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El asombroso mejillón revela sus secretos

El asombroso mejillón revela sus secretos

 El asombroso mejillón revela sus secretos

¿QUÉ produce un superpegamento resistente al agua, actúa como una aspiradora y hasta da lecciones de reparación génica a los científicos? El humilde mejillón.

Este molusco bivalvo se encuentra en todo el mundo, tanto en aguas saladas como dulces, dependiendo de la especie. Su blando cuerpo está cubierto por un órgano llamado manto, con forma de repliegue cutáneo, que, como en el caso de todos los moluscos, mezcla el calcio y el dióxido de carbono que extrae de lo que come y del agua circundante, para formar la concha. Si el ser humano quisiera igualar esta hazaña, tendría que comer piedras, procesarlas en su aparato digestivo y expelerlas transformadas en materiales de construcción prefabricados que automáticamente se convirtieran en paredes y techos. Pero lo que apasiona a los investigadores no es la concha del mejillón marino, sino el pie.

El superpegamento

Si trata de arrancar un mejillón de la roca, notará lo adherido que está; y es indispensable que lo esté para poder resistir el afilado pico de una hambrienta ave marina o el embate de las olas. ¿Cómo consigue aferrarse tanto? Cuando escoge dónde establecerse, saca el pie, que tiene forma de lengua, y lo presiona contra una superficie sólida. Unas glándulas especiales segregan una sustancia proteínica viscosa que resbala por un canal a lo largo del pie y se endurece enseguida, convirtiéndose en un filamento elástico de unos dos centímetros de longitud. A continuación, una especie de almohadilla minúscula situada en el extremo del filamento suelta una gotita de adhesivo natural, el mejillón levanta el pie y el primer anclaje queda listo. Estas hebras estratégicamente colocadas forman el biso, madeja que amarra al mejillón a su nuevo lugar de residencia, tal como las cuerdas tensoras sujetan una tienda de campaña. El proceso entero apenas dura tres o cuatro minutos (véase la ilustración).

Imagínese lo útil que sería disponer de un pegamento potente que no fuese tóxico y cuya flexibilidad le permitiera penetrar en los rincones más pequeños y adherirse a todo tipo de superficie, incluso bajo el agua. A los ingenieros navales les vendría muy bien para reparar buques sin incurrir en el gasto de ponerlos en dique seco. A los que reparan carrocerías les gustaría contar con una pintura resistente al agua que impidiese la oxidación. Los cirujanos apreciarían un adhesivo inocuo para unir huesos rotos y cerrar heridas. Los dentistas lo utilizarían para hacer empastes y arreglar dientes partidos. La lista de aplicaciones parece interminable.

No obstante, la ciencia no piensa obtener dicho superpegamento de los propios mejillones. Dado que para un solo gramo de esa sustancia prodigiosa se necesitarían unos diez mil ejemplares, la demanda mundial llevaría a la extinción a todas sus especies, muchas de las cuales ya se encuentran amenazadas. En lugar de ello, un equipo de investigadores estadounidenses ha aislado y clonado los genes de cinco de sus proteínas adhesivas, y está a punto de fabricarlas en serie en el laboratorio para que las industrias las  prueben. En Gran Bretaña también se realizan investigaciones tocante a una de estas proteínas. Sin embargo, el mejillón sigue llevándoles la delantera a los científicos, pues solo él conoce instintivamente la combinación exacta de proteínas que hace falta para cada tipo de superficie. De ahí que Frank Roberto, biólogo molecular, pregunte con admiración: “¿Cómo van a imitar eso?”.

Una aspiradora

Los mejillones se alimentan filtrando el agua que los rodea. En la mayoría de las especies, cada uno aspira diariamente varios litros y extrae no solo alimentos y oxígeno, sino también agentes contaminantes, como bacterias nocivas y sustancias químicas tóxicas. Esta capacidad los convierte en espléndidas depuradoras, así como en útiles sistemas de detección precoz de la contaminación acuática. Tanto es así que se han depositado centenares de mejillones alrededor del yacimiento petrolífero de Ekofisk, frente a la costa de Noruega, y cada pocos meses los técnicos los sacan para medir la cantidad de contaminación que hay en sus conchas y averiguar si los vertidos químicos perjudican la vida marina. El Mussel Watch Project, que opera en las aguas costeras e interiores de Norteamérica, lleva utilizando mejillones y ostras con ese fin desde 1986. Al inspeccionarlos anualmente para ver si han acumulado en su interior sustancias químicas, los investigadores detectan si ha habido cambios en la calidad del agua. ¡Qué útiles!

Al mejillón cebra, una especie de agua dulce del tamaño de la uña del pulgar, suele vérsele como una plaga. Es originario de  Europa oriental y probablemente fue introducido en Norteamérica por accidente a mediados de la década de 1980 cuando un transatlántico descargó su agua de lastre. Lejos de sus enemigos naturales, proliferó en los Grandes Lagos y vías fluviales colindantes, y causó daños por valor de millones de dólares al obstruir las tuberías de entrada de agua y recubrir barcos, muelles y puentes. Además, desplazó algunas especies de mejillón autóctonas.

No obstante, hay un aspecto positivo. Como estos mejillones son filtradores por excelencia, limpian enseguida los turbios lagos al engullir las algas flotantes, con lo que las plantas verdes subacuáticas pueden volver a crecer y servir de hábitat para otras formas de vida. Los científicos se plantean utilizar dicha capacidad para limpiar de bacterias perjudiciales los abastecimientos públicos de agua y hasta eliminar los residuos de las plantas de tratamiento de aguas.

Otras funciones

¿Sabía que ciertas especies de agua dulce producen perlas, en ocasiones de considerable valor? Si ha tenido alguna joya con incrustaciones de nácar o una prenda con botones de nácar, es muy posible que este procediera del interior de la concha del mejillón. Esa brillante e irisada sustancia también suele utilizarse en la industria de las perlas cultivadas. Para obtenerlas, se inserta en una ostra una diminuta partícula de nácar de mejillón a fin de que esta recubra el objeto irritante con capas de nácar hasta producir una perla.

Algunos mejillones marinos también son comestibles. Por siglos se ha saboreado su delicada y nutritiva carne preparada de diversas maneras. En los hogares franceses se comen a la marinera (moules marinière), cocinados al vapor en un caldo de vino blanco y ajos chalotes. Los españoles los prefieren en el colorido plato llamado paella, y los belgas los sirven en una gran olla humeante acompañados de papas fritas. El cultivo comercial de estos sabrosos mariscos es un gran negocio en todo el mundo, aunque en algunos países europeos todavía lo explotan empresas familiares. Una advertencia: si piensa probarlos, asegúrese de que procedan de una fuente confiable, y nunca los recoja en la playa a menos que tenga la total certeza de que el agua no está contaminada.

¿Quién sabe qué otros secretos revelarán los mejillones? Al fin y al cabo, se cree que algunos de ellos llegan a vivir más de un siglo. Estos moluscos tienen un pequeño corazón que bombea sangre transparente, pero no poseen cerebro. ¿Cómo realizan, entonces, todas esas maravillas? La Biblia responde: “Muestra tu preocupación a la tierra, y ella te instruirá; y los peces del mar te lo declararán. ¿Quién entre todos estos no sabe bien que la misma mano de Jehová ha efectuado esto[?]” (Job 12:8, 9).

[Ilustración y recuadro de la página 24]

El reparador génico

El mejillón abisal Bathymodiolus vive en uno de los lugares más hostiles del planeta, la dorsal medioatlántica, donde las fuentes hidrotermales expulsan por sus aberturas sustancias químicas sumamente tóxicas que van dañando la composición genética del molusco. Pero gracias a unas enzimas especiales, este repara su ADN de continuo. La ciencia está estudiando dichas enzimas con la esperanza de descubrir la manera de reparar el ADN humano deteriorado por la enfermedad o la vejez.

[Ilustración de la página 23]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

Método de anclaje que utilizan muchos mejillones

Pie

Tallo

Filamentos del biso

Filamento

Placa

[Ilustración de la página 22]

Los mejillones son magníficos depuradores de agua

[Reconocimiento]

Ontario Ministry of Natural Resources/Michigan Sea Grant

[Ilustraciones de la página 23]

Mejillón verde

Mejillón azul

Mejillón cebra

Mejillón californiano

Mejillón Villosa iris

(No están representados a escala)

[Reconocimiento]

Mejillón verde: por gentileza de Mote Marine Laboratory; mejillón cebra: S. van Mechelen/Universidad de Amsterdam/Michigan Sea Grant; mejillón Villosa iris y extremo inferior izquierdo: © M. C. Barnhart

[Ilustración de la página 24]

Paella, colorido plato español que suele contener mejillones