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¿Le conviene el esquí de fondo?

¿Le conviene el esquí de fondo?

 ¿Le conviene el esquí de fondo?

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN CANADÁ

“LANGLÄUFER LEBEN LÄNGER”:  “los esquiadores de fondo viven más”. Esta conocida frase alemana destaca el valor que muchos atribuyen al deporte de invierno denominado esquí de fondo. En la temporada invernal, el paisaje de muchas naciones donde abunda la nieve se encuentra surcado por una intrincada red de caminos para esquiar; estas sendas disponen a veces de señalización de las distancias entre ciudades y pueblos, así como de luz artificial para quienes viajan entre el trabajo y su hogar.

Aunque el esquí de fondo no era un deporte muy extendido antes de 1960, en años recientes ha adquirido popularidad mundial. Se calcula que tan solo en América del Norte cuenta con unos cuatro millones de aficionados. ¿Cuál es el secreto de su encanto? Su bajo costo y evidente sencillez. Comparado con su pariente más conocido (el esquí alpino, o de descenso), no implica muchas complicaciones. Por ejemplo, la modalidad alpina exige equipo e indumentaria específicos, que resultan caros, así como desplazarse a sitios montañosos con instalaciones especiales. Una vez allí, el deportista tal vez se vea obligado a pagar una tarifa elevada y hacer una larga fila para subir al telesilla. También se requiere una excelente forma física, que no muchos principiantes poseen. Por otro lado, el esquí de fondo es adecuado para casi todo el mundo, sin importar su edad, pues lo único que se necesita son unos cuantos centímetros de nieve, un poco de entrenamiento, un par de esquís comparativamente baratos, botas y bastones.

Este deporte puede constituir una experiencia emocionante. El esquiador prácticamente puede ir a donde desee: atravesar campos y praderas, cruzar lagos y riachuelos  congelados, o adentrarse en bosques silenciosos y valles nevados. Dispone de la oportunidad de entregarse a la reflexión, lo que tal vez lo motive a abrirle el corazón al Creador y agradecerle las maravillas de la vida. El invierno imprime un sello característico en la creación de Jehová Dios: la brillante capa de nieve sosiega el panorama; el terreno aparece fresco y limpio, como esperando a ser descubierto. Deslizarse por el bosque, en medio de árboles cubiertos de escarcha, reconforta el corazón y la mente. La estridencia del mundo mecanizado se desvanece, y enseguida solo se oyen los esquís deslizándose sobre la nieve.

Cuando se practica en familia o con un grupo de amigos, el esquí de fondo se convierte en una excursión que estrecha vínculos. En el norte de Europa hay familias enteras que viajan 20 ó 30 kilómetros en tren para luego emprender juntos el regreso a casa.

Sus orígenes

Aunque haya quien piense que el esquí de fondo es una innovación reciente, nada está más lejos de la realidad. En 1927 se descubrieron pinturas rupestres de miles de años de antigüedad en la isla noruega de Rødøya. Una de ellas representa a un cazador que por lo visto lleva una máscara de piel de conejo y anda sobre un par de esquís muy largos. En fecha más reciente, unos trabajadores extrajeron de las turberas escandinavas cientos de esquís antiguos muy bien conservados. Para los pueblos nórdicos, el esquí constituía en la antigüedad un medio de transporte básico durante sus largos inviernos nevados; era algo tan elemental en su vida diaria, que incluso adoraban a un dios y a una diosa del esquí. En el presente, una multitud de ciudades y pueblos noruegos y suecos llevan en sus nombres los vestigios de aquellas viejas creencias paganas. De hecho, es  posible que el mismísimo nombre Escandinavia aluda a la diosa de los esquiadores, Skaade.

A pesar de haber formado parte esencial de la vida escandinava durante centurias, hubo que esperar al siglo XIX para que el esquí de fondo adquiriera difusión internacional. Fue entonces cuando los noruegos se dieron a la tarea de perfeccionar los esquís tradicionales, haciéndolos más estrechos, finos y puntiagudos, e inventaron un sistema de correas para sujetar el tobillo y el talón, sistema precursor de los mecanismos de fijación modernos. No tardó en organizarse una serie de certámenes en la región montañosa de Telemark, que abarca parte del centro y sur de Noruega, donde parece haber tenido lugar la primera carrera cronometrada de la que hay registro: el ganador cubrió el trayecto de cinco kilómetros en media hora. Si bien aquellos concursos deportivos se popularizaron con rapidez en el norte de Europa, fue otro acontecimiento el que dio a conocer el esquí de fondo al resto del mundo.

En 1888, el explorador noruego Fridtjof Nansen dirigió una expedición a través de Groenlandia en esquís y narró sus vivencias en un libro, traducido en 1891 al alemán, al francés y al inglés. Cautivó la imaginación de sus lectores victorianos con sus relatos sobre la extenuante travesía por el inhóspito territorio ártico y despertó en ellos el deseo idealista de conquistar aquel mundo indómito.

Posteriormente, durante la década que se inició en 1960, el esquí turístico familiar se organizó y se promovió a mayor escala. Por todas partes empezaron a surgir centros especializados en la modalidad de fondo. Los fabricantes de artículos deportivos se percataron de ese hecho y lanzaron al mercado nuevos y sofisticados equipos. Hasta el mundo de la moda entró en el cuadro, dándole un toque de elegancia a la indumentaria. Cuando el público reclamó espacios para dicho deporte, muchas autoridades municipales se apresuraron a acondicionar cualquier terreno que hubiera disponible, incluidos campos de golf y parques urbanos.

Beneficios físicos

El esquí de fondo está catalogado como uno de los deportes populares más seguros. Aunque una caída puede ocasionar leves torceduras, las lesiones graves son raras y por lo general ocurren cuando el esquiador se aventura en terreno empinado y accidentado.

 Dado que los movimientos son rítmicos y suaves, hay muy poco riesgo de lastimar las articulaciones o los músculos por fricción excesiva o conmoción. Los especialistas en medicina deportiva suelen prescribir esta actividad en el caso de lesiones causadas al correr o al ir en bicicleta, pues es una de las pocas en las que intervienen la mayoría de los grupos musculares. De este modo, se somete al organismo a una sesión completa de ejercicios que resultan provechosos para el corazón y los pulmones, y que contribuyen a mantener la presión sanguínea y el pulso por debajo de los índices de las personas sedentarias. De ahí que se tenga a los esquiadores de fondo entre las personas más atléticas del mundo.

Dado que este deporte combina el bajo riesgo de lesiones con los movimientos suaves y vigorosos, resulta ideal para los ancianos. En varias naciones del norte de Europa es muy común verlos esquiando en el campo.

Puesto que este tipo de ejercicio genera una extraordinaria cantidad de calor corporal, permite sentirse cómodo a temperaturas exteriores bastante bajas. Aun en los días más helados es normal que los profesionales vistan trajes delgados de una sola pieza, muchas veces sin guantes; no obstante, los principiantes deben abrigarse bien las extremidades. Los aficionados con experiencia por lo general se visten por capas: comienzan con una prenda de lana o material sintético y terminan con ropa que los proteja del agua y del viento. De este modo, regulan la temperatura corporal y se ponen cómodos con solo quitar o agregar capas, según lo necesiten. Los padres prudentes se asegurarán de que sus pequeños lleven ropa adecuada, ya que se enfrían mucho más rápido que los adultos. Como la piel de los niños pierde calor fácilmente, corren el riesgo de congelarse.

Añádalo a sus experiencias invernales

“Si sabe andar, sabe esquiar”, es el eslogan de muchos amantes del esquí de fondo, y se funda en el hecho de que sus movimientos son muy parecidos a los que se emplean al caminar. Aunque sea verdad hasta cierto grado, a la mayoría nos vendría bien pasar una o dos horas con un buen entrenador. Los centros de esquí ofrecen clases particulares o en grupo, que en poco tiempo enseñan a los principiantes lo fundamental: desplazarse en los llanos, subir cuestas, dominar el descenso y, por supuesto, frenar. Con estas destrezas básicas, la mayoría de los esquiadores estarán preparados para hacer frente al terreno.

“Ningún otro deporte tonifica tanto los músculos y aporta al cuerpo tanta fortaleza y elasticidad como este”, dijo Fridtjof Nansen en 1890 sobre el esquí de fondo. Si decide probarlo, es posible que también lo disfrute y le añada un poco de emoción a sus experiencias invernales.

[Ilustraciones de las páginas 24 y 25]

El esquí de fondo es relativamente barato, y lo pueden practicar personas de todas las edades

[Ilustración de la página 26]

Antiguos esquís descubiertos en Voss (Noruega)

[Reconocimiento]

Foto: © Universitetets kulturhistoriske museer, Eirik Irgens Johnsen

[Ilustración de la página 26]

Pintura rupestre de un esquiador

[Reconocimiento]

Foto: Inge Ove Tysnes / Syv søstre forlag