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Testigos de Jehová en Semarang, en la isla de Java (sobre el año 1937)

 INDONESIA

“¡Ahí es donde quiero empezar!”

“¡Ahí es donde quiero empezar!”

El siervo de sucursal de Australia, Alexander MacGillivray, caminaba de un lado a otro de su oficina sin dejar de darle vueltas a un problema. Después de varios días, dio con una solución, y ahora necesitaba hablar con Frank Rice.

Frank era un enérgico precursor de 28 años que de adolescente aprendió la verdad y poco más tarde comenzó el precursorado. Durante más de diez años había predicado por casi toda Australia, viajando a caballo, en bicicleta, en moto y en una casa rodante. Frank se había quedado por unas semanas en Betel y, después de esa breve estancia, se sentía listo para empezar a predicar en un nuevo territorio.

El hermano MacGillivray llamó a Frank a su oficina, le señaló en el mapa unas islas situadas al norte de Australia, y le preguntó: “¿Qué te parecería dar inicio a la predicación en este territorio? No hay ni un solo hermano en toda la zona”.

A Frank se le fueron los ojos a un grupo de islas que parecían un collar de perlas en el océano Índico, las Indias Orientales Neerlandesas (ahora Indonesia). * Allí vivían millones de personas que todavía no habían oído las buenas noticias del Reino de Dios. Frank señaló a la capital, Batavia (ahora Yakarta), y dijo: “¡Ahí es donde quiero empezar!”.

 La predicación en Java

Frank Rice llegó en 1931 a Yakarta, una ciudad grande y bulliciosa en la isla de Java. Sin perder un segundo, alquiló una habitación y la abarrotó de cajas de publicaciones. La dueña de la casa se quedó boquiabierta al ver semejante espectáculo.

Frank Rice y Clem Deschamp en Yakarta

“Al principio, me sentía perdido y echaba de menos mi hogar —contó Frank—. La gente se paseaba vestida con trajes blancos de algodón y sombreros de explorador, mientras yo me achicharraba de calor con la ropa que traje de Australia. Para colmo, no hablaba nada de  holandés ni de indonesio. Después de orar a Jehová para que me guiara, pensé que tenía que haber personas que hablaran inglés en la zona de negocios. Empecé a predicar allí y, sorprendentemente, me fue de maravilla”.

Como la mayoría de la gente hablaba holandés, Frank estudió mucho para lograr un conocimiento básico del idioma y pronto comenzó a predicar de casa en casa. También se puso a estudiar indonesio y con el tiempo consiguió dominarlo. “El problema era que no tenía publicaciones en indonesio —dijo Frank—. Pero entonces Jehová permitió que encontrara un maestro que se interesó por la verdad y accedió a traducir el folleto ¿Dónde están los muertos? Con el tiempo, se tradujeron otros folletos, lo que ayudó a muchas más personas de habla indonesia a interesarse en el mensaje”.

En noviembre de 1931, llegaron a Yakarta dos precursores australianos, Clem Deschamp, de 25 años y Bill Hunter, de 19. Clem y Bill trajeron una de las primeras casas rodantes que se vieron en Indonesia, que les sirvió de hogar. Después de aprender unas pocas frases en holandés, emprendieron una gira de predicación por las ciudades más grandes de Java.

Charles Harris con su bicicleta y su casa rodante

Siguiéndoles los pasos desde Australia, vino Charles Harris, otro precursor incansable. Charles llegó en 1935 y predicó en la mayor parte del territorio de Java, usando para desplazarse una casa rodante y una bicicleta. Algunos años llegó a distribuir unas 17.000 publicaciones en árabe, chino, holandés, inglés e indonesio.

La cantidad de publicaciones que Charles distribuía llamó la atención de algunas personas. Por ejemplo, un funcionario de Yakarta le preguntó a Clem Deschamp:

 —¿A cuánta gente tienen trabajando en Java Oriental?

—Solo a uno —contestó el hermano Deschamp.

—¿Espera que le crea? —respondió bruscamente el funcionario—. Deben tener a un ejército de trabajadores allí, a juzgar por el número de publicaciones distribuidas por todas partes.

Estos primeros precursores se mantuvieron muy activos para llegar a la mayor cantidad de personas posible. “Recorrimos la isla de punta a punta, y pocas veces volvimos a conversar con la misma persona”, contó Bill  Hunter. Durante esos años, se sembraron muchísimas semillas espirituales que más tarde dieron lugar a una rica cosecha (Ecl. 11:6; 1 Cor. 3:6).

Las buenas nuevas llegan a Sumatra

Alrededor de 1936, los precursores se plantearon cómo llevarían el mensaje a Sumatra, la sexta isla más grande del mundo. Esta isla montañosa se extiende sobre el ecuador y alberga grandes ciudades y plantaciones, además de extensas zonas pantanosas y selvas.

Entre todos decidieron que enviarían a Frank Rice, así que reunieron el escaso dinero que tenían y le pagaron el pasaje. Poco después, Frank llegaba a Medan, al norte de Sumatra. Iba cargado con sus dos maletines de predicar, 40 cajas de publicaciones y algo de dinero en el bolsillo. Como era un hombre de fe inquebrantable, inmediatamente se puso a predicar, confiando en que Jehová le daría lo necesario para cumplir con su misión (Mat. 6:33).

Durante su última semana de predicación en Medan, conoció a un simpático señor holandés que le invitó a tomar café. Frank le comentó que necesitaba un auto para predicar por toda la isla. El hombre señaló a uno averiado que tenía en su jardín y le dijo:

—Si lo reparas, es tuyo por 100 florines. *

—No tengo 100 florines —contestó Frank.

—Pero ¿no querías predicar en toda Sumatra? —le preguntó el señor mirándolo fijamente.

—Claro —respondió Frank.

—Bueno. Si lo arreglas, te lo llevas. Cuando consigas el dinero, me lo pagas —dijo el señor.

Henry Cockman en Sumatra con Jean y Clem Deschamp, en 1940

 Frank puso manos a la obra, y en un abrir y cerrar de ojos lo dejó como nuevo. Escribió: “Con el auto lleno de publicaciones, el depósito lleno de gasolina y el corazón lleno de fe, me fui a predicar a la gente de Sumatra”.

Un año más tarde, Frank volvió a Yakarta tras haber recorrido toda la isla. Allí vendió el auto por 100 florines y envió el dinero al señor holandés que vivía en Medan.

Pocas semanas después recibió una carta desde Australia en la que se le daba un nuevo destino misional. Enseguida hizo las maletas y se fue para Indochina (ahora Camboya, Laos y Vietnam) a dar inicio a la predicación.

^ párr. 4 También llamadas Indias Orientales Holandesas. Los holandeses habían llegado a esa región unos trescientos años antes y habían establecido un lucrativo negocio con las especias. En este relato usaremos los nombres modernos.

^ párr. 4 Esa cantidad equivaldría ahora a unos 1.100 dólares.