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Por fin, la solución

Por fin, la solución

 Por fin, la solución

IMAGINE un mundo en el que todos los niños se sientan de verdad valorados y amados, un mundo en el que todos ellos tengan la ventaja de contar con padres amorosos que se preocupen por su bienestar y que deseen sinceramente darles la mejor guía y dirección que les sea posible. Imagine un mundo donde todos los niños estén sanos física y mentalmente, donde no se encuentre en ningún lugar a chicos de la calle y donde no se les prive de su infancia porque la necesidad económica les obliga a trabajar.

¿Deseable? Por supuesto. ¿Creíble? Sí para los testigos de Jehová, por dos razones.

Los padres son parte de la solución

Sin duda concordará en que los adultos pueden, si quieren, remediar —y a veces incluso prevenir— algunos de los problemas que afectan  a la infancia. Por ello, en parte, la solución la tienen los mismos padres.

Por ejemplo, cuando los adultos siguen el consejo bíblico de que “la esposa no debe irse de su esposo [...] y el esposo no debe dejar a su esposa”, los hijos no sufren a consecuencia de un hogar roto por el divorcio o la separación (1 Corintios 7:10, 11).

Cuando los adultos están dispuestos a seguir el consejo bíblico de “and[ar] decentemente, no en diversiones estrepitosas y borracheras”, los hijos no padecen la angustia que conlleva tener padres alcohólicos o drogadictos (Romanos 13:13; Efesios 5:18).

Cuando los adultos están dispuestos a seguir el consejo bíblico de ‘abstenerse de la fornicación’, reducen el riesgo de tener hijos no deseados o de que los niños sientan que nadie los quiere, al criarse quizás en una familia monoparental (1 Tesalonicenses 4:3; Mateo 19:9).

Cuando los adultos están dispuestos a seguir el consejo bíblico: “No estén exasperando a sus hijos, para que ellos no se descorazonen”, y ‘aman a sus hijos’, estos no sufren el dolor del maltrato físico ni emocional en ninguna de sus formas (Colosenses 3:21; Tito 2:4).

En resumen, ¿habría millones de niños que no se sintieran queridos si todos los adultos estuvieran dispuestos a seguir el consejo bíblico que dio Jesús: “Por lo tanto, todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos”? (Mateo 7:12.)

Felizmente, hay muchos adultos que están dispuestos a cumplir con lo anterior. Pero, por desgracia, no son todos, y es ahí donde radica el problema. Además, hasta quienes están dispuestos a hacerlo descubren que la imperfección humana y otros factores que escapan de su control a menudo frustran sus iniciativas. Los seres humanos pueden facilitar parte de la solución a los problemas de la infancia, pero queda patente que son incapaces de aportar la solución total.

Un gobierno divino brindará la solución total

El escritor John Ruskin, mencionado en el artículo anterior, creía firmemente que “el deber primario de un Estado es asegurarse de que todo niño que nazca en su seno tenga buena vivienda, ropa, alimento y educación hasta que alcance la madurez”. Ruskin admitió, sin embargo, que “a fin de [lograrlo,] el Gobierno debe poseer sobre el pueblo tal grado de autoridad que ahora ni siquiera podemos imaginar”.

Solo un gobierno con respaldo divino podría poseer la autoridad benévola a la que se refirió el escritor antes citado. Pues bien, es ese tipo de gobierno lo que precisamente se ha prometido: el que Jesús mencionó en Mateo 6:9, 10. Cuando el gobierno constituido por Dios haya tomado el control absoluto de la Tierra, ejercerá su autoridad sobre todos los pueblos y proporcionará vivienda, ropa, alimento y educación a todos sus súbditos, incluidos los niños (Isaías 65:17-25). Pero este gobierno perfecto logrará aún más.

Bajo el Reino de Dios, los seres humanos podrán dar a sus hijos una crianza equilibrada (Job 33:24-26). Los pequeños crecerán en un ambiente de paz y fraternidad universal, como se expone en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (Salmo 46:8, 9). Nunca más será necesario un año internacional del niño ni una convención sobre los derechos del niño.

Devolver la salud perfecta a los padres y a sus hijos discapacitados será una tarea sencilla para Cristo Jesús, el Rey de este gobierno celestial. Las curaciones milagrosas que realizó mientras estuvo en la Tierra son una garantía de ese hecho (Lucas 6:17-19; Juan 5:3-9; 9:1-7). Ni siquiera la resurrección de quienes han fallecido, sean los niños o sus padres, escapará a su poder (Mateo 9:18-25).

¡Qué alegría saber que está cerca el momento de que Dios actúe en favor de los niños del mundo!

 [Ilustraciones y recuadro de la página 12]

Ayuda para la juventud

Los testigos de Jehová están muy interesados tanto en ayudar a los jóvenes a evitar problemas como en mostrarles la mejor manera de afrontar aquellos que son inevitables. Por esa razón, con el transcurso de los años han editado varias ayudas encaminadas a satisfacer las necesidades de la infancia y la juventud: desde preescolares hasta adolescentes. Entre dichas publicaciones se hallan Mi libro de historias bíblicas y Lo que los jóvenes preguntan. Respuestas prácticas, así como la videocinta titulada Young People Ask—How Can I Make Real Friends? (Los jóvenes preguntan... ¿Cómo conseguir amigos verdaderos?). Puede obtenerlos por medio de los testigos de Jehová de su localidad o escribiendo a los editores de esta revista.

En cuanto a sus propios hijos, los testigos de Jehová les demuestran que los valoran y los aman analizando con ellos sus problemas periódicamente. Muchas veces, los padres se basan en la excelente información contenida en los manuales de estudio mencionados antes para tener un programa de educación juvenil progresivo y constante. Es posible que usted también quiera seguir un método parecido con sus hijos.