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¿Qué trascendencia tendría la unidad de Europa?

¿Qué trascendencia tendría la unidad de Europa?

 ¿Qué trascendencia tendría la unidad de Europa?

SALTARON los tapones del champán y estallaron los fuegos artificiales iluminando el firmamento. No, no se festejaba un nuevo milenio, sino un suceso probablemente más crucial que el simple cambio de año en los almanaques. Se trataba del 1 de enero de 1999, día en que se realizó la presentación oficial de la nueva moneda única de la Unión Europea (UE): el euro.

Para muchos de sus ciudadanos, la introducción de la divisa común constituye un hito en el largo camino hacia la unidad del Viejo Continente. El diario holandés De Telegraaf aclamó la llegada de la moneda como el “coronamiento de la unificación europea”. En efecto, tras décadas de sueños, relaciones diplomáticas y demoras, la meta se ve más cerca que nunca.

No obstante, quienes viven fuera de esta comunidad internacional quizás se pregunten a qué viene tanta algarabía. Tal vez piensen que el euro y las gestiones encaminadas a la citada unificación apenas tienen relevancia en su vida cotidiana. Sin embargo, tal consolidación supondría el surgimiento de uno de los bloques económicos más grandes del mundo, lo que significaría que sería imposible pasar por alto a la Europa unida, sin importar dónde viviera uno.

Por ejemplo, un político estadounidense, el secretario adjunto de Estado Marc Grossman, dirigió recientemente estas palabras a un público norteamericano: “Nuestra prosperidad está ligada a Europa”. ¿Por qué? Entre otros motivos, indicó que “uno de cada doce trabajadores fabriles estadounidenses está empleado en uno de los cuatro mil negocios que los empresarios europeos poseen en Estados Unidos”. Se dice, además, que la nueva moneda pudiera incidir en el precio que tienen los artículos importados, así como en los tipos hipotecarios, en países situados lejos del Viejo Continente.

Es posible que las naciones en desarrollo resulten beneficiadas. Según cierto estudio, esta sería la razón para ello: “Al sustituir por el euro las diversas monedas de la UE, se simplificarán las relaciones comerciales que mantienen con ella los países en vías de desarrollo”. Además, hay quienes vaticinan que este paso será ventajoso para las compañías japonesas y estadounidenses que comercian en Europa. El euro eliminará los fluctuantes tipos de cambio entre los países comunitarios. Así pues, pudiera resultar más económico hacer negocios allí.

Si uno piensa desplazarse al Viejo Continente, quizás le favorezca también la nueva unidad, pues dentro de poco podrá adquirir artículos y servicios en varios de sus países con una sola moneda, el euro, de valor semejante al del dólar. Atrás quedarán los días en que el confuso turista hacía malabarismos con florines, francos, liras, marcos alemanes y calculadoras.

Pero las gestiones encaminadas a unir Europa ofrecen algo aún más atrayente: esperanza. Recordemos que allí hacía estragos la guerra hace solo unas décadas. Si se analiza desde este ángulo, la unificación es todavía más sorprendente. De ahí que en todo el mundo se observe con atención este fenómeno.

Muchos no han podido menos que preguntarse si, después de todo, la unidad mundial será una meta factible. Sin duda es un objetivo tentador. ¿Conseguirán los pasos que ha dado Europa en pro de la integración de sus países situar al hombre más cerca de la unidad mundial? Antes de analizar esta cuestión, analicemos desapasionadamente el proceso europeo. ¿Qué obstáculos quedan por eliminarse en el camino a su consolidación?

 [Recuadro de la página 4]

¿PASOS HACIA LA UNIDAD?

La unidad europea no es un concepto totalmente nuevo. Ya existió una cierta cohesión en tiempos del Imperio romano, y luego durante los reinados de Carlomagno, primero, y de Napoleón I, después. En todos estos casos se impuso la integración por la fuerza de las armas. Pero después de la segunda guerra mundial, varios países asolados por la contienda vieron necesario crear una unidad basada en la cooperación. Tales naciones esperaban que las labores conjuntas propiciaran la recuperación económica e impidieran que se repitiesen los conflictos bélicos. He aquí algunos pasos históricos que desembocaron en el estado de cosas actual:

1948 Centenares de políticos europeos, reunidos en la ciudad neerlandesa de La Haya, hacen esta promesa: “Nunca volveremos a guerrear entre nosotros”.

1950 Francia y Alemania deciden colaborar a fin de proteger sus industrias del carbón y del acero. Al adherírseles otros países, acaba formándose la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). La CECA, que entró en vigor en 1952, estaba constituida por Alemania occidental, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos.

1957 Los seis estados miembros de la CECA establecen otros dos organismos: la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom).

1967 La CEE se fusiona con la CECA y la Euratom para formar la Comunidad Europea (CE).

1973 La CE admite a Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido.

1981 Grecia se afilia a la CE.

1986 Portugal y España se integran en la CE.

1990 La CE se amplía aún más al incorporarse Alemania oriental tras su reunificación con Alemania occidental.

1993 Las gestiones encaminadas a conseguir una mayor unidad económica y política de los estados comunitarios condujeron a la creación de la Unión Europea (UE).

2000 La UE consta de quince estados miembros: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, Reino Unido y Suecia.

[Ilustración de la página 3]

El euro sustituirá a muchas monedas europeas

[Reconocimiento de la página 3]

Los euros y símbolos del euro de las págs. 3, 5, 6 y 8: © Instituto Monetario Europeo