Ir al contenido

Ir al índice

El fin de todos los problemas

El fin de todos los problemas

La información que Sanath acababa de escuchar acerca de Jehová le impresionó mucho, pero aún había algo que lo desconcertaba. —Si Jehová creó todas las cosas y es tan poderoso y bueno —preguntó—, ¿por qué hay tanto sufrimiento en la Tierra? ¿Por qué tenemos tantos problemas?

—Esa es una buena pregunta, y muchas personas se la han planteado —respondió Buddhika—. Al analizar las virtudes de Jehová, nos damos cuenta de que la pésima situación en la que está el mundo no puede ser lo que él deseaba para sus hijos. Entonces, ¿cuál era su propósito original para la Tierra? ¿Qué fue lo que pasó? Para entender por qué las cosas están como están, primero tenemos que contestar estas preguntas.

Buddhika le leyó a Sanath el siguiente versículo para mostrarle lo que Jehová sintió al terminar su creación terrestre.

  • “Vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno.” (Génesis 1:31.)

Su obra maestra en la Tierra fue la primera pareja humana: Adán y Eva. Tal como a todas sus demás creaciones, Jehová los hizo perfectos; quería que vivieran para siempre en el planeta. Los puso en un hermoso jardín llamado Edén, donde tenían todo lo necesario para vivir felices. No les faltaba nada (Génesis 2:8, 9). Además, Jehová les dijo que tuvieran muchos hijos y que llenaran la Tierra  y ejercieran su dominio sobre ella (Génesis 1:28). Esto significa que, con el tiempo, el mundo entero sería un paraíso habitado por una familia humana perfecta y feliz. Sin duda, tenían ante sí una magnífica perspectiva.

Pero ¿qué fue lo que echó a perder las cosas? La Biblia da esta sencilla razón:

  • “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado.” (Romanos 5:12.)

Como Padre que ama a sus hijos, Jehová les dio a Adán y a Eva ciertas normas, las cuales debían acatar a fin de vivir para siempre y seguir cuidando de aquel paraíso (Génesis 2:15-17). Y en su sabiduría, no los obligó a obedecerle. Más bien, permitió que le demostraran con su obediencia el amor que le tenían. Al igual que nosotros, ellos gozaban de libertad de elección. Entonces, ¿qué decidieron hacer?

Lamentablemente, Adán y Eva optaron por desobedecer, es decir, se rebelaron contra su Creador. De este modo pecaron, lo cual significa que perdieron la perfección. Al poco tiempo comenzaron a envejecer hasta que por fin murieron, tal como Jehová les advirtió que pasaría si no se sujetaban a sus normas (Génesis 2:17).

En vista de que todos somos descendientes de Adán y Eva, hemos heredado la imperfección, y por eso envejecemos y morimos. Pero Buddhika le aseguró a Sanath, para su tranquilidad, que el propósito de Jehová con respecto a la humanidad no ha cambiado. Nuestro amoroso Padre aún desea que vivamos en un paraíso en la Tierra. Buddhika  mostró a Sanath y a Vasana el siguiente versículo de la Biblia:

  • “Esto es lo que ha dicho Jehová, el Creador de los cielos, Él, el Dios verdadero, el Formador de la tierra y el Hacedor de ella, Él, Aquel que la estableció firmemente, que no la creó sencillamente para nada, que la formó aun para ser habitada: ‘Yo soy Jehová, y no hay ningún otro’.” (Isaías 45:18.)

El propósito original de Dios para la Tierra se hará realidad

Buddhika les recordó las maravillosas promesas registradas en la Biblia. No habrán más enfermedades, dolor ni sufrimiento; todo el mundo tendrá una casa adecuada y alimento en abundancia; además, ya no existirá la muerte. Todas estas bendiciones formaban parte del propósito original de Dios para la humanidad, a saber, vida sin fin en un paraíso terrestre. Y dicho propósito no ha cambiado. Buddhika le leyó a Sanath esta promesa:

  • “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella.” (Salmo 37:29.)

Esto es lo que ha prometido Jehová, y ciertamente lo cumplirá.