que incluye honrar a tus padres (Efesios 6:1, 2). Obrar así impedirá que adoptes una actitud vengativa. Recuerda que por mal que hayan actuado ellos, no está justificado imitarlos. Así que deja los asuntos en manos de Jehová (Romanos 12:17-21). Él es “amador de la justicia” y está deseoso de proteger a los más jóvenes (Salmo 37:28; Éxodo 22:22-24). No dejes de mostrar el debido respeto a tus padres ni de cultivar el fruto del espíritu de Dios, en especial el amor (Gálatas 5:22, 23).

Puedes triunfar

No cabe duda de que duele mucho que uno de los padres no demuestre afecto. Pero ese fracaso de su parte no tiene por qué determinar la clase de persona que serás. Si pones en práctica los principios bíblicos mencionados en el artículo, triunfarás y serás feliz.

William, citado al principio, trabaja de voluntario de tiempo completo en una sucursal de los testigos de Jehová. “Dios brinda muchos medios para que superemos estas situaciones trágicas —afirma—. Es un privilegio contar con un Padre celestial tan afectuoso y comprensivo.” Su hermana, Joan, es precursora (evangelizadora de tiempo completo) en un lugar donde se necesitan predicadores. Ella indica: “Mientras crecíamos, vimos la clara diferencia ‘entre uno que sirve a Dios y uno que no le ha servido’” (Malaquías 3:18). Y concluye: “Ante las experiencias que vivimos, nos resolvimos a luchar por la verdad y hacerla nuestra”.

Lo mismo puede suceder en tu caso. “Los que siembran con lágrimas segarán aun con clamor gozoso”, dice la Biblia (Salmo 126:5). ¿Por qué citamos este versículo? Pues bien, si te esmeras por obedecer los principios justos aun en condiciones difíciles, tus lágrimas se tornarán en alegría cuando recibas la bendición de Dios.

Así que sigue esforzándote por acercarte a Jehová Dios (Hebreos 6:10; 11:6). Aunque durante años te hayas sentido angustiado, frustrado y culpable, poco a poco estos sentimientos serán reemplazados por “la paz de Dios que supera a todo pensamiento” (Filipenses 4:6, 7).

[Nota]

^ párr. 3 Se han cambiado algunos nombres.

[Recuadro de la página 21]

¿Te parece que...

• ... vales poco?

• ... es arriesgado o imprudente confiar en los demás?

• ... necesitas constantemente que reafirmen tu valía?

• ... no puedes controlar la ira o los celos?

Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa, habla cuanto antes con alguien de confianza, como uno de tus padres, un anciano o un amigo espiritualmente maduro.

[Ilustraciones de la página 22]

Toma medidas para superar tus sentimientos