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La generosidad nos hace felices

La generosidad nos hace felices

“EL AUTOBÚS puede irse, ¡pero el chino se queda!”. Eso fue lo que Alexandra oyó desde su asiento mientras esperaba para cruzar la frontera entre dos países de Sudamérica. Cuando bajó a ver qué pasaba, vio a un joven chino que, con el poco español que sabía, trataba de explicarle el problema que tenía a un agente de fronteras. Como Alexandra pertenecía a una congregación de habla china de los testigos de Jehová, se ofreció a servir de intérprete.

El hombre dijo que era residente legal en el país, pero que le habían robado sus documentos y el dinero. Al principio, el agente no le creyó y hasta sospechó que Alexandra estaba implicada en el tráfico de personas. Finalmente, aceptó la explicación del pobre pasajero, quien tuvo que pagar una multa por no tener la documentación necesaria. Alexandra se ofreció a prestarle 20 dólares. El hombre no paraba de darle las gracias y le prometió que le devolvería esa cantidad y más. Alexandra le explicó que no esperaba recibir una recompensa, y que estaba feliz de haberlo ayudado porque eso era lo correcto. También le dio algunas publicaciones bíblicas y lo animó a estudiar la Biblia con los Testigos.

Siempre es conmovedor escuchar historias de muestras de generosidad a completos desconocidos. Sin duda, tanto personas religiosas como quienes afirman no tener una religión realizan actos como el de Alexandra. Pero ¿habría estado usted dispuesto a ser tan altruista? Esta pregunta es importante, pues Jesús dijo: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Además, esta cuestión también es de interés científico porque se ha descubierto que ser generosos nos hace bien. Veamos de qué maneras.

EL “DADOR ALEGRE”

La experiencia demuestra que ser generoso y ser feliz van de la mano. El apóstol Pablo escribió que “Dios ama al dador alegre”. Él estaba hablando de cristianos que hicieron donaciones generosas para socorrer a otros compañeros de creencia que estaban pasando dificultades (2 Corintios 8:4; 9:7). Pablo no dijo que ellos eran generosos porque eran felices, sino que eran felices porque eran generosos.

En efecto, según cierto estudio, la generosidad “activa regiones del cerebro vinculadas con el placer, con las relaciones interpersonales y con la confianza, lo que genera una sensación de bienestar”. Otro estudio reveló que “quienes le daban dinero a alguien se sentían más felices que quienes se lo gastaban en sí mismos”.

¿Alguna vez ha pensado que sus circunstancias no le permiten hacer tanto como quisiera? La verdad es que todos podemos experimentar la felicidad que siente el “dador alegre”. Cuando damos con el motivo correcto, la cantidad no tiene que ser grande. Una testigo de Jehová envió una donación a los editores de esta revista con un mensaje que decía: “Durante todos estos años solo he podido dejar  pequeños donativos en el Salón del Reino”. Y agregó: “Jehová me ha devuelto mucho más de lo que yo he contribuido. [...] Gracias por aceptar lo que doy; me hace sentir bien”.

Por supuesto, la generosidad no se limita a dar dinero; hay muchas otras formas de demostrarla.

SER GENEROSO ES BUENO PARA LA SALUD

La generosidad le hace bien al que da y al que recibe.

La Biblia dice que si alguien es bueno, se beneficia, pero si es cruel, se perjudica (Proverbios 11:17). Las personas buenas son generosas y están dispuestas a dar de su tiempo y energías, entre otras cosas. Esta forma de vivir las beneficia de muchas maneras, una de las más significativas es que es buena para su salud.

Algunas investigaciones indican que quienes ayudan a otros sufren menos malestares físicos y emocionales. En general, disfrutan de mejor salud. Esto es cierto incluso en el caso de quienes tienen problemas de salud graves como la esclerosis múltiple o el VIH. También se ha demostrado que cuando las personas alcohólicas en recuperación ayudan a otros, tienen menos probabilidades de caer en depresión o de volver a beber.

¿A qué se debe eso? Se cree que “la compasión, la bondad y la generosidad no dejan lugar a los sentimientos negativos”. Ser altruista también puede reducir el estrés y la presión arterial. Además, quienes han enviudado dejan de manifestar síntomas de depresión más pronto cuando ofrecen ayuda a otras personas.

No hay duda de que ser generosos contribuye a nuestro bienestar.

LA GENEROSIDAD ES CONTAGIOSA

Jesús les dijo a sus discípulos: “Practiquen el dar, y se les dará. Derramarán en sus regazos una medida excelente, apretada, remecida y rebosante. Porque con la medida con que ustedes miden, se les medirá en cambio” (Lucas 6:38). Cuando somos generosos, es muy probable que las personas nos lo agradezcan y también sean generosas. En efecto, esta cualidad fomenta la cooperación y la amistad.

La generosidad fomenta la cooperación y la amistad.

Ciertos estudios sobre las relaciones interpersonales indican que “quienes habitualmente muestran altruismo motivan a otros a hacer lo mismo”. En realidad, “tan solo leer sobre actos de extraordinaria bondad hace que la gente sea más generosa”. De ahí que, según un estudio, “cada uno de nosotros puede influir en decenas o incluso cientos de personas, sin importar si las conoce o no”. En otras palabras, un solo acto de generosidad puede iniciar una reacción en cadena entre personas de una comunidad. ¿No le gustaría vivir en un lugar así? Queda claro que si más personas fueran generosas, todos nos beneficiaríamos.

Un ejemplo del efecto positivo de ser generosos es algo que sucedió en Florida (Estados  Unidos). Tras el paso de un fuerte huracán, un grupo de testigos de Jehová se hizo disponible para realizar labores de socorro. Mientras esperaban los materiales para reparar una casa, los voluntarios se dieron cuenta de que la cerca de un vecino estaba dañada y se ofrecieron a repararla. Poco después, el vecino envió una carta a la central mundial de los testigos de Jehová. Escribió: “Siempre les estaré agradecido. Son de las personas más agradables que conozco”. Impulsado por su gratitud, envió una generosa contribución para lo que él llamó “la extraordinaria labor de los Testigos”.

IMITEMOS EL MEJOR EJEMPLO DE GENEROSIDAD

“Al parecer, el ser humano tiene la tendencia innata a querer ayudar a otras personas”, reveló un interesante estudio científico. Agregó que los niños “se comportan de manera altruista incluso antes de aprender a hablar”. Según la Biblia, esto se debe a que los humanos hemos sido creados “a la imagen de Dios”, es decir, que en esencia tenemos sus mismas cualidades (Génesis 1:27).

La generosidad es una de las maravillosas cualidades de nuestro Creador, Jehová Dios. Él nos ha dado la vida y todo lo que necesitamos para ser felices (Hechos 14:17; 17:26-28). La Biblia nos ayuda a conocer mejor a nuestro Padre celestial y sus amorosos propósitos para la humanidad. También revela que ha dispuesto lo necesario para nuestra felicidad futura * (1 Juan 4:9, 10). Puesto que Dios es el origen de la generosidad y nos creó a su imagen, es normal que ser generosos como él nos beneficie y nos ayude a ganarnos su aprobación (Hebreos 13:16).

¿En qué acabó la historia de Alexandra, mencionada al principio de este artículo? Otro pasajero le dijo que nunca recuperaría su dinero. Pero el hombre a quien Alexandra había ayudado llamó a unos amigos que vivían en una ciudad donde el autobús iba a parar, y así logró devolverle los 20 dólares. Además, siguió la sugerencia de Alexandra y empezó a estudiar la Biblia. Tres meses después, ella se alegró mucho de verlo nuevamente, esta vez en una asamblea en chino que los testigos de Jehová celebraron en Perú. El hombre, para agradecerle toda su ayuda, invitó a Alexandra y a quienes habían viajado con ella a la asamblea a comer a su restaurante.

No hay duda de que ser generosos y ayudar a los demás nos hace muy felices. Y si en el proceso contribuimos a que conozcan a Jehová Dios, la persona más generosa que existe, ¡mucho mejor! (Santiago 1:17). ¿Y usted? ¿Está disfrutando de los beneficios de ser generoso?

^ párr. 21 Para más información, consulte el libro ¿Qué enseña realmente la Biblia?, editado por los testigos de Jehová y disponible en Internet en jw.org. Vaya a PUBLICACIONES > OTRAS PUBLICACIONES.