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Brasil: Valdira estudia la Biblia por teléfono a la luz de una vela.

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Estudia en el campo a la luz de las velas

Una pareja de precursores especiales que predica en un territorio aislado de Brasil oyó hablar de Valdira, una mujer que había estudiado la Biblia hacía trece años. Así que decidieron ir a buscarla; para ello viajaron por un camino polvoriento y cruzaron peligrosos ríos. Por fin la encontraron, deseosa de retomar sus clases bíblicas. Sin embargo, como vivía en  un lugar apartado, tuvieron que hacer planes para estudiar con ella por teléfono. Aunque tenía un celular, el único lugar donde había suficiente cobertura estaba en un campo lejos de su casa. Además, Valdira solo podía estudiar a partir de las nueve de la noche. Imagine la escena: una joven sentada sola en medio de un campo, recibiendo clases de la Biblia por teléfono a la luz de las velas.

Valdira se va al campo los domingos y se lleva la Biblia, La Atalaya y el cancionero para escuchar las reuniones por teléfono. Si llueve, también se lleva un paraguas.

En marzo, viajó casi 100 kilómetros (unas 60 millas) hasta el Salón del Reino de la localidad para asistir a una reunión especial en la que se presentó la edición revisada de la Traducción del Nuevo Mundo en portugués. Le encantó recibir su ejemplar. Cuando la felicitaron por todos los esfuerzos que está realizando para estudiar la Biblia, dijo: “¡No es tan difícil!”.

“Sabía que vendrían algún día”

Los yukpa son un pueblo amerindio que vive en Colombia. Frank, un precursor especial, tenía pensado ir a visitar una de sus comunidades. Pero le habían advertido de que el jefe local, John Jairo, había ahuyentado a algunos grupos evangelistas que querían predicar allí. En una ocasión, cuando John se enteró de que uno de los ministros de aquellos grupos estaba pidiendo el diezmo, se puso a disparar al aire y lo hizo huir.

Colombia: Frank, un precursor especial, estudia la Biblia con un grupo de yukpas.

Frank recuerda: “Cuando llegamos a la comunidad, la primera persona que nos escuchó fue nada más y nada menos que una de las hijas de John Jairo. Al mostrarle el libro ¿Qué enseña realmente la Biblia?, rápidamente  contestó: ‘Esta es la religión a la que quiero pertenecer’. Después, corrió a decirle a su padre que habíamos llegado, y él enseguida nos citó. Nos pusimos nerviosos cuando nos reunimos con él, pero antes de que pudiéramos hablar, dijo: ‘Sé que ustedes tienen la religión verdadera. Hace ocho años, en un basurero de Becerril, encontré un libro como el que le dieron a mi hija. Lo leí y, desde entonces, he estado esperando a que llegaran. Sabía que vendrían algún día. Quiero que nos enseñen de la Biblia a mí, a mi familia y a esta comunidad. Nuestras puertas están abiertas para ustedes’.

”Aquellas palabras nos llenaron los ojos de lágrimas. La comunidad entera se reunió para escuchar nuestro  mensaje, y John Jairo traducía a su idioma lo que decíamos. Cuando nos fuimos, nos prestó un burrito para llevar nuestro equipaje. Ahora dirigimos 47 cursos bíblicos con 120 yukpas de diferentes comunidades, incluyendo a John Jairo y a su hija”.

Un perseguidor cambia su vida

José, que vive en Ecuador y había sido un católico devoto, escribe: “Odiaba a los testigos de Jehová con todas mis fuerzas. Los perseguí durante diez años. Organizaba revueltas contra ellos, los maltrataba físicamente y los acusaba de ladrones. Cuando los llevaban a la comisaría, insistía en poner personalmente el candado de su celda. Una vez, unos compañeros y yo destrozamos el  automóvil de un testigo de Jehová y, en otra ocasión, tiramos la motocicleta de uno de ellos por un barranco.

”Entonces, en el 2010 enfermé de gripe porcina. Mi médico me recomendó que dejara de vivir en lo alto de los Andes y me fuera a otra zona donde hubiera un clima más cálido. Así que me mudé a una pequeña granja en la costa que pertenecía a un pariente, y me encargué de cuidarla. Como estaba solo, me moría de ganas de hablar con alguien. ¿Y quién vino a la granja? ¡Los testigos de Jehová! Sentía tanta soledad que conversé con ellos, y me impresionó mucho ver cómo usaban la Biblia. Acepté un curso bíblico por curiosidad y, a los seis meses, asistí por primera vez a una reunión. Me llamó tanto la atención, la amabilidad y el cariño con que me trataron que me pregunté si los Testigos serían los verdaderos siervos de Dios. Progresé hasta bautizarme en abril de 2014.

”Sentía remordimientos por haber perseguido a los Testigos. Pero Jehová me permitió enmendar parte del daño. En una asamblea de circuito celebrada el 4 de octubre de 2014, me hicieron una entrevista en la que hablé de mi pasado, y el orador me preguntó: ‘Si pudiera pedir perdón a alguno de los que persiguió, ¿a quién sería?’. Inmediatamente respondí que sería a un hermano llamado Edmundo, pero que no tenía idea de cómo encontrarlo. Yo no lo sabía, pero él estaba detrás de la plataforma porque el superintendente de circuito había organizado el reencuentro. El auditorio acabó con lágrimas en los ojos cuando nos vieron a Edmundo y a mí abrazándonos y llorando juntos en la plataforma”.

“Haz que tus Testigos me encuentren”

Paraguay: Una joven pregunta a unas hermanas si son testigos de Jehová.

Unas hermanas de Asunción (Paraguay) terminaron de predicar en su territorio al mediodía, bajo un sol abrasador.  Pero decidieron hacer un esfuerzo extra y predicar en algunas casas cercanas. Una hermana dijo: “Quizá haya alguien orando”. En una casa que hacía esquina, una joven saludó sonriendo a las hermanas desde la puerta, y preguntó si eran testigos de Jehová. Les explicó que había venido de Bolivia hacía un mes por cuestiones de trabajo y que había estudiado la Biblia antes de mudarse. Sin embargo, los vecinos no supieron decirle dónde encontrar a los Testigos, así que oró: “Por favor, Jehová, haz que tus Testigos me encuentren”. Ese mismo día, las hermanas llamaron a su puerta e hicieron planes para estudiar con ella.