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“Ya estoy listo para salirme de Babilonia la Grande”

Thomson, un joven que vive en Uganda, estaba muy descontento con la religión. Escandalizado por la importancia que las iglesias le dan al dinero, dejó de asistir a los servicios religiosos, aunque no dejó de leer la Biblia todos los días. En particular, le interesaba el libro de Revelación; de hecho, trataba de interpretarlo y hacía apuntes en una libretita.  Cierto día, un hermano lo vio leyendo la Biblia en la pequeña obra de construcción donde trabajaba, y empezaron a conversar animadamente. El joven aceptó el libro ¿Qué enseña realmente la Biblia? y lo leyó entero en una sola noche. Al día siguiente, el hermano recibió un mensaje de texto que decía: “Agradezco al Señor el libro que usted me dio. Ya estoy listo para salirme de Babilonia la Grande”. Thomson pidió todas las publicaciones mencionadas en las notas y apéndices del libro, se entregó al estudio de la Biblia, progresó rápidamente y se bautizó en el 2012 en la Asamblea de Distrito “Protejamos el corazón”. En marzo de 2013 emprendió el precursorado regular para ayudar a otros a comprender la importancia de salirse de Babilonia la Grande.

Ocho hermanos le dieron clases de la Biblia

Jimmy se crió en Port-Louis, la capital de Mauricio. Empezó a beber con 16 años y al poco tiempo se emborrachaba todos los días. Bajo los efectos de la bebida, perdía totalmente el control y llegó a estar en la cárcel varias veces. Había días que se tomaba hasta tres botellas de ron y se fumaba 60 cigarrillos. Y si se quedaba sin dinero, se bebía el alcohol de limpiar cristales y hasta el perfume de su madre. Cuando alguien le dijo que parecía un cadáver, decidió ingresar en un centro de rehabilitación. Allí pasó un año y medio, aunque no le sirvió de nada.

Rodríguez: Jimmy se resolvió a cambiar de vida

Con el tiempo, Jimmy conoció a los testigos de Jehová y aceptó un curso bíblico. Había veces que durante el estudio salía para tomarse un trago. En total estudió con ocho hermanos. Pero se dio cuenta de que tenía que cambiar. “Sentía como si la espada espiritual de Hebreos 4:12 me estuviera atravesando el corazón  —relató—. Un día, mientras leía la Biblia, me detuve en Proverbios 24:16, que dice: ‘Puede que el justo caiga hasta siete veces, y ciertamente se levantará’. Aquellas palabras marcaron un antes y un después en mi vida.” Tras haber caído “siete veces”, por así decirlo, mientras estudiaba con los primeros siete hermanos, Jimmy se resolvió a cambiar y a levantarse con la ayuda del octavo. Le rogó a Jehová que le diera fuerzas, empezó a asistir a las reuniones y abandonó por completo sus vicios. Se bautizó en el 2003, y en el 2012 se hizo precursor regular. En la actualidad es siervo ministerial en una congregación de la isla de Rodríguez.

“Jehová y los ángeles serán mis amigos”

Mary, de 70 años, que vive en Kenia, había pertenecido a la Iglesia Presbiteriana toda su vida. Era muy buena recaudando donativos y había colaborado en la construcción de una de las iglesias de la localidad. Cuando uno de sus hijos se hizo Testigo, no le gustó para nada. Él solía invitarla a las reuniones, pero ella no iba porque decía que quería escuchar el mensaje de la Biblia en kikuyu, su idioma, y no en suajili. Por fin, Mary aceptó la invitación para ir a una asamblea de distrito en kikuyu. Se sentó en la zona reservada para personas mayores y se quedó profundamente impresionada por la bondad y el amor con que la trataron. Nunca había visto tanto cariño en su iglesia. Prestó mucha atención a todos los discursos, y le encantó lo que se dijo. Cuando le ofrecieron un estudio de la Biblia con el folleto Escuche a Dios, aceptó de inmediato.

 Al cabo de unos meses, Mary decidió hacerse testigo de Jehová, así que renunció a su religión. Los líderes de su iglesia estaban tan furiosos que llamaron a un pastor de Nairobi, la capital, para que fuera a hablar con ella. Él intentó disuadirla, pero ella no cedió. “Si dejas la iglesia, ¿quiénes serán tus amigos? —le preguntó—. Todos tus conocidos son de esta iglesia.”

“Jehová y los ángeles serán mis amigos... Y también los Testigos”, dijo Mary.

Como no logró hacerla cambiar de opinión, el pastor se marchó. Actualmente, Mary sigue progresando en el estudio de la Biblia y va a todas las reuniones, aunque vive lejos de donde se celebran. Hace poco, no pudo usar el transporte público para ir a la reunión, por lo que caminó dos horas bajo la lluvia para llegar. A pesar de la oposición de sus vecinos, está resuelta a alcanzar la meta de bautizarse.

Liberia: Preparando los asientos para la Conmemoración. En el 2013, los 6.148 publicadores recibieron a 81.762 asistentes

La pastora la hizo caer a la fuerza

Ashton, una joven de 14 años, vive con sus tíos en Camerún. Estos se opusieron muchísimo cuando ella  empezó a estudiar la Biblia con los testigos de Jehová, e insistieron en que los acompañara a la iglesia pentecostal a la que asisten. En una ocasión, la pastora puso las manos sobre la cabeza de los presentes para transmitirles el “espíritu”, y todos fueron cayendo al suelo, menos Ashton. La pastora oró una y otra vez pero la joven permaneció de pie, así que la hizo caer a la fuerza. Cuando llegó a casa y les contó a sus tíos lo que la mujer le había hecho, ellos no le creyeron. En ese momento decidió que nunca jamás volvería a la iglesia. En la actualidad, sigue yendo a las reuniones en el Salón del Reino, aunque todavía se enfrenta a la oposición y los insultos de su familia y de los vecinos.

Invitada por una niñita

Aunque Anilpa tenía solo diecisiete meses de edad participó con celo en la campaña del año pasado para invitar a las personas a la asamblea de distrito en Angola. Su “misión” consistía en tocar a las puertas y esperar a que saliera el dueño de casa para darle la invitación mientras su madre explicaba brevemente el propósito de la visita. Anilpa estaba tan entusiasmada que a veces se iba a tocar a la siguiente puerta sin esperar a que su madre terminara de hablar. Esta niñita causó muy buena impresión en los vecinos. Por ejemplo, el último día de la asamblea, una señora se le acercó y le dijo: “Te estaba buscando. Me alegro tanto de haberte encontrado, porque fuiste la que me invitó a venir”.

 Estaban cansados de tanta opresión

En agosto de 2012, unos publicadores de la congregación Antaviranambo de Madagascar se encontraron con un grupo de personas que expresaron el deseo de hacerse testigos de Jehová. El grupo se sentía oprimido por los líderes religiosos, que enseñaban una cosa pero practicaban otra. Mencionaron que sus iglesias no contaban con programas para enseñarles la Biblia y tampoco tenían publicaciones que explicaran sus creencias. Les pedían mucho dinero y no mostraban un sentimiento real de hermandad ni verdadero amor cristiano. Pero ellos sabían que no era así entre los testigos de Jehová.

Posteriormente, el grupo escribió a la sucursal de los Testigos una carta que decía: “Les escribimos porque queremos servir a Jehová. El problema es que vivimos muy lejos de donde se llevan a cabo las reuniones. Para algunos supone caminar entre nueve y quince horas. Por eso, por favor, les rogamos que envíen a alguien  para que nos ayude a estudiar la Biblia. No podemos servir a Jehová como nos gustaría a menos que nos ayuden a fortalecer el amor que sentimos por él. Somos 215 personas de al menos tres pueblos. Pertenecíamos a diferentes religiones, pero ahora todos deseamos servir y obedecer a Jehová de todo corazón. Confiamos en que nos ayudarán”.

Para encontrarse con el grupo, los hermanos caminaron nueve horas hasta el primer pueblo. Celebraron una reunión a la que asistieron 65 personas interesadas en la verdad. Tras correrse la voz, gente de otros pueblos pidió que los visitaran porque querían aprender de la Biblia. Así que los hermanos caminaron cuatro horas más para llegar al siguiente pueblo, donde volvieron a celebrar una reunión. En esta ocasión, 80 estuvieron presentes. Allí también hubo quienes les rogaron que fueran hasta su pueblo, que estaba a otras dos horas a pie. Sobra decir que los hermanos accedieron gustosos y de nuevo organizaron una reunión, a la que acudieron más de cincuenta personas.

En dos ocasiones, más de treinta personas de estos pueblos tuvieron que caminar día y medio de ida y otro tanto de vuelta para asistir a una asamblea en Mahanoro. Para la visita del superintendente de circuito vinieron 25, entre ellos matrimonios, familias completas y personas mayores. Todos se hospedaron en la misma casa, lo que les permitió hablar de lo que habían aprendido y hacer preguntas hasta bien entrada la noche. El grupo dijo que muchos más querían unirse a los testigos de Jehová porque las personas estaban cansadas de tanta opresión por parte de sus líderes religiosos.