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Busquemos algo mejor que el oro

Busquemos algo mejor que el oro

¿Ha encontrado alguna vez una pepita de oro? A muy pocos les ha sucedido. Sin embargo, millones de personas han descubierto algo mejor. Se trata de la sabiduría divina, que no es posible comprar ni siquiera con “oro puro” (Job 28:12, 15).

EN CIERTO sentido, quienes estudian la Biblia con la mente abierta son como buscadores de oro, pues tienen que esforzarse mucho y seguir profundizando para obtener la valiosa sabiduría que se encuentra en las Escrituras. Veamos tres métodos que se utilizan para buscar este metal precioso y cómo se relacionan con nuestro estudio bíblico.

¡UNA PEPITA DE ORO!

Imagínese que está paseando por la orilla de un río y ve lo que parece ser una piedrecita que refleja la luz del sol. Se agacha y descubre con emoción que es una pepita de oro. Es más pequeña que la cabeza de un fósforo y más difícil de hallar que un diamante de alta calidad. Por supuesto, sigue buscando alrededor para ver si encuentra más.

De modo parecido, quizás algún tiempo atrás un testigo de Jehová lo visitó para hablarle de la esperanza que dan las Santas Escrituras para el futuro. Probablemente recuerde bien el día en que descubrió su primera “pepita de oro” en sentido espiritual: posiblemente al ver el nombre de Dios en la Biblia o quizás al aprender que podía ser su amigo (Sal. 83:18; Sant. 2:23). Inmediatamente se dio cuenta de que había encontrado algo mejor que el oro. Ansiaba hallar más.

¡HAY MÁS!

En una sola temporada, los laboriosos buscadores de oro pueden recoger varios kilos de oro aluvial, que valen decenas de miles de dólares. Este es el nombre que recibe el oro que a veces se acumula en forma de partículas o escamas en los ríos y arroyos.

Al empezar a estudiar la Biblia con los testigos de Jehová, quizá se haya sentido como un buscador de oro que lava la arena en una bandeja para encontrar el preciado metal. Algo que lo ayudó a aumentar su conocimiento y enriquecer su espiritualidad fue meditar en los versículos bíblicos que iba leyendo. Mientras más comprendía estas preciosas verdades, más aprendió a acercarse a Jehová y seguir recibiendo su amor, con la esperanza de tener vida eterna (Sant. 4:8; Jud. 20, 21).

Igual que un buscador de oro trabaja duro para hallar el valioso metal, ¿se esfuerza usted por aprender las preciosas verdades bíblicas?

 Tal como el que busca oro se esfuerza por encontrar el valioso mineral en el río, quizás usted ha buscado con diligencia los tesoros espirituales. Lo más seguro es que eso lo ha llevado a aprender las verdades bíblicas fundamentales y a sentirse motivado a dar los pasos para dedicar su vida a Dios y bautizarse (Mat. 28:19, 20).

SIGA BUSCANDO

A veces, los buscadores de oro encuentran pequeñas cantidades en rocas ígneas. Algunas contienen suficiente concentración del preciado metal como para triturarlas y extraerlo. A primera vista, quizás no se distinga. ¿Por qué no? Debido a que en una tonelada de material puede que haya solamente 10 gramos (0,3 onzas troy) de oro. Aun así, para el que lo busca, vale la pena hacer el esfuerzo de extraerlo.

También se requiere esfuerzo para ir más allá de “la doctrina primaria acerca del Cristo” (Heb. 6:1, 2). Hay que poner empeño al estudiar la Palabra de Dios para extraer puntos nuevos y lecciones prácticas. ¿Qué puede hacer a fin de que su estudio sea productivo aunque lleve años examinando las Escrituras?

No pierda las ganas de aprender. Preste atención cuidadosa a los detalles. Siga esforzándose y hallará valiosas “pepitas” espirituales de sabiduría y guía divinas (Rom. 11:33). Al usar las herramientas de investigación disponibles en su idioma, aumentará su conocimiento de las Escrituras. Busque la guía que necesite y las respuestas a sus preguntas bíblicas. Pregunte a otros qué textos bíblicos y artículos los han ayudado y fortalecido más, y hable con ellos sobre los puntos interesantes que haya descubierto durante su estudio de la Palabra de Dios.

Claro, no queremos sencillamente aprender muchos datos. El apóstol Pablo advirtió que el conocimiento podría volvernos orgullosos (1 Cor. 8:1). Por lo tanto, luche por seguir siendo humilde y fortalecer su fe. La adoración en familia y el estudio personal de la Biblia lo ayudarán a vivir en armonía con las normas de Jehová y lo motivarán a ayudar a otros. Sobre todo, usted se alegrará porque habrá encontrado algo mucho mejor que el oro (Prov. 3:13, 14).