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 INDONESIA

¡Juntas por fin!

Relatado por Linda y Sally Ong

¡Juntas por fin!

Linda: Cuando tenía 12 años, mi madre me confesó que yo tenía una hermana menor. También me dijo que la había dado en adopción. Aunque crecí sin conocerla, me preguntaba si había nacido sorda igual que yo.

Sally: Nunca supe que fui adoptada. Mi “madre” era una mujer muy cruel que me golpeaba a cada rato y me trataba como su esclava. Crecí sintiéndome muy triste y sola. Y para colmo, era sorda de nacimiento. Con el tiempo, conocí a los testigos de Jehová y empecé a estudiar la Biblia. Cuando mi “madre” se enteró, me pegó con una correa y cambió la cerradura de la puerta para que no pudiera salir. A la edad de 20 años, me escapé de la casa. Los Testigos me acogieron, y me bauticé a principios del 2012.

 Linda: Empecé a estudiar la Biblia cuando tenía 20 años y llegué a asistir a las asambleas de distrito en Yakarta que se interpretaban al lenguaje de señas. Allí conocí a muchos sordos y a Sally, una muchacha Testigo que vivía en Sumatra Septentrional. Había algo en ella que me parecía muy conocido, pero no le seguí dando vueltas al asunto.

Sally: Linda y yo nos hicimos súper amigas. Aunque pensaba que nos parecíamos, no le presté mucha atención a esa idea.

Linda: Justo un día antes de bautizarme, en agosto de 2012, sentí que tenía que encontrar a mi hermana menor. Recuerdo que le dije a Jehová: “Te lo ruego, ayúdame a encontrarla, quiero enseñarle sobre ti”. Unos días después, sucedió algo inesperado: alguien que sabía lo de mi hermana menor le mandó un mensaje de texto a mi madre. Este fue el primer paso que condujo a nuestro reencuentro.

Sally: Cuando Linda me explicó que yo era su hermana, inmediatamente viajé a Yakarta para encontrarme con ella. A la salida del control de seguridad del aeropuerto, vi que todos me estaban esperando: Linda, mi padre, mi madre y mi otra hermana mayor. Yo temblaba de emoción. Todos nos abrazamos y besamos, pero mi madre fue la que más me abrazó. Mientras todos llorábamos, mis padres me pidieron perdón por haberme dado en adopción, y entonces lloramos y nos abrazamos todavía más.

Linda: Nos criaron de maneras muy diferentes, por lo que cada una ha tenido que adaptarse a la personalidad y a las costumbres de la otra. Pero nos queremos muchísimo.

Sally: Ahora vivimos juntas y vamos a la misma congregación de lenguaje de señas en Yakarta.

Linda: Sally y yo estuvimos separadas por más de veinte años. Pero, gracias a Jehová, estamos juntas por fin.