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Una actitud apacible demuestra sabiduría

Una actitud apacible demuestra sabiduría

Toñi se dedica a cuidar personas mayores o enfermas. Un día llegó a una casa y, al tocar a la puerta, salió una señora de mediana edad. La señora la insultó por no haber llegado antes para cuidar de su madre. Pero aunque Toñi no había llegado tarde, se disculpó amablemente por el malentendido.

EN LA siguiente ocasión, la señora la volvió a insultar. ¿Qué hizo Toñi? Ella cuenta: “Era una situación muy desagradable y sus ataques eran injustificados”. Con todo, Toñi se disculpó nuevamente y le dijo que entendía que lo estaba pasando muy mal.

Si usted hubiera estado en su lugar, ¿cómo habría reaccionado? ¿Habría intentado mantener la calma y ser apacible? ¿Le hubiera costado mucho controlarse? Claro, no es fácil mantener la compostura en una situación como esa. Ser apacible es un auténtico desafío cuando alguien nos provoca o si nos vemos sometidos a mucha presión.

Sin embargo, la Biblia nos aconseja ser apacibles. De hecho, relaciona el carácter agradable y tranquilo con la sabiduría. Santiago 3:13 dice: “¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestre por su conducta excelente sus obras con una apacibilidad que pertenece a la sabiduría”. ¿Por qué dice eso la Biblia? ¿En qué sentido es la apacibilidad una muestra de la sabiduría que  proviene de Dios? ¿Y qué nos ayudará a desarrollar esta cualidad cristiana?

POR QUÉ ES SABIO SER APACIBLE

Calma los ánimos. “La respuesta, cuando es apacible, aparta la furia, pero la palabra que causa dolor hace subir la cólera” (Prov. 15:1).

Reaccionar con furia añade leña al fuego y puede hacer que una situación incómoda se agrave (Prov. 26:21). En cambio, una respuesta apacible ayuda a disipar la tensión. Incluso puede hacer que la persona enojada se tranquilice.

Toñi pudo comprobar que eso funciona. Al ver su reacción calmada, la mujer se echó a llorar. Le explicó que se sentía abrumada por problemas personales y familiares. Toñi pudo predicarle y empezó a darle clases de la Biblia; todo gracias a que demostró un espíritu calmado y apacible.

Nos hace felices. “Felices son los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra” (Mat. 5:5).

Muchas personas que han cambiado su personalidad agresiva por una apacible son ahora muy felices. ¿Por qué? Porque tienen una mejor calidad de vida y saben que les espera un futuro maravilloso (Col. 3:12). Adolfo, un superintendente de circuito que sirve en España, logró hacer este cambio. Veamos cómo era su vida antes.

“Mi vida era un sinsentido —explica—. Perdía tanto el control que hasta algunos amigos míos se asustaban con mis reacciones arrogantes y violentas. Un punto de inflexión para mí fue cuando en una pelea me dieron seis puñaladas. Empecé a perder sangre, y vi la muerte muy de cerca”.

Hoy Adolfo recomienda a todos cultivar un genio apacible y se esfuerza por dar un buen ejemplo. A muchos les encanta estar con él porque es una persona cariñosa y agradable. Está muy contento con los cambios que ha hecho y le da gracias a Jehová por ayudarlo a convertirse en alguien apacible.

Hace feliz a Jehová. “Sé sabio, hijo mío, y regocija mi corazón, para que pueda responder al que me está desafiando con escarnio” (Prov. 27:11).

Jehová está siendo provocado por su archienemigo, el Diablo. Y aunque los insultos de Satanás le dan motivos para sentirse furioso, la Biblia dice que él es “tardo para la cólera” (Éx. 34:6). Cuando nos esforzamos por ser pacientes y apacibles como Jehová, demostramos sabiduría, y eso le agrada muchísimo (Efes. 5:1).

Vivimos en un mundo hostil y nos vamos a topar con individuos “presumidos, altivos, blasfemos, [...] calumniadores, sin autodominio, feroces” (2 Tim. 3:2, 3). Pero eso no es una excusa para dejar de esforzarnos por ser apacibles. La Palabra de Dios nos recuerda que “la sabiduría de arriba es [...] pacífica, razonable” (Sant. 3:17). Si somos pacíficos y razonables, demostraremos que hemos hecho nuestra la sabiduría divina. Esa sabiduría nos moverá a responder con apacibilidad ante las provocaciones. Y así nos acercaremos cada vez más a la fuente de infinita sabiduría, Jehová.