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Testigos de Jehová

lengua de señas ecuatoriana

La Atalaya (edición de estudio)  |  Enero de 2016

¿Agradecemos lo que Dios hizo por nosotros?

¿Agradecemos lo que Dios hizo por nosotros?

“A Dios vayan las gracias por su indescriptible dádiva” (2 COR. 9:15).

CANCIONES 53 Y 18

1, 2. a) ¿En qué consiste el hermoso regalo que nos ha hecho Dios? b) ¿Qué preguntas responderemos en este artículo?

CUANDO Jehová envió por amor a su Hijo a la Tierra, nos hizo el regalo más grande que podría habernos hecho (Juan 3:16; 1 Juan 4:9, 10). Pablo lo llamó una “indescriptible dádiva gratuita”, es decir, un regalo tan hermoso que no se puede describir con palabras (2 Cor. 9:15). ¿Por qué dijo eso el apóstol?

2 Pablo sabía que gracias al sacrificio de Jesús se pueden cumplir todas las promesas que Dios nos ha hecho (lea 2 Corintios 1:20). Por lo tanto, la “indescriptible dádiva” consiste en todas las muestras de bondad y amor leal que recibimos de Jehová por medio de Jesús. Con razón nos faltan las palabras para describir ese hermoso regalo. ¿Cómo debería hacernos sentir? ¿Qué cosas debemos hacer para agradecerlo, sobre todo ahora que se acerca el miércoles 23 de marzo de 2016, fecha de la Conmemoración?

EL HERMOSO REGALO DE DIOS

3, 4. a) ¿Cómo se siente cuando recibe un regalo? b) ¿Qué clase de regalos pueden cambiarnos la vida? Ponga un ejemplo.

3 A todos nos encanta recibir regalos, pero algunos son tan especiales que nos cambian la vida. Imagínese, por ejemplo, que lo sentencian a muerte por haber cometido un crimen. Ahora imagínese que están a punto de ejecutarlo y que de entre los observadores sale una persona a la que no conoce y se ofrece a morir en su lugar. ¿Cómo lo haría sentir semejante muestra de amor?

4 De seguro lo haría reflexionar en lo que ha hecho con su vida. Quizás hasta se sentiría obligado a cambiar su forma de vivir. Es probable que se volviera más generoso y bondadoso y que decidiera perdonar a quienes le hubieran hecho daño. Estaría eternamente en deuda con la persona que se sacrificó por usted, ¿no es cierto?

5. ¿Por qué vale muchísimo más el regalo que nos hizo Jehová que cualquier otro?

5 Lo que Jehová hizo por nosotros mediante Cristo vale muchísimo más que lo que hizo el hombre de nuestra ilustración (1 Ped. 3:18). Como somos pecadores, desde que nacemos estamos condenados a morir (Rom. 5:12). Pero, en una enorme muestra de amor, Jehová envió a su Hijo a la Tierra para que muriera por nosotros (Heb. 2:9). Ese sacrificio acabará con la muerte y nos permitirá vivir toda una eternidad (Is. 25:7, 8; 1 Cor. 15:22, 26). Así es, todos los que tengan fe en Jesús podrán vivir en paz y felicidad por la eternidad, ya sea en el cielo gobernando con él, o en la Tierra, gobernados por el Reino (Rom. 6:23; Rev. 5:9, 10). ¿Qué otras cosas incluye el regalo que nos ha hecho Dios?

6. a) De todos los cambios que hará Jehová, ¿cuál espera usted con más ansias? b) ¿De qué tres maneras podemos mostrar agradecimiento?

6 El regalo que nos ha hecho Dios incluye también la desaparición de las enfermedades, la transformación de la Tierra en un paraíso y la resurrección de los muertos (Is. 33:24; 35:5, 6; Juan 5:28, 29). No cabe duda: tenemos razones de sobra para querer a Jehová y a Jesús por tan maravilloso regalo. Ahora bien, sigue sin responderse esta pregunta: ¿qué cosas debemos hacer para mostrar nuestro agradecimiento? Veamos tres: 1) seguir con mucho cuidado los pasos de Jesús, 2) tratar con amor y cariño a nuestros hermanos, y 3) perdonar de corazón a quienes nos ofenden.

“EL AMOR QUE EL CRISTO TIENE NOS OBLIGA”

7, 8. a) ¿Cómo debe hacernos sentir el amor de Cristo? b) ¿Cómo correspondemos a ese amor?

7 En primer lugar, debemos sentirnos obligados a vivir para Jesucristo, como dijo el apóstol Pablo: “El amor que el Cristo tiene nos obliga” (lea 2 Corintios 5:14, 15). El cristiano que comprende el gran acto de amor de Jesús no puede menos que sentirse igual que Pablo. Y es que cuando logramos entender lo que Jehová ha hecho por nosotros, nuestro corazón se llena de amor y nos nace el deseo de vivir para Jesús. ¿Cómo lo demostramos?

8 Quienes aman a Jehová siguen el ejemplo y los pasos de Cristo con mucho cuidado y atención (1 Ped. 2:21; 1 Juan 2:6). Otra manera de demostrarles a los dos que los queremos es obedeciéndolos. Jesús dijo: “El que tiene mis mandamientos y los observa, ese es el que me ama. A su vez, el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me mostraré a él claramente” (Juan 14:21; 1 Juan 5:3).

9. ¿Qué presión sufrimos todos los días?

9 Ahora que se acerca la Conmemoración, es bueno hacerse un autoexamen para saber qué rumbo le estamos dando a nuestra vida. Pregúntese: “¿Hasta qué punto estoy siguiendo los pasos de Jesús? ¿Hay algo en lo que pueda mejorar?”. Este examen es muy necesario, pues la sociedad en la que vivimos nos presiona cada día más para que hagamos las cosas a su manera (Rom. 12:2). Si nos descuidamos, podríamos empezar a seguir las ideas de los intelectuales e imitar a los artistas y deportistas de este mundo (Col. 2:8; 1 Juan 2:15-17). ¿Qué nos ayudará a resistir la presión?

10. a) ¿Qué preguntas deberíamos hacernos ahora que se acerca la Conmemoración? b) ¿Qué debemos hacer después de contestar esas preguntas? (Vea la ilustración del principio).

10 Esta época de la Conmemoración nos ofrece una buena oportunidad para revisar nuestras pertenencias. Por ejemplo, veamos qué ropa tenemos y preguntémonos: “Si fuera a un lugar en el que estuviera Jesús y llevara puesta esta ropa, ¿me sentiría incómodo?” (lea 1 Timoteo 2:9, 10). “Si me pongo esta ropa, ¿pensará la gente que soy testigo de Jehová?”. Lo mismo podemos hacer con nuestra colección de música y películas. ¿Se sentaría Jesús a ver nuestras películas o a escuchar nuestra música? ¿Nos daría vergüenza que viera las cosas que tenemos en el teléfono, la tableta o la computadora? ¿Podríamos explicarle por qué nos gusta cierto videojuego? El amor que sentimos por Jehová debe impulsarnos a desechar cualquier cosa que no sea digna de un cristiano, sin importar cuánto nos haya costado (Hech. 19:19, 20). Cuando nos dedicamos a Dios, le prometimos que a partir de ese momento usaríamos nuestra vida para seguir los pasos de Cristo. No podemos quedarnos con ninguna cosa que nos estorbe (Mat. 5:29, 30; Filip. 4:8).

11. a) ¿A qué nos obliga el amor que sentimos por Jehová y Jesús? b) ¿A qué nos puede motivar el amor por los hermanos de la congregación?

11 Nuestro amor por Cristo también debe hacer que sintamos la obligación de dedicarnos de toda alma a predicar y hacer discípulos (Mat. 28:19, 20; Luc. 4:43). En los meses de la Conmemoración tendremos la oportunidad de ser precursores auxiliares de 30 o 50 horas. ¿Se apuntará usted? Un hermano viudo de 84 años quería ser precursor, pero creía que su edad y su salud no se lo permitirían. Sin embargo, los precursores de la zona vinieron en su auxilio, y él pudo cumplir con su meta. Eligieron los territorios más adecuados para él y se turnaron para llevarlo y traerlo. ¿Hay alguien en su congregación que pudiera ser precursor en esta temporada con un poco de ayuda? ¿Podría dársela? Claro está, no todos tendremos la posibilidad de ser precursores, pero todos podemos usar nuestro tiempo y energías a fin de hacer más en la predicación. Esa es otra manera de responder al amor de Cristo, tal como hizo Pablo. ¿Hay algo más que podamos hacer?

TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE AMAR A NUESTROS HERMANOS

12. ¿Qué obligación tenemos los cristianos debido al amor que Dios nos tiene?

12 En segundo lugar, el amor de Dios nos obliga a amar a los hermanos. Ya lo dijo el apóstol Juan: “Amados, si Dios nos amó así a nosotros, entonces nosotros mismos estamos obligados a amarnos unos a otros” (1 Juan 4:7-11). Así es, no podemos esperar que Jehová nos quiera a nosotros si nosotros no queremos a nuestros hermanos (1 Juan 3:16). Ahora bien, ese amor no debe ser solo de palabra. ¿Qué podemos hacer para demostrarlo?

13. ¿Qué ejemplo nos puso Jesús?

13 Jesús nos puso el ejemplo. Cuando vino a la Tierra dio especial atención a quienes más la necesitaban. Curó a cojos, ciegos, sordos y mudos (Mat. 11:4, 5). No era como los fariseos, que trataban mal a los judíos comunes y decían que eran “unos malditos” (Juan 7:49). A él le encantaba enseñar a todo el que deseaba aprender las cosas de Dios. Quería con todo el corazón a esas personas y trabajaba para ellas sin descanso (Mat. 20:28).

¿Podría ayudar a algún hermano mayor en la predicación? (Vea el párrafo 14).

14. ¿Qué cosas podría hacer para demostrarles a los hermanos de su congregación que los quiere?

14 La llegada de la Conmemoración nos da una oportunidad más, la de seguir el ejemplo de Jesús buscando maneras de ayudar a los hermanos de la congregación. De seguro hay a quienes les vendría bien una muestra de cariño, como por ejemplo, a los mayores. ¿Por qué no visita a estos queridos hermanos? Quizás pueda llevarles algo de comer, ayudarlos con tareas y reparaciones de su casa, llevarlos a la reunión o invitarlos a predicar (lea Lucas 14:12-14). No lo olvidemos: el amor de Dios nos obliga a buscar maneras de demostrar que queremos a nuestros hermanos.

PERDONEMOS A NUESTROS HERMANOS

15. ¿Qué debemos reconocer todos?

15 En tercer lugar, el amor de Jehová nos obliga a perdonarnos. Todos somos hijos de Adán, todos somos pecadores y todos estamos condenados a muerte. Ninguno puede decir que no necesite el rescate de Cristo. Hasta el más fiel de los siervos de Dios necesita ese bondadoso e inmerecido regalo. Se nos ha perdonado una gran deuda, como lo demuestra una de las parábolas de Jesús.

16, 17. ¿Qué nos enseña la historia del rey que le perdonó a su esclavo una enorme deuda?

16 Jesús contó la historia de un rey que le perdonó a uno de sus esclavos una deuda de 60 millones de denarios (10.000 talentos). Sin embargo, este esclavo no estuvo dispuesto a perdonar una deuda de tan solo 100 denarios a uno de sus compañeros. Cuando el rey se enteró, se puso furioso. ¿Cómo pudo ser tan malo su esclavo después de la deuda tan grande que acababa de perdonarle? Lo mandó llamar y le dijo: “Yo te cancelé toda aquella deuda, cuando me suplicaste. ¿No deberías tú, en cambio, haberle tenido misericordia a tu coesclavo, como yo también te tuve misericordia a ti?” (Mat. 18:23-35). Sí, el hombre estaba obligado a perdonar a su compañero, pues su amo había sido muy compasivo con él. Igual que aquel rey, Jehová nos ha perdonado una deuda enorme: nuestros pecados. ¿Qué se espera de nosotros a cambio?

17 En vista de lo cerca que está la Conmemoración, debemos preguntarnos si hay algún hermano al que nos esté costando perdonar. Si es así, este es el momento de seguir el ejemplo de Jehová, un Dios que está más que dispuesto a pasar por alto nuestras faltas (Neh. 9:17; Sal. 86:5). Como agradecemos su misericordia, nos esforzamos por perdonar de corazón. Después de todo, no podemos esperar que él nos ame y nos perdone si nosotros no hacemos lo mismo con los demás (Mat. 6:14, 15). Aunque es cierto que eso no puede cambiar el pasado, sí puede cambiar nuestro futuro... para bien.

18. ¿Cómo ayudó el amor de Dios a Lily a aguantar los defectos de Carolina?

18 Hay que reconocer que no siempre es fácil aguantar los defectos de nuestros hermanos (lea Colosenses 3:13, 14 y Efesios 4:32). Lily lo sabe por experiencia propia, pues pasó años ayudando a Carolina, una hermana viuda de su congregación. [1] Entre otras cosas, la llevaba y la traía en su automóvil y le hacía las compras; era muy buena con ella. Sin embargo, Carolina tenía un carácter muy difícil y protestaba por todo. Aun así, Lily intentaba ver sus cualidades más que sus defectos. Al final, Carolina enfermó y murió. “A pesar de todo —dice Lily—, tengo muchas ganas de volver a verla en el Paraíso. Quiero saber cómo será cuando sea perfecta”. En efecto, llegará el día en que desaparezcan todas las imperfecciones. Mientras tanto, el amor de Dios debe motivarnos a tolerar a nuestros hermanos.

19. ¿Qué hará usted para agradecer el valiosísimo regalo que nos ha dado Jehová?

19 No cabe la menor duda: Jehová nos ha dado una “indescriptible dádiva”, un valiosísimo regalo. Nunca lo olvidemos. Aprovechemos la llegada de la Conmemoración para pensar y meditar en todo lo que Jehová y Jesús han hecho por nosotros. Eso llenará nuestro corazón de agradecimiento y nos impulsará a seguir con mucho cuidado los pasos de Jesús, a tratar con amor y cariño a nuestros hermanos y a perdonar de corazón a quienes nos ofendan.

^ [1] (párrafo 18): Se han cambiado los nombres.