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Testigos de Jehová

LA ATALAYA (EDICIÓN DE ESTUDIO) OCTUBRE DE 2013

PUBLICADO EN

¿Podemos esforzarnos más por avisar al prójimo?

La película muda titulada A Trip Down Market Street (Paseo por la calle Market) presenta cómo era la vida en San Francisco (Estados Unidos) a principios del siglo XX. Para filmarla, se instaló una cámara a manivela en la parte delantera de un tranvía que recorría la bulliciosa calle Market. En ella se ven carruajes, automóviles, repartidores de periódicos y otras personas que iban a comprar o a atender sus asuntos cotidianos.

Un detalle que le añade dramatismo es el hecho de que posiblemente se filmara en abril de 1906, justo antes del gran terremoto e incendio ocurrido el 18 de abril y que se cobró miles de vidas, además de dejar casi desolada aquella parte de la ciudad. Es muy probable que a algunas de las personas que se ven en la película solo les quedaran unos días de vida. “Cuando uno las ve tan ajenas a lo que están a punto de sufrir, no puede evitar compadecerse de ellas”, dice Scott Miles, descendiente de uno de los realizadores.

El terremoto e incendio de 1906 destruyó sin previo aviso gran parte del centro de San Francisco

Nosotros tampoco podemos evitar compadecernos de las personas que nos rodean. Siguen ocupadas con sus actividades cotidianas, totalmente ajenas a la calamidad que se avecina: la destrucción de este sistema de cosas y del estilo de vida actual. Pero a diferencia de un terremoto, que es impredecible, hoy tenemos la oportunidad de advertir a la gente sobre el día de juicio de Jehová. Seguramente todos dedicamos algo de tiempo cada semana para predicar de casa en casa, pero ¿podemos esforzarnos más por avisar al prójimo?

JESÚS SIEMPRE ESTABA LISTO PARA PREDICAR

Cabe destacar que Jesús hablaba con todo el que encontraba, desde un recaudador de impuestos que vio al pasar hasta una mujer que conoció junto a un pozo cuando hizo una pausa al mediodía (Luc. 19:1-5; Juan 4:5-10, 21-24). E incluso cuando se proponía descansar, Jesús cambiaba con gusto sus planes a fin de enseñar a la gente. No se contentaba con hacer lo mínimo, su compasión lo motivaba a esforzarse al máximo (Mar. 6:30-34). ¿Cómo imitan muchos el sentido de urgencia que caracterizó a Jesús?

 APROVECHAN TODA OPORTUNIDAD

Melika vive en un edificio de alta seguridad. Muchos de sus vecinos son estudiantes extranjeros cuyos nombres no aparecen en el directorio del vestíbulo y que usan celulares con un número privado. Ella aprovecha la oportunidad que tiene para iniciar conversaciones espirituales, sea en el vestíbulo o en el ascensor. “Es como si fuera mi territorio”, dice. Dado que lleva consigo publicaciones en varios idiomas, ha podido dejar a sus vecinos muchos tratados y revistas. Además, les muestra nuestro sitio de Internet jw.org. Melika ha empezado de esta manera varios estudios bíblicos.

Sonia, que trabaja en una clínica, también se esfuerza por predicar a todo el que puede. Ella se puso la meta de dar testimonio a todos sus compañeros. Primero dedicó tiempo a conocer las necesidades e intereses de cada uno. Luego fue buscándolos uno por uno a la hora del almuerzo para conversar sobre algo espiritual. Como resultado, pudo empezar dos estudios bíblicos. Ahora quiere aprovechar algunas de sus pausas en el trabajo para hablar con los que están en la sala de espera.

HAGAMOS LO MISMO

Un superviviente del terremoto de 1906 dijo que fue “la peor catástrofe que jamás haya sufrido cualquier estado o ciudad”. Pero pronto todas las catástrofes palidecerán en comparación con el día de venganza que Dios traerá “sobre los que no [lo] conocen” (2 Tes. 1:8). Jehová desea intensamente que la gente cambie y responda al mensaje que llevamos sus Testigos (2 Ped. 3:9, nota; Rev. 14:6, 7).

¿Aprovecharemos toda oportunidad para dar testimonio mientras realizamos nuestras actividades cotidianas?

Tenemos el privilegio de ayudar a la gente a que se dé clara cuenta de los tiempos críticos en que vivimos, abandonen sus intereses egoístas y busquen a Jehová (Sof. 2:2, 3). ¿Podemos aprovechar toda oportunidad para predicar a nuestros compañeros de trabajo, vecinos y demás personas que encontramos al atender nuestros asuntos cotidianos? ¿Nos esforzaremos más por avisar al prójimo?

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