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Invitaron a un matrimonio a quedarse en su casa

Un matrimonio de Las Vegas (Nevada, Estados Unidos) que no era testigo de Jehová deseaba vivir en un lugar más tranquilo, así que vendió su casa para mudarse a la República Dominicana. Pero había un problema: tenían que entregar la casa diez días antes de la fecha del vuelo. Para ayudarlos, sus vecinos, que eran Testigos, los invitaron a  quedarse en su casa. Durante ese tiempo, la pareja los acompañó a una reunión en el Salón del Reino. Les llamó mucho la atención que se mencionara el año 1914, pues sabían que ese año había sido muy importante en la historia de la humanidad. Al llegar a la República Dominicana, pidieron un curso de la Biblia a los primeros Testigos que los visitaron, y tan solo catorce meses después ya se habían dedicado y bautizado.

Era justo lo que necesitaba

En la ciudad de Panamá (Panamá), los hermanos colocaron un puesto de publicaciones en la Feria Internacional del Libro del 2012. Cierto día, dos jovencitas se acercaron a la hermana que lo atendía. Una de ellas le dijo que estaba preocupada y no sabía qué hacer porque su padre era drogadicto. La hermana abrió el libro Lo que los jóvenes preguntan. Respuestas prácticas (volumen 2) por el capítulo 23, titulado: “¿Qué hago si uno de mis padres abusa del alcohol o las drogas?”, a lo que la joven exclamó: “¡Esto es justo lo que necesito!”. Las muchachas abrazaron a la hermana y regresaron una hora más tarde para darle las gracias de nuevo. En los cinco días que duró la feria, los hermanos distribuyeron 1.046 libros, 1.116 revistas y 449 folletos, y 56 personas dejaron sus datos para que un Testigo las visitara.

Cuatro años predicando solo

Fredy, cuya lengua materna es el cabécar, vive en una remota área montañosa de Costa Rica. Hace poco más de cuatro años, mientras trabajaba en San José,  la capital, un hermano le dio el libro ¿Qué enseña realmente la Biblia? y el folleto ¿Qué exige Dios de nosotros?, y lo animó para que regresara a su pueblo a predicar a su gente. Y eso fue lo que hizo. Volvió, estudió el libro Enseña por su cuenta y realizó cambios en su vida, como legalizar su matrimonio. Luego enseñó la verdad a los cabécar lo mejor que pudo.

Fredy organizó clases de la Biblia en seis niveles distintos. Para determinar en qué nivel poner a cada estudiante, les hacía primero un examen sobre sus conocimientos bíblicos. También organizó reuniones y hasta celebró la Conmemoración. Él mismo redactaba las invitaciones con estas palabras: “Los testigos de Jehová lo invitamos a estar presente en la Conmemoración de la muerte de Cristo”. Hizo todo esto durante cuatro años sin tener ningún contacto con los Testigos. Mientras tanto, le oraba a Jehová para que le enviara ayuda.

Hace poco, su oración fue contestada. Algunos hermanos viajaron hasta esta área de difícil acceso y se quedaron impactados al ver todo lo que había conseguido. “Aunque Fredy no es un Testigo bautizado, vive como si lo fuera”, informaron. Tan solo tres meses después fue aprobado como publicador. A fin de bautizarse, Fredy bajó de la montaña para estar presente en su primera asamblea de distrito, trayendo consigo a 19 de sus estudiantes. Ya ha establecido tres grupos más en cabécar en comunidades todavía más remotas que la suya.

Costa Rica: Fredy, que ahora es precursor regular, viaja largas distancias para dirigir estudios bíblicos

Defendió sus creencias en la escuela

Anna, de Estados Unidos, tuvo que defender sus creencias delante de varios compañeros de escuela que se escandalizaron al enterarse de que no creía en la Trinidad.  “Se pusieron todos en mi contra —cuenta ella—, pero mantuve la calma porque no quería dar una mala impresión de los testigos de Jehová a los que estaban mirando.” Esa noche le pidió valor a Jehová y buscó información sobre el tema. Al día siguiente, se llevó la Biblia a la escuela. Sus compañeros la cercaron, y muchos se burlaron de ella. Aun así, Anna les mostró con valor varios textos bíblicos y se los explicó, de manera que los que discutían con ella se quedaron sin saber qué decir. La muchacha que más se oponía, que también era la presidenta de la clase, terminó confesando que ahora respetaba a los testigos de Jehová, y durante el resto del año le hizo a Anna varias preguntas sobre su fe.

Todo gracias a que se le rompió un zapato

Cierto domingo por la mañana, una mujer joven de Barbados iba de camino a la iglesia cuando se le rompió una tira del zapato, así que se acercó a una casa y  pidió un alfiler para arreglarlo. Resultó que en la casa vivían una testigo de Jehová y su hija. Mientras la joven reparaba el zapato, la hermana le explicó cómo se están cumpliendo en la actualidad las profecías bíblicas, y su hija la invitó a acompañarlas a la reunión esa misma mañana. Como ya se le había hecho tarde para llegar a su iglesia, la joven aceptó. Durante la reunión, buscó todos los versículos en su Biblia, la Versión del Rey Jacobo, y se quedó hondamente impresionada con el programa. Dijo que estaba harta del ruido de la batería y de los gritos que daban en su iglesia, y que siempre había querido estudiar la Biblia en un ambiente tranquilo. Aceptó el libro Enseña y un curso bíblico. Ahora asiste a todas las reuniones y participa en ellas con entusiasmo.

“El único que puede impedírmelo es Jehová”

Un hermano joven de Guyana cuenta: “Me gusta predicarles a mis compañeros de escuela, pero hay uno al que le fastidia que lo haga. Un día me empujó contra la pared y me gritó: ‘¡Deja de predicar!’. Yo le respondí que el único que puede impedírmelo es Jehová, y seguí predicando. Pero entonces, el chico le hizo un tajo a mi mochila y me rompió el labio de un puñetazo. Nos llevaron a los dos ante la directora, quien me preguntó qué le había hecho yo al muchacho para que me golpeara. Le dije que solo estaba predicando las buenas nuevas y que él se había molestado. Entonces ella me preguntó por qué no le había devuelto el golpe, como sugiriendo que eso era lo que debería haber hecho. Le expliqué que había aprendido en la Biblia, en Romanos 12:17, que los cristianos no deben devolver ‘mal por mal a nadie’. Al oír aquello, me dejó ir y dijo que ella se encargaría del chico que me había golpeado”.

Catamarca (Argentina)