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¿Qué futuro le aguarda a la biodiversidad?

¿Qué futuro le aguarda a la biodiversidad?

 ¿Qué futuro le aguarda a la biodiversidad?

EL HOMBRE es solo un elemento más del gran ecosistema mundial. Todos los seres vivos de la Tierra ocupamos nuestro lugar de acuerdo con la función que Dios nos ha asignado y todos tenemos muchos factores en común, siendo el principal de ellos el milagro de la vida. Por esta razón, a numerosas personas les embarga un profundo sentimiento de pérdida cada vez que desaparece una especie.

El científico Anthony C. Janetos escribió en la revista Consequences: “Mucha gente concordará en que, como sociedad, tenemos la obligación ética de proteger la habitabilidad del planeta y de administrar de forma responsable su riqueza biológica para el bienestar presente y futuro del género humano. Si deseamos lograr este objetivo, tenemos que valorar la biodiversidad —tanto por lo que aporta al mundo natural, como a nosotros— y comprometernos a conservarla”.

¿Qué se está haciendo?

La preocupación mundial por la pérdida de los recursos biológicos llevó hace unos años a representantes gubernamentales y de distintos organismos a formular el denominado Tratado de Biodiversidad, acuerdo extenso en el que se reconoce que la conservación de la diversidad es asunto de todos.

Un grupo de biólogos, ecologistas y científicos de todo el mundo han dado otro paso hacia la comprensión de la variedad de las especies al declarar el Año Internacional de la Observación de la Biodiversidad para el 2001-2002. Diana Wall, bióloga de la Universidad del Estado  de Colorado que preside el mencionado grupo, señala: “La investigación de la biodiversidad reportará muchos beneficios, como el descubrimiento de nuevos genes y sustancias químicas que puedan utilizarse para la elaboración de fármacos, la mejora de los cultivos o la recuperación de zonas contaminadas. Y más importante aún —añade—: para tomar decisiones informadas acerca de la tierra, los ríos y los océanos es fundamental averiguar dónde habitan especies desconocidas, cómo ayudan estas a mantener los ecosistemas saludables y cómo podemos contribuir a su conservación”.

Cambios indispensables

Aunque se han efectuado mejoras loables, en su mayoría han aliviado los síntomas más bien que eliminado las causas. Según algunos investigadores, hoy por hoy, el hombre no puede permitirse el lujo de perder el tiempo. Cuando Ruth Patrick, de la Academy of Natural Sciences, de Filadelfia (Pensilvania, EE. UU.), se percató de lo que llamó “la posible desaparición de la biodiversidad”, llegó a la conclusión de que “el tiempo es de crucial importancia” y de que “es imprescindible tomar medidas firmes y urgentes”. Para invertir el proceso de extinción, los seres humanos hemos de cambiar de inmediato nuestro modo de tratar el planeta y las formas de vida que lo pueblan. No basta con que controlemos el daño que se les hace. “La problemática de la conservación de la diversidad biológica no puede desligarse de las cuestiones sociales [...] de mayor alcance”, declara el World Resources Institute.

La solución exige, sin duda, un cambio radical en la sociedad. El libro Cuidar la Tierra reconoce que para administrar el planeta de forma responsable hacen falta “valores [morales], economías y sociedades diferentes de las que prevalecen hoy en día”.

La Biblia muestra claramente que no estamos capacitados para realizar un cambio de esa magnitud. Jeremías 10:23 dice: “Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso”. (Proverbios 20:24.) Si bien la historia ha demostrado de sobra la veracidad de estas palabras, la humanidad las ha pasado por alto, razón por la que se enfrenta a los “tiempos críticos, difíciles de manejar” de los que habla 2 Timoteo 3:1-5. Estos versículos también indican que la crisis actual se debe a la forma de pensar errónea de la gente. Así pues, hasta que esta no cambie, las soluciones a los problemas que afrontamos son, como mucho, temporales.

La doctora Jane Goodall, científica de reconocido prestigio, comentó en una entrevista que la destrucción del hábitat “está a menudo vinculada a la codicia y el materialismo del mundo desarrollado”. Asimismo, el botánico Peter Raven, ex secretario de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, advirtió que “la ignorancia, la indiferencia, la pobreza y la avaricia están causando problemas interrelacionados que amenazan con arruinar por completo la Tierra”. Por tanto, entre las deficiencias que han de corregirse se encuentran el egoísmo, la codicia, la ignorancia y la estrechez de miras.

La protección definitiva de la biodiversidad

Es comprensible que el Creador de la asombrosa variedad de organismos que pueblan el planeta esté profundamente interesado en su futuro. La Biblia dice que pronto “causar[á] la ruina de los que están arruinando la tierra” (Revelación [Apocalipsis] 11:18).

¿Hará Dios que las especies que se extinguieron debido al daño ocasionado por el hombre habiten de nuevo la Tierra? Si ese es su deseo, no cabe duda de que puede volver a crear tanto las plantas como los animales desaparecidos. No obstante, como la Biblia no menciona nada al respecto, no sería sensato que especuláramos sobre ello.

Lo que sí garantiza la gobernación divina es que todos los seres vivos recibirán bendiciones. “Alégrese la tierra —dice el salmista—, truene el mar con lo que contiene; llénense de júbilo el campo y lo que hay en él; griten de alegría todos los árboles de la selva.” (Salmo 96:11, 12, Magaña.)